El rastro de la pantera (Track of the Cat) es un insólito western, colindante con el drama familiar y el thriller psicológico, dirigido por el gran William A. Wellman (Beau geste, Incidente en Ox-Bow). En el reparto destacan Robert Mitchum (La noche del Cazador, El Dorado, Yakuza), Teresa Wright (La sombra de una duda, La señora Miniver) y Beulah Bondi (¡Qué bello es vivir!, Serenata nostálgica). Estrenada en 1954, se basa en la novela Track of the cat, de Walter Van Tilburg Clarke y es, además, toda una joya oculta en su género.



El rastro de la pantera (Track of the Cat)

Crítica de ‘El rastro de la pantera’ 

Ficha Técnica

Título: El rastro de la pantera
Título original: Track of the Cat

Reparto:
Robert Mitchum (Curt Bridges)
Teresa Wright (Grace Bridges)
Diana Lynn (Gwen Williams)
Tab Hunter (Harold Bridges)
Beulah Bondi (Ma Bridges)
Philip Tonge (Pa Bridges)
William Hopper (Arthur Bridges)

Año: 1954
Duración: 102 min.
País: Estados Unidos
Director: William A. Wellman
Guion: A.I. Bezzerides. Novela: Walter Van Tilburg Clark
Fotografía: William H. Clothier
Música: Roy Webb
Género: Western. Aventuras
Distribuidor:

Filmaffinity

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Tráiler de ‘El rastro de la pantera’

Sinopsis

La familia Bridges vive aislada en su rancho de las montañas se ve amenazada por una peligrosa pantera que causa estragos entre el ganado. Además hay tensas y turbias relaciones entre los miembros de la familia. Curt Bridges (Robert Mitchum) es el mayor de los hijos de la severa matriarca y de su débil y alcoholizado marido. Para salvar al ganado del peligroso felino, Curt y sus hermanos se ven obligados a enfrentarse a la bestia.

Dónde se puede ver la película



La nieve y la bestia

Cuando decimos que El rastro de la pantera (Track of the Cat) es un western, en realidad nos referimos a las coordenadas espacio temporales necesarias para orientarnos y, de algún modo, clasificar la obra. Pero en realidad, es una película del oeste absolutamente peculiar y difícilmente parangonable  a cualquier muestra del género que siga con cierto clasicismo los cánones. Podríamos completar la definición de la película diciendo que se mezclan elementos de drama familiar, thriller psicológico o, a su modo, incluso terror. El rastro de la pantera, está protagonizada por la familia Bridge, residente en un rancho del norte de California alrededor del cambio de siglo del XIX al XX.

La familia se encuentra en un estado cercano al enclaustramiento debido a la continua nevada que asola la región. El problema añadido es que, en función de la aparición de algunos animales muertos, parece ser que una pantera está acechando las cercanías del rancho. Esto agitará las emociones de la familia Bridge, cuyo hogar ya parece irrespirable en circunstancias normales, pero que ahora pasa por convertirse en una inquietante olla a presión.

La matriarca de la familia, Ma Bridge (Beulah Blondi) ejerce un rigurosísimo control sobre los demás. Es áspera, autoritaria, desagradable y con unos arrebatos religiosos intransigentes. De entre sus hijos, el más parecido a ella es Curt (Robert Mitchum), un déspota arrogante que parece congratularse en humillar al hermano menor, Harold (Tab Hunter), cuyo carácter es demasiado inofensivo. El tercero de los hermanos varones es Arthur (William Hopper), siempre conciliador entre los extremos de su familia.

El rastro de la pantera
Foto de IMDB

El toque teatral

El rastro de la pantera completa su plantel de personajes con la hermana de los jóvenes Bridge, Grace (Teresa Wright) que posee un carácter entre sombrío y algo amargado. Joe Sam (Carl Switzer) es un sirviente indio, bastante estrafalario, que junto con el borrachín padre de familia, Pa Bridge (Phillip Tonge), forman una especie de dupla entre excéntrica y siniestra. Y no olvidemos a uno de los personajes principales de la película: Gwen (Diana Lynn), la prometida del melifluo Harold, que desencadenará una serie de pasiones que entrarán en conflicto.

El desarrollo de El rastro de la pantera tiene un componente teatral indiscutible. La mayor parte de la película transcurre en el interior del hogar de los Bridge, que hace el efecto de escenario principal. De ahí se mueve, entra y sale todo el elenco. Aparte de la unidad de espacio, también hay cierta unidad temporal, toda vez que la historia se desarrolla en un estrecho margen de tiempo. Esta parquedad en las localizaciones es aprovechada por Wellman para conseguir un efecto claustrofóbico, casi enrarecido.  Por otra parte, marca distancia con otros westerns, ya que la acción queda reducida notablemente. No hay que esperar grandes duelos, ni tiroteos.

Lo que es todavía más inquietante, es cómo la película se va volviendo cada vez más angustiosa en base a varios recursos. De un lado la presencia ominosa de la pantera rondando el rancho, de otro el propio comportamiento de los Bridge. Mención especial al criado Joe Sam, que aparece y desaparece de los lugares con un enorme sigilo, casi como un fantasma. El padre de familia, borrachín y errático, debería ser un personaje cómico, pero sus salidas de tono son tan caóticas que llegan a ser dementes. Pero la presencia del rudo Curt es una sombra que se cierne sobre todos.

