Marcos Fernández Alonso dirige y escribe Dime que todo está bien, obra teatral que reflexiona sobre las relaciones y la imagen personal. Se ha convertido en una de las piezas teatrales con las que el Teatro Nueve Norte ha estrenado su cartelera tras el parón producido por la COVID-19. Mientras que Paloma Mariscal, Guillermo de los Santos, María Segalerva y Marcos Orengo vuelven en esta segunda tanda de representaciones, Clara Galán se une al reparto principal como nuevo rostro de la obra. Disponible los domingos de julio a las 19:30.



Dime que todo está bien

Crítica de ‘Dime que todo está bien’

Ficha Técnica

Título: Dime que todo está bien
Título original: Dime que todo está bien

Reparto:
María Segalerva (Elena)
Guillermo de los Santos (Mario)
Marcos Orengo (Juan)
Clara Galán (Lucía)
Paloma Mariscal

Duración: 70 min. apróx.
Dirección: Marcos Fernández Alonso
Dramaturgia: Marcos Fernández Alonso
Luces, proyecciones y escenografía: Alejandro Hurtado
Ayudante de dirección y diseño gráfico: Alejandro Hurtado
Vestuario: Paloma Mariscal
Género: Comedia
Producción: Teatro Nueve Norte

Sinopsis de ‘Dime que todo está bien’

Una directora de casting en crisis, un actor en paro, un gigoló en horas bajas, dos amigas que no se entienden. Y entretanto, un descanso de media mañana, varios corazones no tan rotos, un taxi a ninguna parte, un calzoncillo en una ventana, una prueba de selección para un café y un pájaro cantante. Todo esto y más cabe en las veinticuatro horas de un día cualquiera. Basta con arriesgarse a tomar una decisión.

Dime que todo está bien es una comedia agridulce compuesta por ocho escenas que transcurren a lo largo de veinticuatro horas; un día en la vida de cinco personajes que se cruzan en las calles de una ciudad cualquiera. Con un humor ágil, fresco, basado en los diálogos, la obra se presenta como una comedia optimista sobre el desamor, la incomunicación y otros pesimismos. (TEATRO NUEVE NORTE).



Dime que todo está bien
Foto de Teatro Nueve Norte

Vidas paralelas

Tres historias que parecen no tocarse entre sí, o cinco, es la forma en la que comienza Dime que todo está bien. La dramaturgia, a manos de Marcos Fernández Alonso, crea una comedia de situación en la que se entremezclan los distintos personajes, mostrando distintas problemáticas, que siempre nadan sobre el humor y el buen rollo. Pese a que haya una mayor proliferación de la comedia, hay tintes reflexivos y algunos puntos en los que se muestra una reivindicación contra las apariencias y la necesidad de reformularse para buscar una identidad. No es extraño que el autor se dirija directamente al espectador para hacerles varias preguntas en torno a cómo se siente realmente. De esta forma, se forma un clímax cercano y agradable, que, aunque no se retuerce para mayor complejidad, tiene esa introspección.

Después, las personalidades que envuelven a los cinco personajes que aparecen en escena son muy diferentes, pero a la vez comparten ese aspecto de histrionismo que les encumbra en su concepción. Por suerte, cada uno de ellos tiene una personalidad marcada y con un estilo característico. Unido a ello, las relaciones que se van formulando entre ellos dan rienda suelta a varias situaciones en las que triunfa un romanticismo humorístico irreverente, dejando algo de surrealismo cotidiano, que aporta más a la escena. Además, se percibe una cadena bien hilada, que da pinceladas de picante con perspicacia, para obtener ese espacio donde se da rienda suelta a la seducción. Únicamente, se podría haber explotado más esa vena gamberra, que se puede ver que está en el ADN del libreto y hubiera todavía dado más potencia.

