El vagón de la muerte (The Midnight Meat Train) es un film de terror estadounidense dirigido por el japonés Ryûhei Kitamura (Azumi, Blanco Perfecto). El guion corre a cargo de Jeff Buhler (La maldición (The Grudge), Cementerio de animales), inspirándose en un relato corto de Clive Barker incluido en el Volumen Uno de la colección Books of Blood. Cuenta la historia de un fotógrafo neoyorkino que se obsesiona con un carnicero al que cree responsable de la desaparición de varias personas.

Está protagonizada por Bradley Cooper (Ha nacido una estrella, El francotirador), Vinnie Jones (Kill Kane, La isla de los condenados), Brooke Shields (Viudas, De repente, Susan), Leslie Bibb (The Babysitter, Despertando a Zodiac), Roger Bart, Tony Curran, Barbara Eve Harris, Peter Jacobson, Ted Raimi y Nori Satô. La película tuvo un estreno muy limitado en salas de cine y pasó directamente a DVD, a partir del 1 de Julio de 2020 forma parte del catálogo de Netflix.



Crítica de ‘el vagón de la muerte’

Ficha Técnica

Título: El vagón de la muerte
Título original: The Midnight Meat Traing

Reparto
Bradley Cooper (Leon
Leslie Bibb (Maya)
Brooke Shields (Susan Hoff)
Vinnie Jones (Mahogany)
Roger Bart (Jurgis)
Tony Curran (El conductor)

Barbara Eve Harris (Detective Lynn Hadley)
Peter Jacobson (Otto)
Ted Raimi (Randle Cooper)

Año: 2008
País: Estados Unidos
Duración: 100 minutos
Director: Ryuhei Kitamura
Guion: Jeff Butler (Historia: Clive Barker)
Fotografía: Jonathan Sela
Música: Johannes Kobilke, Robb Williamson
Género:  Terror
Distribuidora: Universal Pictures International Spain

Filmaffinity

IMBD

Trailer de “El vagón de la muerte” en VO

Sinopsis 

La dueña de una exitosa galería de arte le propone al fotógrafo Leon Kauffman llevar a cabo un trabajo sobre la parte más oscura del ser humano. Sabiendo que ésta es su oportunidad para el éxito, Kauffman comienza una búsqueda obsesiva sobre el tema más oscuro que pueda existir, empezando a seguir los pasos de un asesino en serie llamado Mahogany, quien en el tren subterráneo descuartiza a sus víctimas que viajan en los servicios nocturnos. Aquí comienza un juego de obsesión que lleva al fotógrafo a meterse cada vez más profundo en los túneles de la ciudad hasta el punto de poner en riesgo su vida y la de su novia Maya, embarcándose en un viaje a las profundidades del horror. (Filmaffinity)



El vagón de la muerte
Copyright Metropolitan FilmExport

Bradley Cooper bañado en sangre

La película El vagón de la muerte (The Midnight Meat Train) es una salvaje y truculenta incursión en el cine de terror más sangriento, el gore. Así pues, lo primero que hay que comentar es que si no tienes un estómago fuerte, lo mejor será que te alejes de ella. Es probable que sea una de las cosas más bestias que puedas ver en televisión en una época donde todo se censura y todo ofende. De hecho, su violencia explícita ya le causó problemas en el momento del estreno en los puritanos Estados Unidos, obligando al director a realizar más de 60 cortes para reducir 6 minutos de metraje que sí pueden encontrarse en la versión The Unrated Director’s Cut editada en formato doméstico.

Litros de sangre y desmembramientos varios, son el menú principal de esta extraña y sugestiva combinación entre cine comercial y el terror para gourmets más radical. Lo curioso es que está protagonizada por una estrella del Hollywood más blanco (antes de su eclosión definitiva) como es Bradley Cooper. Seguro que a su representante actual le encantaría hacer desaparecer de su filmografía esta perturbada película que tan poco encaja con la imagen de guaperas que tiene el actor y que podría traumatizar a algunos de sus fans.

El vagón de la muerte
©Youtube

El universo oscuro de Clive Barker

Si no te da miedo la sangre, la segunda cosa que debes tener en cuenta al acercarte a El vagón de la muerte (The Midnight Meat Train) es que se trata de la adaptación de un relato corto de Clive Barker. Este escritor y artista visual inglés, es autor de un universo de horror propio que lleva intrínseca una mitología que refleja un mundo oscuro, subterráneo u oculto que convive con el nuestro. Esto es clave.

