Levan Akin se ha convertido en uno de los directores suecos con mayor potencial en los últimos años. El realizador estrena Solo nos queda bailar (And Then We Danced), segundo film tras «El Círculo». Este largometraje ha sido una coproducción entre Suecia y Georgia. Ha estado presente en varios festivales de gran relevancia en la industria como el Festival de Cine de Cannes, nominado a la Palma Queer.

Se llevó el premio del público en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, además de alzarse con el premio Ocaña. También fue ganador de la Espiga Arcoiris en la Seminci y su actor protagonista Levan Gelbakhiani se convirtió en el mejor actor del Festival. Fue elegida para representar a Suecia en su candidatura para los premios Óscar. Ha sido una de las propuestas del Festival LesGaiCineMad 2019 con más éxito de asistencia. Llegará a los cines españoles el próximo 7 de febrero.



Solo nos queda bailar

Crítica de ‘Solo nos queda bailar (And Then We Danced)’

Ficha Técnica

Título: And Then We Danced
Título original: Da cven vicekvet

Reparto:
Levan Gelbakhiani (Merab)
Bachi Valishvili (Irakli)
Ana Javakishvili (Mary)
Giorgi Tsereteli (David)
Tamar Bukhnikashvili (Teona)

Año: 2019
Duración: 106 min
País: Suecia
Director: Levan Akin
Guion: Levan Akin
Fotografía: Lisabi Fridell
Música: Zviad Mgebry & Ben Wheeler
Género: Drama
Distribuidora: Avalon Films

Filmaffinity

IMDb

Tráiler de ‘Solo nos queda bailar (And Then We Danced)’

Sinopsis de ‘Solo nos queda bailar (And Then We Danced)’

Solo nos queda bailar (And Then We Danced) se centra en Merab, que lleva bailando desde pequeño en el Ballet Nacional de Georgia con su pareja de baile Mary. Su mundo se vuelve patas arriba cuando aparece el carismático y despreocupado Irakli, que se convierte en su mayor rival y en su mayor deseo. En este entorno tan conservador, Merab se ve en la necesidad de liberarse y arriesgarlo todo (FESTIVAL LESGAICINEMAD 2019).

Premios

  • Premios del Cine Europeo: Nominada a mejor actor (Gelbakhiani). 2019
  • Festival de Valladolid – Seminci: Mejor actor (Gelbakhiani). 2019
  • Festival de Sevilla: Premio del Público. 2019
  • Festival de Sarajevo: Competición. 2019


And Then We Danced
Foto de Avalon

El florecer del cambio

La historia que se esconde detrás de Solo nos queda bailar (And Then We Danced) es mucho más profunda de lo que a primera vista puede parecer. Se mete hasta lo más recóndito del sentir de su protagonista, Merab, y a través de él dibuja un retrato de la Georgia contemporánea. Lejos de querer un universo plagado de represión y sufrimiento, lo que crea son pinceladas que van en aumento según transcurre este relato de descubrimiento y transformación emocional. Nunca se aleja del foco que se presenta durante las primeras secuencias, esa intención de la perfección en el baile. La obsesión de su protagonista será una de las líneas que aporta coherencia a su historia. Es increíble como Levan Akin ha sabido gestionar y equilibrar cada frente abierto que se presenta en la acción. No deja sin continuidad ninguna de las problemáticas mostradas.

Luego, hay que destacar la elegancia con la que va introduciendo la curiosidad y el miedo a ser diferente. Dentro de este puzzle de una sociedad conservadora, hace que el espectador sea capaz de empatizar con esa inocencia y candidez de los sentimientos. Realiza un viaje emocional que no deja indiferente. Además, termina por hacer una reflexión introspectiva de la propia familia, de la comprensión y lo contrario, la discriminación. Por lo cual, esa búsqueda incesante de identidad. Hace una construcción de las relaciones personales muy enriquecida, con sus claroscuros y sus imperfecciones. Por último, destacar la crítica social que hace con la necesidad de avance en las libertades sexuales. La manera de exponerlo es tan perspicaz que el público conectará fácilmente, aunque no se haga de una forma obvia. Una historia con una sinceridad intrínseca que permanece en la mente de la audiencia una vez terminada.

