El pasado 2 de octubre volvió a los escenarios Hovik Keuchkerian con la obra Un obús en el corazón. Este texto lleva 6 años sobre las tablas, basado en la novela “Un obus dans le cœur”, del famoso escritor libanés Wadji Mouawad. En esta versión, Santiago Sánchez dirige al actor, quién después de su triunfo en “La casa de papel” regresa a uno de sus papeles más personales. Además, Sánchez ha sido el encargado de adaptar y traducir el monólogo de Mouawad. La obra se podrá disfrutar hasta el 27 de noviembre de 2020, los viernes a las 20:00 horas en los Teatros Luchana.



Un obús en el corazón

 

Crítica de ‘Un obús en el corazón’

Ficha Técnica

Título: Un obús en el corazón
Título original: Un obus dans le cœur

Reparto:
Hovik Keuchkerian (Wahab)

Duración: 90 min. apróx.
Dirección: Santiago Sánchez
Versión y traducción: Santiago Sánchez
Diseño de vestuario: Elena Sánchez Canales
Diseño de iluminación:
Rafael Mojas
Escenografía:
Dino Ibáñez
Diseño de sonido:
José Luis Álvarez
Proyección audiovisual: David Bernués
Producción: Ana Beltrán
Producción: L’Om Impresbís

Tráiler de ‘Un obús en el corazón’

Sinopsis de ‘Un obús en el corazón’

Wajdi Mouawad (‘Incendios’) conmueve una vez más, plantea preguntas y golpea conciencias en Un obús en el corazón, versión dirigida por Santiago Sánchez y protagonizada por Hovik Keuchkerian. Una llamada en medio de la noche. Alguien, al otro lado del teléfono, dice “Ven”. Wahab sale. Una ciudad extraña. El frío le hiela las pestañas. Recuerda el calor de su tierra. ¿Quién le llama? ¿Qué va a ocurrir? Aunque quizás, para Wahab, todo comenzó cuando tuvo que abandonar su país, el día que olvidó el rostro de su madre, el día que un obús perforó su corazón. (TEATROS LUCHANA).



Un obús en el corazón
Foto de Teatros Luchana

Antes y después

Santiago Sánchez explora una de las realidades más duras, como es la propia destrucción humana, a través de las palabras de Wadji Mouawad. De esta manera, Un obús en el corazón indaga por los vestigios de una vida marcada por la pérdida, el desasosiego y unos cambios tremendamente dolorosos. A su vez, escoge un contexto socio-histórico que goza de un trasfondo muy actual, ambientada la acción en un país en guerra. De forma análoga, se va expandiendo a otro tipo de batallas, más personales y que miran de frente a lo que acontece. Así, se muestra como incluso en situaciones de violencia extrema, hay desgracias que se precipitan de la misma forma, sumándose a lo ya vivido. Por este motivo, se observa esas ganas de dejar salir todo esa emoción interna, que se palpa en la intensidad de sus palabras y la descripción que propone.

Según avanza en el desarrollo de esta historia tan íntima y personal, se descubre que es una experiencia vital que necesita ser escuchada. Sin embargo, el conflicto que se forma es la densidad con la que afronta la sutileza del lenguaje. En consecuencia, la profundidad y la evolución llevan una nitidez de intenciones, pero no se hace accesible. Con lo cual, se relatan unas vivencias en las que hay un influjo muy humano, pero no se adapta al lenguaje teatral y quedan vestigios de su origen literario. Esto, irremediablemente, provoca que pueda haber espectadores que no conecten tanto como pudieran con la historia que se les está contando. Y es, realmente, una verdadera pena, porque hay un potencial que podría brillar todavía más. Aun así, hay que aplaudir las metáforas y el aprendizaje vital que envuelve la trama principal, con una ternura inocente, que se sublima en una madurez descarnada.

