Vuelve el genio. El irlandés es la nueva película de Martin Scorsese, director que no hace falta que se vaya para que le echemos de menos. A sus setenta y seis años nos trae una película que viene de lejos. El proyecto, desde sus primeras fases, lleva pululando desde hace más de diez años, desde que el actor Robert De Niro, en 2004, leyese el libro I Heard You Paint Houses de Charles Brandt y le contase su contenido al director italoamericano. La expectación es absoluta. El irlandés, producida por Netflix y tras una gestación tan extensa, por fin está aquí. ¿Está a la altura de nuestros inmensos anhelos? Estreno en cines el 15 de noviembre. Puedes leer otras críticas realizadas por Cinemagavia de esta película AQUÍ y AQUÍ.



El irlandés

Crítica de ‘El irlandés’

Ficha Técnica

Título: El irlandés
Título original: The Irishman

Reparto:
Robert De Niro (Frank Sheeran)
Al Pacino (Jimmy Hoffa)
Joe Pesci (Russell Bufalino)
Harvey Keitel (Angelo Bruno)
Bobby Cannavale (Felix ‘Skinny Razor’ DiTullio)
Anna Paquin (Peggy Sheeran)
Jack Huston (Robert F. Kennedy)
Ray Romano (Bill Bufalino)
Kathrine Narducci (Carrie Bufalino)
Jesse Plemons (Chuckie O’Brien)

Año: 2019
Duración: 210 min.
País: Estados Unidos
Director: Martin Scorsese
Guion: Steven Zaillian (Libro: Charles Brandt)
Fotografía: Rodrigo Prieto
Música: Seann Sara Sella
Género: Thriller. Drama
Distribuidor: Netflix España

Filmaffinity

IMDB

Tráiler de ‘El irlandés’

Sinopsis

Robert De NiroAl Pacino y Joe Pesci protagonizan la película de Martin ScorseseEl irlandés, una saga épica sobre el crimen organizado en Estados Unidos durante la época de la post-guerra, vista a través de los ojos del veterano de la Segunda Guerra Mundial, Frank Sheeran, un buscavidas y asesino a sueldo que trabajó junto a algunas de las figuras más notables del siglo XX. A través de varias décadas, la película relata uno de los grandes misterios sin resolver de la historia americana, la desaparición del legendario líder del Sindicato, Jimmy Hoffa, y ofrece un viaje a través de los entresijos del crimen organizado: su funcionamiento interno, rivalidades y conexiones con las principales corrientes políticas. (Netflix España).



Pintar casas

La furia de El irlandés baña toda porción de tiempo de la película. No hay ni un solo minuto, sea cómico, dramático o casi pasivo que no tenga el atisbo de una ira latente. Esta furia, sin duda, viene de una contundente lesión. Existen lesiones que van más allá de un accidente, un golpe o una agresión. Hay lesiones constantes, crónicas, de esas que jamás se van; estas a veces son por amor, otras por envidia y a veces por un trauma irreparable al que la sociedad o nuestro círculo nos han abocado. Este último no es el más doloroso de todos —recordemos el del amor— pero sí es el que genera un sentimiento de injusticia e impotencia más intenso.

Pese a que no existe una sola palabra sobre ello, no es muy diferente a lo descrito en el párrafo anterior: una furia desapasionada ocasionada por una lesión, la que aqueja al personaje de Robert De Niro (Frank Sheeran) en El Irlandés. Y es desapasionada no por falta de intensidad por parte del actor o del personaje, sino por una alexitimia, una falta de sentimientos —sin ser psicópata— que por momentos nos transmite el protagonista. Un correveidile y asesino fantásticamente interpretado por el ya clásico actor que no tiene muchos momentos para estudiar por sí mismo los encargos terribles a los que está sometido. Apelaríamos a Sísifo de no ser porque Frank Sheeran no sufre por ese trabajo inacabable y terrible que realiza una y otra vez. Este carácter del personaje es el trasunto de la personalidad de la película.

