Hay temas que requieren de una mirada próxima. quizás hasta sumergirse en el interior de determinados espacios que resultan incómodos. Y que no son ajenos a la realidad; sino que están plenamente integrados dentro de ella. Ángel Villaverde no tiene ningún problema en atravesar las puertas de estos espacios, y en enfocar la cámara hacia la vehemencia enclaustrada que albergan muchas de las paredes de estos hogares, como demuestra en Bedspread (2019).



Bedspread 

Crítica de ‘Bedspread’

Ficha Técnica 

Título: Bedspread
Título original: Bedspread

Reparto:
Enrique Villén (Antonio)
Francesc Colomer (Israel)
Nazaret Aracil (Kira)
Jaime Lorente (Fran)

Año: 2019
Duración: 20 min
País: España
Dirección: Ángel Villaverde
Guion: Ángel Villaverde
Fotografía: Miguel Roldán
Género: Drama
Productora: Mailuki Films

IMDb

Tráiler de ‘Bedspread’

Sinopsis de ‘Bedspread’

Bedspread narra cómo Israel, un joven que creció en circunstancias difíciles, está tratando de reconstruir el recuerdo de su madre fallecida con los mismos muebles que su padre rompe cuando se desboca. La única fuente de afecto en su vida proviene de Kira, su vecina y amiga de la infancia, que también está en una relación abusiva. Israel, al ver cómo Kira sufre esos abusos, no puede quedarse ya al margen y toma medidas. (MAILUKI FILMS).



Bedspread
Foto de Mailuki Films

Relax, colcha & Cigarrettes

Lo primero que llama la atención del Bedspread, es su depurada factura técnica, y una puesta en escena, claramente intimista que nos traslada de lleno al lugar donde su dueto protagonista, Israel (Francesc Colomer) y Kira (Nazaret Aracil), reposa plácidamente en una habitación decorada en papel verdoso, de rombos y una colcha a cuadros de añiles apagados.

Parece sin duda, una secuencia más, de dos personas, que tienen una evidente complicidad, un momento de relax cotidiano.  O lo que viene siendo lo mismo: una secuencia que podría estar sacada de la filmografía del primer Jim Jarmusch, de haber sido grabada en blanco y negro y sin música.

Pero no se dejen engañar, porque este aparente naturalismo no es sino un barniz en donde lo geométrico y la frontalidad del plano, así como la música, evocan a una suerte de expresión, casi onírica. Y es que no todo es lo que parece en la casa de Isra. Y esta es probablemente una de las virtudes directivas de Villaverde: no dar al espectador todo masticado.

Hay un gusto de la colorimetría por parte de Miguel Roldán, director de fotografía a cargo del proyecto, que la hacen alegarse del aspecto propiamente naturalista de estas propuestas; que ello no quita que se recurra a una iluminación propia del drama social, al menos en lo que a exteriores se refiere. Resulta un desmarque interesante, y que nos introduce en tierras más próximas al thriller, con incluso ciertos resquicios de terror, y es que la constricción social… puede resultar terrorífica.

Foto de Mailuki Films

El ruido y la furia

Al igual que en la novela de Faulkner, Villaverde relata la degeneración. Y, por ende, desestructuración de la familia trabajadora española, arrastrada por una virulencia sin precedentes que nos da a entender que no todo siempre debió ser así, quizás.

En ningún momento se nos da antecedentes de esta familia, pero sabemos que Antonio (Enrique Villén), se siente como un Job moderno, cuya desgracia no son unas yagas que corrompen su cuerpo, sino el tener un hijo que no cumpla sus expectativas como padre. Villaverde nunca hace del maltrato un hecho explícito, y este factor, hasta cierto punto es de agradecer, porque se mantiene igualmente veraz y potente.

Por otra parte, en los momentos de sosiego y calma, consigue obtener un efecto de feel-good movie (con escena de baile musical y todo: siendo Aracil la que arroja luz en la penumbra, y nunca mejor dicho), sin pestañear, y cuya facilidad para el cambio de tono debería ser objeto de envidia para muchos “profesionales” del sector.

Foto de Mailuki Films

Tampoco se hace hincapié en la limitación que Israel, pudiera padecer, sin ser mostrado tampoco como un discapacitado psíquico. Sí que podemos apreciar que su comportamiento es el de un niño que sobrevive a la furia de Antonio, a través del aislamiento en su mundo interior. Y es imposible no entrever aquí al primer Achero Mañas de ‘El Bola’ (2000), dado que el Antonio de Villén, es deudor del Mariano de Manuel Morón, aquel temible padre que a más de uno nos amargó la infancia.

La terapia no tarda en hacer acto de presencia. A través del quehacer artesanal, donde la metáfora de aquellos muebles que son destruidos, no tardan en ser reconvertidos en una magdalena de madera, que no es sino la representación materna de Isra: Margarita, su madre. Estatua, que ya es todo un trabajo independiente de por sí, de la mano de Óscar Sinela, en otra de sus múltiples facetas.

¿Se queda solo en la superficie de lo familiar? No, Bedspread también pone el dedo en la llaga en el peligro de las relaciones tóxicas interpersonales, denunciando el actuar machista en que derivan los comportamientos de aquellos que como Fran (Jaime Lorente), pueden incurrir en algo más oscuro y letal. El epílogo que deja esta situación, da para largometraje. Pasa a ser una declaración de intenciones en toda regla, que a más de uno le dejará sin aliento.

Bedspread
Foto de Mailuki Films

Conclusión

Bedspread es un más que notable trabajo, que descubre a un autor con voz propia, siendo Villaverde: guionista, director y productor del proyecto. Con unos referentes claros y una planificación de la puesta en cámara firme y acertada. Sabe cuándo detenerla y cómo conseguir el efecto deseado. Además, tiene un talento natural para la dirección de actores y de la que puede extraer de ellos, puro oro, sin importarle llevarlos al límite: de ahí que el elenco al completo esté genial. Ninguno desentona.

Ahora, eso sí, si alguno brilla con luz propia, ese es Enrique Villén, que vuelve a demostrar con una interpretación demoledora, a caballo entre lo brutal y lo tragicómico, por qué es uno de los mejores actores de nuestro país. Denuncia a la orden de las circunstancias que imperan en nuestra sociedad, y sin olvidarse de resultar interesante y entretenida en su ágil narración. Si no lo conocen, marchen a verlo; aquí hay talento y a raudales.

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