El Teatro Pavón de Madrid estrena Yo solo quiero irme a Francia del 29 de abril al 24 de mayo de 2026. Elisabeth Larena presenta su ópera prima como directora y dramaturga, bajo la producción de la compañía Contraproducións. Esta comedia amarga examina la identidad, el abandono y la herencia emocional que atraviesa generaciones. Además, cuenta con un elenco de lujo encabezado por María Galiana, junto a Nieve de Medina, Anna Mayo y María Roja. Una propuesta que explora cómo los secretos familiares y las heridas del pasado condicionan el presente de quienes intentan reconstruir sus vínculos. Un montaje que combina humor y drama para interpelar sobre la memoria, la pertenencia y la libertad de elegir nuestro propio camino.
Título: Yo solo quiero irme a Francia Título original: Yo solo quiero irme a Francia
Reparto: María Galiana (Pilar) María Roja (Inés) Nieve de Medina (Marisol) Anna Mayo (Leo)
Duración: 80 min. apróx. Dirección: Elisabeth Larena Dramaturgia: Elisabeth Larena Escenografía: Fernando Bernués Iluminación: Nacho Martín, Avelino Cores "Fáber", Alfonso Castro Vestuario: Ana Turrillas Espacio sonoro: Alfonso Antolín Cartel: Gende Estudio Ayudante de dirección y producción: Javier Patiño Producción: Belén Pichel Distribución: Sergi Calleja Producción: Contraproducións
Tráiler de 'Yo solo quiero irme a Francia'
Sinopsis de 'Yo solo quiero irme a Francia'
Yo solo quiero irme a Francia nos presenta a Inés, que asiste al velatorio de Pilar, una mujer que decide dejarle su casa en herencia sin haberla conocido nunca y sin avisar a Leo, su nieta.
Juntas descubrirán un pasado desconocido, abriendo viejas heridas familiares que se remontan a la niñez de Pilar durante los últimos meses de la Guerra Civil y a su juventud en la Sección Femenina.
¿Cuánto pesan las herencias emocionales, esas que nadie reclama, pero marcan a generaciones enteras?
El proceso de documentación para dar vida a Pilar, nuestra protagonista, se entrelazó con mis propias memorias: aquellas que no viví directamente, pero que sí vivió mi abuela y que, de algún modo, me habitan.
Ese «Yo, oír, ver y callar» tantas veces repetido a mi madre, a mis hermanas y a mí, aunque sienta que no me pertenece, sigue vivo a través de mí, como un eco que atraviesa el tiempo y la sangre. (TEATRO PAVÓN).
Foto de Geraldine Leloutre
Los secretos a flote
La actriz Elisabeth Larena se estrena por todo lo alto en las artes escénicas, como directora y dramaturga, con Yo solo quiero irme a Francia. El libreto narra la muerte de Pilar, matriarca de una estirpe de mujeres, que logra unir a su nieta y a una joven a la cual no ha visto nunca en su vida. A lo largo de la pieza se van revelando los distintos secretos y el contexto que cubren a estas mujeres. La idea goza de un potencial muy rico, con diversos giros de guion que podrían haberla encumbrado a ser una obra con un material lleno de aristas. Se valora que haya una intención detrás interesante.
Sin embargo, el problema llega con la ejecución de la historia. A pesar de entenderse lo que quiere transmitir y el mensaje global del montaje, acaba haciendo aguas por distintos elementos narrativos. Termina cayendo en una sensación de oportunismo que no beneficia a la pieza. Además, hay varios detalles de los personajes que se revelan pero no inciden luego en la construcción del conflicto de cada uno de ellos. En consecuencia, cae en la falta de definición y de saber hilvanar las distintas intenciones. En conjunto, es una obra que, si se puliera lo suficiente, podría crecer, dado que combina temáticas de fuerza como la Guerra Civil española o la culpabilidad a lo largo de los años.
Foto de Geraldine Leloutre
Una muerte anunciada
Tener a María Galiana sobre el escenario hace que cualquier montaje, como mínimo, cause interés entre los espectadores. El mayor reclamo es la interpretación de Galiana en Yo solo quiero irme a Francia. La actriz veterana cumple su cometido, provocando una muy buena conexión con el público, al ver las ganas y la energía que tiene a sus 90 años. De quitarse el sombrero. Nieve de Molina realiza un trabajo notable; se ve cómoda y lo transmite al patio de butacas. María Roja y Anna Moya se mueven en un estilo en el que se echa en falta más naturalidad, menos encorsetamiento. Se notan los nervios y la búsqueda de una complicidad que no se puede formar sin una sintonía más sólida.
La propuesta escénica forma una construcción consistente, mediante un diseño estéticamente correcto y un despliegue artístico clásico. La escenografía no ofrece fuegos artificiales, pero consigue captar al público y quede en su memoria. El sonido, durante la función del 30 de abril, tuvo varios problemas que dificultaron el correcto funcionamiento de la obra. En consecuencia, no era óptimo para escuchar como se debía. El ritmo es algo irregular, derivado de las carencias que se podrían subsanar en su guion. Se echa en falta más dinamismo y socarronería, aunque se usan distintos recursos que provocan carcajadas en el público. Por ello, debería plantearse desde otro enfoque e igualar el desempeño actoral en las cuatro protagonistas.
Foto de Geraldine Leloutre
Conclusión
Yo solo quiero irme a Francia es un drama histórico y emocional, que reivindica la complejidad de la realidad de estas mujeres y el impacto de la dictadura. El libreto parte de una idea potente, pero la ejecución es mejorable, para dar la sinergia y la verosimilitud que son necesarias. Las actrices realizan su trabajo lo mejor posible, pero, sin duda, hay un desnivel actoral que debería resolverse. La puesta en escena es plausible, donde el ritmo se vuelve algo irregular. Una carta pendiente, que acaba en una amalgama de situaciones familiares que no llegan a buen puerto.
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