Foto de Avalon

Sutileza, delicadez y vigorosidad

Levan Gelbakhiani es el alma indiscutible de Solo nos queda bailar (And Then We Danced). El actor debuta con este film y lo hace por la puerta grande. Realiza un ejercicio visceral y lleno de sensibilidad. Por suerte, no cae en el dramatismo excesivo y muestra las taras de su personaje al público de una forma muy expresiva. Se mimetiza con la personalidad de Merab desde el comienzo y soporta la carga emocional de una manera brillante. Recuerda mucho al realismo y a la pasión que realizase en su día Adèle Exarchopoulos en la famosa “La vida de Adèle” o Timothée Chalamet en “Call Me By Your Name”. El actor sabe manejar con maestría la expresión no verbal y la coreografía en escena. Realiza una labor actoral impoluta, con una verdad y un desasosiego que culmina durante su secuencia final. Es arte en estado puro.

Bachi Valishvili también realiza un trabajo interpretativo que se aprecia desde sus primeras escenas. El actor domina la energía que se palpa en escena y fabrica una estabilidad que acerca todavía más al espectador. Tiene ese aire de seductor que embauca a la audiencia, una naturalidad ingeniosa. Sabe contenerse en las escenas de mayor exaltación y dibuja junto a Gelbakhiani un combo que se combina a la perfección. Valishvili como Irakli es una gran carta de presentación en el mundo del cine. Por otro lado, destacar la gran interpretación de Ana Javakishvili como Mary. La actriz queda en un segundo plano, pero se convierte en fundamental. Sorprende esa potencia tan fuerte y frágil a la vez, esa contrariedad del sentimiento. Pese a no ser un personaje principal, el espectador se quedara con su interpretación por ese empuje sensitivo que da al film. Un equipo actoral sobresaliente.

Foto de Avalon

La composición del lienzo

Lo que diferencia a Solo nos queda bailar (And Then We Danced) de otros filmes es la calidad de su realización técnica. Hay un cuidado por cada uno de los elementos en escena, que no queda nada a la improvisación. Para empezar, las secuencias de bailes regionales se enseñan con mucha pasión, arte y respeto. Al igual que se hiciese con “Cisne negro” y el ballet, recrean ese universo asfixiante y exigente como vehículo expresivo. Por otro lado, ese contraste con escenas de baile en otro contexto y otro estilo musical, aporta riqueza a la composición narrativa. Las coreografías son impresionantes y para la parte del público que no conozca la cultura georgiana, servirá como aliciente para meterse dentro de este universo. Plantean el debate sobre qué es la masculinidad y lo hacen a través del propio baile, por lo que no es una simple circunstancia del personaje.

Después, hay que aplaudir la dirección fotográfica que crea realmente planos que son de un nivel elevado. Tienen un significado artístico muy atractivo, con carácter y muy atrayente hacia el público. El manejo de la iluminación, esa manera de mezclar la gama de colores… Hacen sentir al espectador de una forma tan sutil. Se puede ver el gran esfuerzo creativo que hay detrás. Lo mismo ocurre con la dirección artística, es alucinante como han sabido dar importancia a cada uno de los escenarios en los que se desarrolla la acción. Tanto interiores como exteriores son alucinantes. Lo mismo ocurre con el vestuario de los personajes, lo que podría ser únicamente una manera de posicionar a los personajes socioculturalmente, también se emplea para hablar de la identidad de lo que se está viendo en pantalla. Inteligencia artística muy elevada.

Solo nos queda bailar (And Then We Danced)
Foto de Avalon

Conclusión

Solo nos queda bailar (And Then We Danced) es una película muy profunda que se aleja de romanticismos y hace una metamorfosis completa de sus personajes. Plantea diversos frentes emocionales que consiguen atrapar al espectador desde el principio. La calidad del guion es muy alta. Levan Gelbakhiani realiza su debut cinematográfico por todo lo alto y da una interpretación brillante. Es el alma de la película. A nivel técnico, hay una composición muy bella, con un cuidado y un detalle tan sensible, que enamora al público. Destacar las escenas de baile como vehículo sensitivo y expresivo. Es una danza que comienza con sutilidad y va en “crescendo” hasta que se convierte en una explosión de emociones y sentimientos, que quedará marcada en cada una de las personas que ha disfrutado de esta obra tan personal.

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