Dime que todo está bien
Foto de Teatro Nueve Norte

La unión hace la fuerza

El reparto de Dime que todo está bien es un grupo ensamblado, donde fluye una química entre ellos. En primer lugar, María Segalerva demuestra ser una actriz con unas tablas asombrosas, con un manejo de la comedia estupendo y una interpretación donde se mueve entre una femme fatale y una mujer fuerte e independiente que todos quieren ser. Sin duda, de las mejores interpretaciones de la obra. Después, Guillermo de los Santos sabe mantener esa vis desvergonzada con atino, que le coloca en una posición donde su humor va más hacia lo gestual y lo físico. Por lo cual, sabe encontrarse en el escenario y conecta fácilmente con el espectador, al resultarle simpático desde el comienzo. Asimismo, las escenas entre los dos tienen esa compenetración que les posibilita encajar las piezas suficientes para aportar aún más al trabajo actoral del otro.

Después, Clara Galán tiene una frescura sobre el escenario que le permite jugar con esa luminosidad, pero siempre matizando con la picaresca que se encuentra dentro de su propia interpretación. Mientras que enseña esa particularidad en su personaje, también sabe no llevarlo a la caricatura. De esta manera, se obtiene una actuación totalmente verosímil. Luego, Marcos Orengo está cómodo en el papel y se puede ver que disfruta interpretando dicho personaje. Gracias a ello, todavía eleva más su trabajo y le da un brillo especial. Por último, Paloma Mariscal cumple con su papel y hay momentos que lo borda. No obstante, también se pueden observar que hay varias escenas que cae en la parodia y no termina de ser íntegramente orgánica. Por ende, esa naturalidad que reclama la escena flaquea, pero funciona mayormente.

Foto de Teatro Nueve Norte

El feel-good de lo minimalista

Lo increíble del Teatro Nueve Norte es la facilidad de transformar su espacio y poder crear distintas realidades. En Dime que todo está bien se apuesta por una estructura más minimalista, en la que triunfan los elementos en movimiento y los detalles cotidianos. De esta forma, se deshace de una profundización física y el espectador se convierte en su aliado al aceptar dichas concesiones. Sería importante mencionar que funciona perfectamente y no ralentiza la acción en ningún momento. Por lo cual, se disfruta de una obra dinámica, en la que siempre está ocurriendo algo. Aun así, no se aturulla y sigue en consonancia con la ligereza que, indudablemente, es el sello de identidad de esta obra. Por tanto, se camina en varios espacios y en varias situaciones, y a su vez, le dan la importancia y el efecto que deben.

Por otra parte, la elección del vestuario es muy apropiada, dando una idea al espectador sobre lo que acontece en cada personaje. Asimismo, ese propio homenaje, realizando una metaobra, hace que se vea el carácter festivo y la luminosidad que acompaña a las escenas. Es decir, los objetos no están ordenados de una forma aleatoria, sino que cumplen su cometido y son vehículos de expresión muy bien planteados. Lo mismo ocurre con la coreografía, que no pisa a ningún personaje, aunque es cierto que se podría dar mayor respiro entre las transiciones para dejar asentar las ideas en el público. Por último, la iluminación y la banda sonora no juegan un papel fundamental. En especial, el factor lumínico podría haberse aprovechado mejor en todos esos fueras de escena y las opciones que le daban los colores y los matices que habían en ellos.

Dime que todo está bien
Foto de Teatro Nueve Norte

Conclusión de ‘Dime que todo está bien’

Dime que todo está bien es una dramedia ligera, que busca la reflexión de las apariencias, del miedo a arriesgar y de la propia comedia de situación. Sin buscar una profundidad más madura, permite al espectador disfrutar sobre todo del humor más físico y más blanco, con una luminosidad muy bien llevada. A nivel actoral, hay un elenco en el que fluye la energía de una forma totalmente orgánica. Hay que destacar sobre todo el trabajo de María Segalerva, que está magnífica. También sería conveniente subrayar el dinamismo que hay sobre el escenario y el cuidado creativo y narrativo de los objetos en la puesta en escena. Además, hay una buena coreografía sobre el escenario. Un soplo de aire fresco que produce carcajadas y deja una sensación agradable.

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