Hacer la segunda parte de un éxito arrollador es una de las tareas más ingratas del teatro comercial. La tentación de fotocopiar la fórmula ganadora, cambiando dos chistes de sitio y poniendo el cazo en taquilla ha arruinado más secuelas que la falta de presupuesto. Pero Olivia Lara Lagunas ha sido lo bastante lista como para no limitarse a estirar el chicle de No me toques el cuento. Si en aquella primera entrega la dinamita la ponían las princesas al bajarse del pedestal y denunciar la estafa del amor romántico, en Ya me has tocado el cuento el foco cambia de acera para mirar a los grandes damnificados del terremoto: los príncipes azules.
La premisa es tan cruel como hilarante. Las princesas se han largado. Blancanieves, Cenicienta, Bella y Aurora han hecho las maletas, han pedido el divorcio y han dejado a sus consortes descompuestos, sin doncella y, lo que es infinitamente peor, desprovistos del único rol para el que fueron educados. Ya no son el héroe indiscutible de la función. Se puede ver desde el 18 de septiembre hasta el 26 de diciembre en el Gran Teatro Pavón.
Crítica de 'Ya me has tocado el cuento'
Ficha Técnica
Título: Ya me has tocado el cuento
Título original: Ya me has tocado el cuento
Reparto:
Víctor de la Fuente
Álvaro Quintana
Alejandro Chaparro
Kevin de la Rosa
Año: 2026
Duración:
País: España
Director: Olivia Lara Lagunas
Autoría: Olivia Lara Lagunas
Iluminación: Juan Barahona
Composición musical: David Rey Sánchez, Olivia Lara Lagunas
Letras: David Rey Sánchez, Olivia Lara Lagunas
Producción: Teatroz
Tráiler de 'Ya me has tocado el cuento'
Sinopsis
Aurora, Bella, Cenicienta y Blancanieves han volado al Mundo Real. Ante este inesperado abandono los príncipes buscan ayuda para recuperarlas pero, ¿a quién piden ayuda los príncipes cuando la necesitan?
En Ya me has tocado el cuento, Florián, Felipe, Bestia y Enrique emprenderán un viaje introspectivo en busca de sus mujeres. No sabemos si las encontrarán, pero por el camino hallarán algo inesperado que no conocían: una masculinidad más sana. ¿La abrazarán?
Héroes en paro
El príncipe de cuento clásico es una figura trágica por omisión. En las películas originales (de los cuentos mejor ni hablamos) apenas tenían nombre, frase o profundidad psicológica alguna. Estaban allí exclusivamente para montar a caballo con porte regio y para besar a la protagonista en el último minuto para salvarla de un letargo eterno o de un hechizo. Eran mandíbulas cuadradas sin conflicto interno. ¿Qué ocurre cuando a un tipo al que le enseñaron que su único valor residía en rescatar a una mujer descubre que esa mujer no necesita ser rescatada de nada, y mucho menos por él? Ocurre el colapso absoluto de la masculinidad hegemónica de palacio.
Lara reúne sobre las tablas a Florian (el príncipe de Blancanieves), Felipe (el de la Bella Durmiente), Enrique / Bestia (el de Bella) y al inefable Príncipe Encantador (el de Cenicienta) en lo que parece un grupo de apoyo para náufragos del patriarcado. Ninguno sabe gestionar el rechazo. Ninguno sabe poner una lavadora sin desteñir sus capas de armiño. Y ninguno parece saber qué ha hecho mal.
Terapia de grupo en palacio
El guion esquiva con habilidad el sermón moralizante gracias a una sobredosis de autoparodia. No hay un juicio ni una caricatura despiadada que invite al linchamiento; lo que hay es ternura disfrazada de mala leche. Los cuatro personajes son una mezcla perfecta de lástima y vergüenza ajena, a los que se les acaba cogiendo cariño.
Florian arrastra el trauma del necrófilo involuntario que besó a una desconocida en una urna de cristal; Encantador sigue obsesionado con su reflejo mientras intenta disimular que su coeficiente intelectual no supera al del zapato que paseaba por el reino; la Bestia sufre una recaída en sus instintos salvajes porque la vida civilizada le desborda; y Felipe, el eterno valiente que mató al dragón, se encuentra completamente desarmado ante la indiferencia de su esposa.
Coreografiar el desastre
El ritmo de la función es un tiro. El cuarteto protagonista demuestra una vis cómica envidiable, con un sentido del gag físico y del vodevil que funciona como un reloj suizo. La escenografía, fiel al espíritu de la saga, renuncia al artificio para confiar el peso del espectáculo a la palabra, al juego de miradas y a los cuerpos de cuatro actores que se dejan la piel desmitificando la testosterona de manual. Los números musicales son, de nuevo, el alma de la fiesta. Letras afiladas que adaptan melodías populares con ironía, coreografías desastrosas deliberadamente torpes y una conexión con la platea que no da un segundo de tregua al bostezo. La ruptura de la cuarta pared no es un capricho formal, sino una necesidad dramática.
El peaje de la secuela
Si hubiera que ponerle un pero a la propuesta, sería el inevitable peaje que pagan casi todas las secuelas. Desaparece el factor sorpresa. El espectador que entra al patio de butacas ya sabe a qué juego viene a jugar y conoce sus reglas a la perfección. La dramaturgia acusa en ciertos tramos una estructura algo episódica, donde el ritmo de sketch se sobrepone a la progresión dramática del conflicto global. Son momentos en los que el chiste puntual interrumpe el desarrollo emocional de los personajes en favor de la carcajada inmediata. Pero son desajustes menores en una maquinaria cómica que sabe exactamente a qué público se dirige y cómo arrancarle una carcajada cada treinta segundos sin recurrir a la chabacanería fácil.
Madurar sin corona
Al final, lo más valioso de Ya me has tocado el cuento es que no se conforma con hacer leña del árbol caído. Debajo del delirio, las mallas ajustadas y las canciones desmadradas, late una verdad incómoda. Es difícil de narices reconstruirse cuando, por si fuera poco, descubres que el traje que llevas puesto no lo elegiste tú. Despojar al héroe de su espada y obligarle a mirarse al espejo sin armadura no es un castigo. Es, paradójicamente, la única forma de otorgarle una humanidad que los cuentos infantiles siempre le negaron. Ver cómo un teatro entero se parte de risa mientras cuatro muchachos aprenden, a trompazos, a vivir sin ser el centro del universo, es una de las experiencias más sanas y reconfortantes que se pueden disfrutar hoy sobre un escenario.
Únete a nuestro CANAL DE TELEGRAM





