La trampa del mal es una mezcla de thriller sobrenatural y terror, que debía haber sido la primera de una serie de películas basadas en historias de M. Night Shyamalan. Se trata de una cinta próxima a la serie B, que pasó inadvertida en su estreno en 2010, pero que tiene  elementos de interés. Netflix la ha incluido recientemente en su catálogo, y es una buena oportunidad para recordarla y glosar algunas de sus virtudes. El director es John Erick Dowdle (Así en la tierra como en el infierno, Golpe de estado) y en el reparto destacan Chris Messina (Ruby Sparks, Argo), Matt Craven (Enemigos Públicos, La ida de David Gale) y Logan Marshall-Green (Prometheus, Upgrade).



La trampa del mal

Crítica de ‘La trampa del mal’

Ficha Técnica

Título: La trampa del mal
Título original: Devil

Reparto:
Chris Messina (Detective Bowden)
Logan Marshall-Green (Mecánico)
Geoffrey Arend (Vendedor)
Bojana Novakovic (Mujer joven)
Jenny O’Hara (Mujer mayor)
Bokeem Woodbine (Guardia)
Jacob Vargas (Ramirez)
Matt Craven (Lustig)
Joshua Peace (Detective Markowitz)

Año: 2010
Duración: 80 min.
País: Estados Unidos
Director: John Erick Dowdle
Guion: Brian Nelson (Historia: M. Night Shyamalan)
Fotografía: Tak Fujimoto
Música: Fernando Velázquez
Género: Terror. Thriller
Distribuidor: Universal Pictures International Spain

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Tráiler de ‘La trampa del mal’

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La trampa del mal [DVD]
  • Chris Messina, Logan Marshall-Green, Geoffrey Arend (Actors)
  • John Erick Dowdle (Director)

Sinopsis

Es un thriller sobrenatural que narra la historia de un grupo de personas atrapadas en un ascensor, con la particularidad de que una de ellas… es el diablo. (Universal Pictures)

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Unidad de espacio, unidad de acción

La trampa del mal es una de esas películas de presupuesto más o menos bajo, que tras la pátina de sencillez oculta algunas virtudes que pueden pasar inadvertidas. En principio, como decíamos en la introducción, M. Night Shyamalan tenía en mente producir una serie de películas de terror escritas por él, pero dejando la dirección a otros realizadores. «The Night Chronicles» iba a llamarse el proyecto. Eran tiempos extraños para el director, con la crítica y el público cada vez más alejados de él. Sobre todo en virtud a los fiascos de El incidente (2008), que no está tan mal, y Airbender, El último guerrero (2010).

Este proyecto de delegación de la dirección en otras manos tampoco tuvo demasiado éxito y no se hizo ninguna de las películas que estaban previstas posteriormente. Sin embargo, La trampa del mal requiere cierta reivindicación. Se trata de una digna serie B, que hace de la economía de gastos una virtud y utiliza los elementos a su alcance de forma hábil e inteligente.

Para empezar, las localizaciones son escasas. El interior de un ascensor, sótanos, algunas oficinas, y algún ligero plano exterior, y poco más. De hecho, el 75 % de la acción se desarrolla en un ascensor que se ha quedado atrapado. Dentro hay cinco personas que, poco a poco, van a empezar a tener problemas.

La trampa del mal
Copyright Universal Pictures

Agatha Christie con un toque sobrenatural

Estas cinco personas atrapadas comienzan a tener roces entre ellos y a acumular frenéticamente una considerable dosis de nerviosismo. Todo está siendo seguido de cerca por los encargados de seguridad a través de unas cámaras. Sin embargo solo podrán ver a los atrapados. No oírles. Entre idas y venidas de la tensión eléctrica se irán apagando las luces, y tras cada apagón una de las personas atrapadas morirá violentamente. Parece por lo tanto que hay un asesino entre ellos que, por algún motivo, quiere acabar con sus compañeros de cautiverio.

Por lo tanto la historia es un clásico whodunnit a lo Agatha Christie, pero reconcentrado en un ascensor. Uno de los vigilante de seguridad, Ramírez (Jacob Vargas), comienza a percibir malas señales alrededor. Algunas pésimas, como un suicidio en el mismo edificio. Finalmente llega a la conclusión, en base a ciertas creencias personales, de que uno de los atrapados en el ascensor es el mismísimo Satanás.

Al barullo acude el detective Bowden (Chriss Messina), que pronto se ve concernido de cerca por el caso. La película tiende un puente entre el clásico tema policíaco de «quién es el asesino» con una cada vez más probable causa sobrenatural. Es decir, La trampa del mal yuxtapone dos tipos de intriga, la detectivesca y la, por así decirlo, diabólica. La unión es curiosa porque aparte de usar el intelecto, para resolver el caso habrá que hacer hincapié también en lo metafísico.