Track of the Cat
Foto de IMDB

La pantera inaccesible

El rastro de la pantera llega a poner la bestia en un lugar casi simbólico. “Es el mal que hay en todos nosotros“, dice el misterioso Joe Sam refiriéndose a una superstición sobre la pantera negra. Y esa es la impresión que da. Cuando Curt sale a buscar la pantera para matarla no acaba de dar con ella. Del animal solo conocemos las consecuencias de sus actos, pero a ella no la vemos. La pantera, de este modo, puede ser el lado oscuro, animal, a punto de estallar, en la familia Bridge. Una familia simbólicamente encerrada en sí misma en lo que parece una nevada interminable. “¿Todavía no ha dejado de nevar”? se pregunta Ma Bridge en una ocasión, ya agobiada por el clima y el peligro de la pantera.

Las escenas en exteriores, correspondientes a las salidas de los hermanos en pos del depredador, contrastan con las escenas mayoritariamente interiores de El rastro de la pantera. Se ve una naturaleza majestuosa, pero amenazante, donde el hombre se empequeñece. Además es en estas escenas donde Wiilliam A. Wellman expresa de forma más elocuente la idea cromática que tenía para la película. Quería hacer una película en color que estuviera hecha como si fuera en blanco y negro. Es decir, los colores son pálidos, apagados, resaltando los blancos y negros. Esto hace que algunos elementos simbólicos como el abrigo rojo de Curt resalten enormemente, casi como una premonición de la sangre.

Wellman, además, utiliza unos ángulos raros para mostrar ciertos pasajes especialmente lúgubres, produciendo un efecto amplificador de la extrañeza, de lo inquietante, que resulta de lo más personal.

El rastro de la pantera
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Galería de actuaciones en ‘El rastro de la pantera’

Dentro del notable nivel actoral de El rastro de la pantera, Robert Mitchum consigue una actuación descollante. Está perfecto es un papel antipático, bruto, profundamente desagradable. Dentro del aire hipnótico de la película su presencia supone un principio de amenaza más que de protección, como un eventual detonante de todas las pasiones soterradas de la familia Bridge. Su imagen con la chaqueta roja es una de las muestras más icónicas de El rastro de la pantera. Por su parte, la matriarca familiar interpretada por Beulah Blondi, tiene con él una extraña conexión. Es una censora, un personaje castrador. Salvando las considerables distancias, como una especie de Bernarda Alba del Lejano Oeste.

La actuación de Blondi es también estupenda: seca y amenazante. En cuanto al resto del reparto, su desempeño es el adecuado. Podemos destacar la actuación de Diana Lynn en el papel de prometida del benjamín de los Bridge. Es como la voz de la libertad, del escape hacia lugares abiertos; para Harold en particular. Su pugna tanto con el personaje de Curt como con en el de Ma Bridge añade un plus de tensión. Y entra medias el apocado Harold con un acuciante dilema interno. Tampoco es desdeñable ver a una estupenda actriz como Teresa Wright en el rol de un personaje reprimido que quiere que su hermano pequeño no corra su misma suerte.

Todos en general actúan de una forma solemne, sobria, acorde con el tono de amenaza subyacente que El rastro de la pantera guarda dentro de sí. Sin embargo, el personaje principal de película es la pantera; un peligro permanente cuya presencia notamos pero de la que dudamos, en un momento dado, si la veremos siquiera. Wellman lleva al extremo las enseñanzas de Tourneur y Val Lewton en materia de correlacionar miedo y sugerencia.

Track of the Cat
Foto de IMDB

Los insólitos westerns de Wiiliam A. Wellman

William A. Wellman contribuyó con numerosos westerns a la historia propia del género. No tiene el predicamento de Ford o Mann, pero merece por derecho propio un hueco dentro de los creadores de películas del Oeste. Sin embargo, los western de Wellman son siempre peculiares. La magistral Incidente en Ox-Bow (1942) es un oscuro alegato contra la pena de muerte, Cielo amarillo (1948) tiene una simbología shakespereana, en concreto de La tempestad, muy propia, y El rastro de la pantera es poco menos que inclasificable.

Se trata de un director de notable currículum que amerita haber dirigido clásicos en muchos géneros. Pensemos en el de aventuras y Beau geste (1939), o sus películas bélicas donde siente predilección por la aviación. De hecho Alas (1927) fue la primera película ganadora de la historia en la categoría de óscar a la Mejor Película.

Otro aspecto de El rastro de la pantera es la prominente presencia de la nieve. En esto podemos relacionarla con posteriores westerns como El gran silencio (1968) o incluso Los odiosos ocho (2015). El uso de las condiciones meteorológicas es sabiamente aprovechado por Wellman, un director tan clásico como sumamente personal.

Conclusiones de ‘El rastro de la pantera’

El rastro de la pantera (Track of the Cat) es un excelente ejemplo de western que cogiendo elementos más o menos clásicos, deviene en algo completamente insólito. Wiiliam A. Wellman consigue un ambiente enrarecido que participa del drama familiar y del thriller psicológico con aroma casi de terror. No es una película que entre fácilmente, en base al carácter incómodo de la puesta en escena y al espíritu marcadamente teatral de la obra. No obstante, verla produce la sensación de íntima satisfacción de haber visto una joya oculta, merecedora de mayor reconocimiento. Otro tanto ocurre con Wellman, su talentoso director.

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