El Irlandés
Copyright Netflix

Trabajos de carpintería

No solo encontramos la furia en el personaje protagonista, ésta impregna cada fotograma. El primer minuto de El irlandés nos mueve por el pasillo de una residencia de ancianos. Es un plano único, en movimiento, que va desde el pasillo hasta el rostro deteriorado y envejecido de De Niro. Incluso este plano, que debería ser sosegado, tiene ciertos movimientos insólitos, que resultan extraños, como si el fluir de la steadicam hubiese fallado en un par de instantes. Acaba de empezar, todavía no ha sucedido nada y Martin Scorsese, deliberadamente, ya está marcando la constante de la película.

Si algo destaca en El irlandés es la tensión. Una tensión que no se refiere al uso más extendido del término en el lenguaje cinematográfico, sino a algo más más cercano al ritmo, a ese ritmo imparable, secuestrador, que deja Scorsese en la sangre de su cine. Los que ya hayan disfrutado de las películas Goodfellas (1990) y Casino (1995), sabrán a qué atenerse en términos de estructura y cadencia. Las dos películas mencionadas aparecerán siempre relacionadas con El irlandés, por el uso de la voz en off, por un metraje muy extenso e incluso por sus actores principales.

El irlandés se atreve a dar un paso más, a establecer un fragmento diferenciador en la fase final de la película. Posee un sentido del humor mucho más agudo y una irreverencia cinematográfica muy avispada. Un ejemplo de ambas cosas aunadas son esos divertidísimos y crueles textos en pantalla que nos cuentan cuándo y cómo morirán muchos de los secundarios de la película. Se puede comparar, por tanto, a El irlandés con sus películas hermanas, pero es magnífica y única en sí misma. En ningún caso podemos hablar de estancamiento o de que Scorsese nos esté vendiendo la misma mercancía otra vez.

El Irlandés
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En la quietud de la noche

Es absolutamente magistral el modo en el que Scorsese mantiene el interés mediante un fluidísimo juego de enganche entre escenas. Es una ópera sin intermedio y sin oscuros para que los actores se preparen. Fluye, sucede y sucede y sucede. A veces el enganche es la música —canciones originales o el score de Seann Sara Sella—, en otros momentos es un movimiento de cámara que conjuga perfectamente con el baile fílmico de la escena posterior. Puede ser la voz en off que hila conceptos, planos parecidos, diferentes…

Algunos cineastas logran que la transición entre muchas de sus escenas sea imperceptible, otros no saben utilizar este recurso que es, indudablemente, la cura contra las miradas al reloj. Una escena lenta puede hacer que mires o no la hora, una mala transición entre escenas te obligará a consultarla. Scorsese no es uno de esos directores que logra conseguirlo en la mayoría de escenas con maestría; él lo hace en todas y cada una de ellas en un trabajo descomunal.

El Irlandés
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Ultimátum (al tabaco)

Pese a la tensión constante El irlandés apenas tiene escenas puramente de suspense. Podremos perderemos en la maraña de nombres y pequeñas tramas en las que están inmiscuidos los personajes, sin embargo jamás perderemos la conexión que se genera entre Robert De Niro, Joe Pesci o Al Pacino y nosotros. Es en este punto, esa falta de suspense sin perder interés, donde podemos estar hablando ya de obra maestra, por lo menos en cuanto al equilibrio.

Martin Scorsese reúne dos de las cualidades que algunos directores poseen por separado o que no llegan a asimilar nunca: la de cineasta y la de narrador. La de narrador por todo lo ya expresado sobre la tensión, la de cineasta por esos movimientos de cámara tan agresivos que no nos sacan de la película, por esa cualidad única que mezcla su cine entre lo más clásico y lo más vanguardista. El irlandés es una película de genio y lo demuestra por la compresión de tres horas y media en lo que en apariencia son apenas tres minutos; podríamos hablar de cómo la percepción del tiempo afecta a nuestro cerebro; sería redundar, Scorsese lleva cuarenta años demostrando dominar la atención del espectador.