Hovik Keuchkerian
Foto de Teatros Luchana

Solo ante el peligro

Este diálogo entre el pasado y el presente que se produce en Un obús en el corazón cobran vida en las manos de Hovik Keuchkerian. Desde el primer momento se puede ver la gran concentración del actor, que desnuda su alma en el escenario. De esta manera, va desgranando todo el pesar que hay en su interior, con una verdad fulgurante y una profesionalidad espléndida. Gracias a ello, deja impactado a los asistentes, dado que dentro de todo ese carácter, hay cabida para una sensibilidad absoluta. Además, sabe cómo cuidar el detalle del movimiento, de lo aparentemente invisible. También tiene una escucha con el espacio, lo que hace que saque provecho de la interacción, que él mismo resuelve para dotar de alma a la dramaturgia que debe enfrentar. Por esa razón, a nivel interpretativo, es un auténtico espectáculo.

Por otra parte, su interpretación no se limita al monólogo que comparte de lo que hay dentro de él, sino que, igualmente, da pinceladas de distintos registros. Se luce en momentos en los que debe transmitir la inocencia, el horror, el trauma de juventud. Y, sin duda, lo resuelve con maestría y da una expresión totalmente verosímil y certera. Además, esa inocencia y calidez son lo que dan una muestra de lo que hubiera necesitado el texto para completar su cometido, los puntos de equilibrio. Es decir, el respiro después de un momento que implica una concentración máxima, que no puede mantener durante toda la pieza teatral. En consecuencia, pese a su excelente trabajo actoral, hay momentos que no sobresale tanto por esa condensación dramática, que pide más momentos de dinamismo y movimiento.

Teatros Luchana
Foto de MadridEsTeatro

La densidad del impacto

Tras entrar dentro de la Sala 2 de los Teatros Luchana se deja caer un aire cálido con una anaranjada luz sobre el escenario. Así se empieza a calentar Un obús en el corazón. Una vez los espectadores están sentados, se difumina al negro. A continuación, los focos empiezan a iluminarse para dar paso poéticamente a la entrada de Hovik Keuchkerian. Con lo cual, la iluminación es uno de los recursos mejor utilizados, marcando perfectamente la temporalidad del relato, unido al estado de potencia que se va mostrando sobre el escenario. Este planteamiento permite dirigir la mirada del espectador, lo que logra que sepa hacia dónde debe enfocar y cuál es el punto que está sobre la mesa. Además, subraya y sombrea la interpretación del actor, que luce más en este sentido creativo.

Por otra parte, la banda sonora juega un efecto sentimental delicado y con elegancia, que deja ver esa pasión en la forma de ejecutar la puesta en escena. Se puede ver perfectamente la importancia de esta obra y se transfiere a esos detalles del propio montaje. Por otro lado, hay una catarsis escénica sobre todo en aquellas partes en las que se hace mención a los traumas. También se produce un buen uso de los elementos en escena, aunque no da un dinamismo más allá de apoyar el discurso. Sin embargo, este gran esfuerzo artístico se ve opacado por un ritmo demasiado pausado, en el que no hay grandes picos de tensión. No deja respirar y asimilar el contenido al espectador. Por lo que, se encuentra con una saturación de información algo exacerbada.

Un obús en el corazón
Foto de Teatros Luchana

Conclusión

Un obús en el corazón habla directa desde el interior, desde el desgarro del dolor y la pérdida. Así, construye una dramaturgia donde se extrae una experiencia vital imprescindible. A pesar de ello, hay una redundancia en el texto, que termina por caer en una densidad que no hace accesible la pieza teatral al público. De esta forma, no deja tiempo de asimilación y provoca desconexión en algunas partes. Aun así, Hovik Keuchkerian esta espléndido, demostrando una sensibilidad escénica exquisita. Asimismo, se desnuda artísticamente ante el público y sobrecoge por su pasión certera. Luego, la puesta en escena goza de una creatividad muy elegante y sugestiva, pero no brilla como pudiera por un ritmo demasiado pausado. Las heridas del alma necesitan su tiempo, pero no pueden quedarse estancadas, sino zarpar hacia una luz más llevadera.

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