Recordarás varias adaptaciones al cine de su obra como Hellraiser (1987), Candyman (1992) o Razas de noche (1990), las tres dirigidas por el propio Barker. Es importante entender el estilo de la obra del escritor para asumir el giro final que propone El vagón de la muerte (The Midnight Meat Train) y que a tanta gente parece descolocar. La película es absolutamente fiel al relato en el cual se inspira, en ese sentido, me parece una gran adaptación.

Spoiler (final de la película)

Me refiero a la aparición en el desenlace de esas criaturas que recuerdan a los Morlocks diseñados por H.G. Wells en La Máquina del Tiempo y que aquí aparecen descritos como “los padres de la ciudad”, al estilo de los Ingenieros de Prometheus.

[plegar]

The Midnight Meat Train
©Screamhorrormag

La potencia visual de Kitamura

La tercera cosa a tener en cuenta es que la historia no se puede entender como algo realista y, por tanto, la verosimilitud de las cosas que suceden en pantalla es nula. Normalmente sería un problema, pero es evidente que El vagón de la muerte (The Midnight Meat Train), lo asume desde el principio. El director japonés, Ryûhei Kitamura, acepta el reto y juega con potenciar esa irrealidad a través de una puesta en escena absolutamente barroca, que encuentra en la exageración hemoglobínica una forma de expresividad propia.

Kitamura se muestra muy inspirado al recrear una ambientación malsana y claustrofóbica, tanto en el interior del tren como cuando retrata las calles de la ciudad. Para conseguir ese efecto siniestro, destaca el trabajo fotográfico de Jonathan Sela (Atómica, La jungla: Un buen día para morir), subrayado por la dinámica banda sonora compuesta por Johannes Kobilke y Robbie C. Williamson. Todo sirve para conformar unas imágenes truculentas que supuran una terrible sensación de desasosiego. La película está aderezada con elementos de humor negro y encuadres que se perfilan como si se tratasen de las viñetas de un manga japonés.

Entre la excelente planificación de Kitamura destaca la secuencia en que coloca una cámara cenital que se mueve por encima del techo de la habitación del hotel donde se hospeda el carnicero. Es un recurso para generar un suspense hitchcockiano que nos muestra las distintas habitaciones donde sucede la acción y el peligro que corren los inconscientes que han entrado a la habitación. Más sorprendentes aún son esos alucinantes planos subjetivos donde posiciona al espectador dentro de la cabeza decapitada de una de las víctimas o en la mirada de otra víctima siendo degollada que se refleja en un charco de su propia sangre. Después de eso, ¿aún esperas una historia realista?

The Midnight Meat Train
© IMDB

Conclusión de ‘El vagón de la muerte (The Midnight Meat Train)’

El vagón de la muerte (The Midnight Meat Train) es la fiel adaptación del relato corto de igual título (el original, no el español) escrito por Clive Barker que está incluido en el Volumen Uno de la famosa colección Books of Blood. La estilizada y creativa realización de Ryûhei Kitamura, propone un híbrido mórbido y atmosférico entre el slasher más gore y el manga japonés.

Lo que comienza como un psycho thriller de manual va derivando hacia lo irreal y fantástico a medida que el protagonista escarba en la vertiente nocturna de la ciudad y en el lado más perverso de la psique humana. Ese submundo simbolizado por las estaciones de metro, se nos descubre como algo primitivo y violento que nos conecta con nuestros ancestros. Nada de lo que sucede en pantalla es creíble, tampoco lo pretende. Es importante entender esto.

Estamos ante una muestra de cine splatter donde el acto de matar está teatralizado y la sangre salpica todo el escenario como en un cuadro abstracto. Si te subes al tren de la bruja o entras en el túnel del terror con la idea preconcebida de que los monstruos no son reales, es imposible disfrutar de la experiencia. Si te subes a El vagón de la muerte (The Midnight Meat Train) tienes que hacerlo con ese mismo espíritu. La película sólo es apta para espectadores desprejuiciados que no se asusten fácilmente y que tengan un estómago hambriento de emociones fuertes.

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