The Irishman
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Una llamada

El irlandés es ese drama de gánsteres, sí; pero también es una película tremendamente divertida. Tanto por el trabajo de los actores como por el guion de Steve Zaillian la facultad cómica predominará en situaciones y diálogos muy ingeniosos o incluso deliberadamente absurdos. La película, no olvidemos, se basa en el libro de Charles Brandt que cuenta una historia real y cruel llena de violencia, muerte y asesinatos. Es sorprendente que con este material Scorsese y su equipo consigan hacernos reír en una película mucho más divertida en un sentido juguetón de lo que parecía a priori.

Si de protagonistas trabajan Robert De Niro, Joe Pesci y Al Pacino, poco se puede decir. Los tres están maravillosos. De Niro, con ese personaje ya analizado, hace una interpretación contenida y con una vena cómica a la altura de los intereses de la película; por lo general presenta a un personaje casi sumiso que termina mostrando un abanico de emociones muy amplio. Joe Pesci hace un papel diferente al que interpretaba en Casino o Goodfellas, sesudo, inteligente e incluso entrañable en El irlandés se desmarca de su personaje más clásico, ese tan violento e impulsivo.

Al Pacino está maravilloso; divertidísimo, liberado de toda cadena, compone al personaje más memorable de la película, muy imperfecto y desconocedor de sus imperfecciones. Si estos son los protagonistas, los secundarios no se quedan tan lejos. Vemos a Harvey Keitel, a Anna Paquin o a Jesse Plemons entre un reparto amplísimo y muy variado.

The Irishman
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Deliciosos helados

Es inevitable, al hablar del reparto, comentar la técnica para rejuvenecer a los actores utilizada especialmente para Robert de Niro y Joe Pesci. Funciona sin fisuras. Apenas se nota un solo pixel digital o un desenfoque o zona borrosa de la piel que desvele el truco. No es perfecto, claro. Pese a la finura en el rejuvenecimiento de los rostros, los movimientos corporales de los actores, ya con algún achaque, son más lentos o torpes de lo que deberían dada la juventud que representan. Es un problema menor que resta algo de verosimilitud a ciertas escenas muy concretas y localizadas.

El irlandés es una película por encima de todo enérgica, intensa. La evidencia de esto es la violencia del filme; está desprovista de todo encanto, es rápida, furibunda y poco estilizada. Un tiroteo no dura más que los fogonazos fulgurantes de las armas. Thelma Schoonmaker, la editora cinematográfica habitual de Scorsese y una de las figuras más importantes del cine en general en este campo, nos hace vivir la fuerza de la violencia y la rapidez de su irremediable potencia con toda crueldad.

Conclusión de ‘El irlandés’

El irlandés finalmente no ha sido consumida por las expectativas. El filme, que finalmente es una película de Martin Scorsese (y no una película de Netflix) es una maravilla narrativa, interpretativa y visual. El vuelo crítico esta vez es más alto, indaga en la mafia pero también en la historia y política de un país no muy desapegado ni diferente a la estructura del crimen organizado. Y, sin ofrecer un relato deslavazado, también es una historia íntima, de personaje, que no es de redención ni de perdón. Sí de culpa, pero de una culpa incomprensible y desabrida.

Es pronto para decir si El irlandés es una obra maestra o solo se trata de una gran película —como si fuese fácil—. Lo que sí se puede afirmar es que se trata de la película de un genio del cine. Demuestra tanto su talento como esa labia verbal y cinematográfica imparable que Scorsese todavía manifiesta en cada entrevista y cada toma. Ciclópea, muy divertida y magistral. Tan apegada a los recursos del pasado como lo está en el futuro de la técnica audiovisual. Una soberbia muestra de personajes lesionados y heridos a una escala invisible. Un misterio para la física por mostrar una porción de tiempo tan extensa en una dilatada duración que se hace ínfima. Una porción de exquisito cine. Una obvia recomendación.

Reportaje de El irlandés en Días de Cine TVE

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