Devil
Copyright Universal Pictures

Extraños compañeros de ascensor

La trampa del mal basa sus poderes en varios aspectos. El primero de ellos, un leve pero eficaz estudio de personajes. Desde un atormentado mecánico que estuvo en Afganistán, a un charlatán vendedor, pasando por el guardia de seguridad. La película dura ochenta minutos y no hay mucho tiempo para descripciones, pero instintivamente algunos nos caen peor que otros. La historia de Shyamalan juega muy bien con la estratagema de «pasarse la bola», con la que se consigue finalmente que creamos que el culpable es uno u otro en función del momento. Pero solo uno puede ser el demonio.

Para aumentar vivamente la sensación de agobio, Dowdle no duda en transferir casi todo el protagonismo de la puesta en escena al reducido espacio de un ascensor. En un lugar, literalmente irrespirable, e insolitamente pequeño va a tener que resolverse un crimen. Si añadimos la sensación de imposibilidad de escape tenemos todos los elementos convenientes para crear una atmósfera sugestiva e inquietante. Cuando la película sale al exterior pierde un poco, pero esa parte tiene su función alentando la trama maléfica y situando una especie de mal fario que añade incomodidad.

Siendo Shyamalan el autor de la historia (guionizada por Brian Nelson) es totalmente coherente que haya una lectura moral en La Trampa del Mal. Muchos de sus guiones responden a un esquema de fábulas siniestras de la cual extraer una conclusión. Una de ellas puede ser la capacidad de camuflaje del mal. Ninguno de los encerrados en el ascensor tiene pinta de ser un asesino, y mucho menos de ser el diablo. Poco a poco, no obstante, iremos conociendo un lado turbio de los personajes. ¿Acaso están siendo castigados?

La Trampa del Mal
Copyright Universal Pictures

La serie B como instrumento

Aunque la fotografía de Tak Fujimoto da a La trampa del mal un aspecto de cierta sofisticación, es más o menos intuitivo darse cuenta de que se trata de una película modesta. Apenas hay efectos especiales, no se llegan a los ochenta minutos de metraje y, como decíamos hay pocas localizaciones. Todo ello se conjunta para dar el resultado final de una película alejada de cualquier pretensión, entretenida e inspirada por la noble labor de la artesanía. En su sencillez está su secreto.

John Erick Dowdle venía de hacer un terror más visceral, como por ejemplo Cuarentena (el remake americano de Rec) pero se adapta perfectamente a los vericuetos psicológicos. Organiza bien los escasos elementos a su alcance y consigue que la historia fluya bien durante el reducido metraje. No sobresale por nada pero cumple diestramente.

Los actores están todos supeditados a la trama, que es la verdadera protagonista, pero muestran cierta habilidad para construir sus papeles. Nuevamente no hay nada fuera de serie, pero podemos citar la buena labor de Bokeen Woodbine en el papel de Ben, el guardia del edificio, y de Logan Marshall-Green como el mecánico veterano de Afganistán.

Devil
Copyright Universal Pictures

Sobre el final

Alguna consideración sobre el final de La trampa del mal.

Spoiler

La película sigue la máxima de que el asesino siempre suele ser quien menos se lo espera. Finalmente es la anciana, que para más inri parecía que estaba muerta.

-La película es una fábula sobre la culpa y el perdón. El diablo/anciana pretende llevarse el alma del mecánico con él, pero éste se arrepiente fervorosamente de haber matado accidentalmente a la familia del detective.

-Lo que unido al perdón del detective Bowden hace que Satanás no pueda llevarse al mecánico al infierno. El hecho de que precisamente él esté envuelto en el caso y sea un «espectador» no es casualidad. O bien el diablo lo ha querido así para torturar más al pobre detective o bien lo ha querido así Dios para conjurar el mal de diablo. Recuerden la conclusión del vigilante: Si el diablo existe, entonces Dios también.

-Cuando abren el ascensor y no está el cuerpo de la anciana, se debe a que era la encarnación del demonio, que al ser descubierto y no haber completado su objetivo se desvanece como por encanto. Téngase en cuenta que es un ser sobrenatural.

-Hablando de Shyamalan, la conclusión no deja de ser típica de él. A su modo,la moraleja de La visita también tenía que ver con el perdón y lo nefasto del rencor. Por otro lado, junto con Señales, quizá sea su historia más religiosa.

[plegar]

Conclusiones de ‘La trampa del mal’

La trampa del mal es una buena muestra del cine de serie B encapsulado en 80 minutos. El guion de Shyamalan apenas dispone unas pocas piezas sobre el tablero, pero la premisa es de sobra interesante. A veces tiende un poco al sermoneo, y no tiene muchas pretensiones. No obstante, de forma sencilla, John Erick Dowdle arma un buen artefacto de género, no exento de reflexiones.

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