Tinieblas lleva en cartel desde el 30 de abril en la Sala Francisco Nieva del Teatro Valle-Inclán, dentro de la programación del Centro Dramático Nacional. La escribe y dirige la artista visual Edurne Rubio, con las intérpretes Tania Arias Winogradow, Somaya Taoufiki, Eva Shirlee Garcia Schulman y Hafida Tisrou. Escenografía e iluminación de Leticia Skrycky, sonido de Lieven Dousselaere y Sandra Vicente, dramaturgia de María Jerez y Caroline Daish. Setenta y cinco minutos en los que la niebla ocupa todo lo que se vé.
Crítica de 'Tinieblas'
Resumen
Ficha Técnica
Título: Tinieblas
Título original: Tinieblas
Reparto:
Tania Arias
Somaya Taoufiki
Eva Shirlee Garcia Schulman
Hafida Tisrou
Año: 2026
Duración: 75 min.
País: España
Texto y dirección: Edurne Rubio
Iluminación y escenografía: Leticia Skrycky
Sonido: Lieven Dousselaere y Sandra Vicente
Ayudante de dirección y de dramaturgia: María Jerez
Diseño de cartel: Emilio Lorente
Fotografía y tráiler: Bárbara Sánchez Palomero
Producción: Centro Dramático Nacional y Kunstenwerkplaats con Kaaitheater, Kunstencentrum BUDA y C-Takt
Tráiler de 'Tinieblas'
Sinopsis
Vivimos en un continente completamente cartografiado. Los senderos del bosque están señalizados y las rutas detalladas en guías. Conectados a miles de satélites que orbitan el planeta, buscamos nuestro camino sin mirar el mundo que nos rodea.
¿Dónde y cómo podemos perdernos hoy? ¿En el teatro?
Tinieblas es un espectáculo en el que público se pierde, se encuentra y se vuelve a perder. El teatro es el centro de un territorio, un lugar con sus propias coordenadas geográficas y, al mismo tiempo, espectadoras y espectadores, unidos, forman un solo cuerpo que se pone en movimiento, como una bandada de estorninos.
Se trata de una experiencia sensorial que mantiene siempre la tensión entre el interior y el exterior, entre el lento caminar de un ser humano y la posibilidad de teletransportarse con la imaginación a tal velocidad que provoca vértigo.
Perderse como acto de resistencia
Vivimos en un mundo completamente cartografiado. Los satélites nos dicen dónde estamos, las pantallas nos dicen qué sentir, y el ruido constante ha ido matando poco a poco la capacidad de imaginar sin ayuda. Tinieblas llega como antídoto a todo eso. Edurne Rubio propone algo tan sencillo como radical: apagar la luz, llenar el espacio de niebla y dejar que el espectador se pierda de verdad, quizás por primera vez en mucho tiempo.
La propuesta no es solo conceptual, es, ante todo, generosa. Rubio no impone un relato sino que abre un territorio — brumoso, sonoro, fragmentado — y te invita a habitarlo a tu manera. Cada espectador construye su propia experiencia, y eso, en un teatro, es un regalo poco frecuente.
El sonido como paisaje
La gran protagonista de Tinieblas no es ninguna de las intérpretes. Es el sonido. Lieven Dousselaere y Sandra Vicente han construido un espacio sonoro que guía, desorienta y, en los mejores momentos, transporta de golpe a lugares muy concretos y muy personales. Una conversación lejana, el ruido familiar de un pastor con su rebaño, pasos sobre tierra húmeda. De repente estás en el monte, cogiendo setas con tu familia, subiendo por un sendero que no recordabas que recordabas.
Eso es lo extraordinario de la propuesta: no te lleva a ningún lugar inventado por Edurne Rubio, sino a los tuyos. La oscuridad y la niebla desactivan el filtro racional y la imaginación resucita, libre de pantallas y de imágenes prestadas. Cualquier ruido se vuelve motivo para ver algo. Cualquier susurro del público se torna sospechoso, cómplice, parte de la ficción.
La niebla como dramaturgia
La escenografía e iluminación de Leticia Skrycky renuncian a casi todo lo convencional y ganan con ello una libertad enorme. La niebla no es un efecto especial sino el material dramático central de la obra — un cuerpo en transformación constante que toca físicamente al espectador y reduce la visibilidad hasta obligar a ver con los oídos. La oscuridad, lejos de ser una ausencia, se convierte en un territorio fértil donde la imaginación proyecta lo que el ojo no puede ver.
Las intérpretes se mueven en ese paisaje con una naturalidad que refuerza la sensación de estar dentro de algo real pero indefinible, entre la leyenda y el recuerdo, entre lo que pasó y lo que quizás solo existió en la imaginación colectiva.
Crítica de 'Tinieblas'
Tinieblas es una de esas experiencias que salen del teatro con uno. No por su impacto visual — que es mínimo a propósito — sino por lo que activa dentro. Durante setenta y cinco minutos, Edurne Rubio consigue algo difícil: que te olvides del ruido, que la imaginación vuelva a funcionar sola y que esperes a que algo interrumpa, sin saber muy bien el qué. Estar sumergido en ese silencio y esa niebla que todo lo hace invisible, te hace paciente, pues saber que tarde o temprano será interrumpido de forma inteligentísima y quizá te asuste o te haga reír, pero confías lo suficiente para esperar a lo que venga.
Al salir, todavía te quedas un poco dentro. Y uno se pregunta si volver, para poder descansar un ratito más de esta vida tan ruidosa y predecible.
Únete a nuestro CANAL DE TELEGRAM





