Darío Frías dirige Fin de engaño, obra teatral escrita por Luis Sánchez-Polack. La pieza está dentro del género del humor, enfocándose en la comedia de enredos. Protagonizada por Veki Velilla, Edu Rejón, Rodrigo Poisón, Carlota Baró o Laura Calero, Naím Thomas, Gonzalo Trujillo y Rocío Anker. Se puede asistir los sábados a las 22:15 y los viernes 21 y 28 de febrero a las 22:15 en los Teatros Luchana.



Fin de engaño

Crítica de ‘Fin de engaño’

Ficha Técnica

Título: Fin de engaño
Título original: Fin de engaño

Reparto:
Veki Velilla / Laura Calero (Mónica)
Edu Rejón / Naím Thomas (Fernando)
Rodrigo Poisón / Gonzalo Trujillo (Carlos)
Carlota Baró / Rocío Anker (Lucía)

Duración: 60 min. apróx.
Dirección: Darío Frías
Dramaturgia: Luis Sánchez-Polack
Escenografía y vestuario: Cajón de Ideas Producciones
Diseño de iluminación y sonido: Jorge Chavero
Género: Comedia
Producción: Cajón de Ideas Producciones

Tráiler de ‘Fin de engaño’

Sinopsis de ‘Fin de engaño’

Carlos, recién prometido con una chica de clase alta, se queda dormido en un sofá tras la cena de nochevieja con su futura familia política, perdiéndose las doce uvas. Aunque Carlos no es supersticioso, al despertar descubrirá que todo puede torcerse en cuestión de horas. Una madrugada en la que sus dos cuñados, Fernando y la joven Mónica, e incluso su futura esposa, desvelarán secretos inconfesables que le afectan directamente. Pero, ¿y él? ¿Acaso es el único que es trigo limpio? Todo esto y mucho más antes de que el gallo anuncie el primer día del año en Fin de engaño (momento perfecto para ir a por churros, por cierto). (CAJÓN DE IDEAS PRODUCCIONES).



Fin de engaño
Foto de Cajón de Ideas Producciones

Mirar atrás

Luis Sánchez-Pollack ha sido la persona detrás de la pluma que ha escrito Fin de engaño, una comedia de enredos en los que no se deja indiferente a nadie. Durante el primer tercio de la obra teatral, se exponen unos hechos cotidianos, que permiten al espectador entrar dentro de la escena fácilmente. A través de una comicidad algo comedida, va acercándose lentamente hacia un ambiente cargado de humor y en el que se empieza a hacer uso del histrionismo verosímil, pese a los temas que se exponen sobre el escenario. La forma en la que construye los personajes se hace desde un prisma liviano, aunque finalmente no sabrá controlar los giros narrativos que se forman en ellos y acabará pasándole factura en el resultado final en el que mengua las carcajadas.

Foto de Cajón de Ideas Producciones

Cierto personaje se expone de una manera prototípica y no saben manejarlo para no caer en la posible fina línea de hacer percibir al espectador ciertos comportamientos como jocosos e incluso, algo ofensivos. El elemento de comedia se excede en el carácter de este personaje, lo que hace que la gracia deje de tenerla, sentenciando el análisis global de la pieza teatral. La razón no es otra que puede no entenderse la verdadera intención del autor y se puede malinterpretar en escena. Por lo cual, puede provocar que cierta parte de los espectadores termine por desconectar con la obra y no vuelva a entrar dentro del ambiente creado. Es un ejemplo de la dificultad de la comedia, dado que hay ciertas líneas que son tan peligrosas y delgadas, que pueden no medir las consecuencias que se pueden sentir desde las butacas.

Fantástica fiesta

Laura Calero, Naím Thomas, Gonzalo Trujillo y Rocío Anker fueron los encargados de dar vida a los protagonistas de Fin de engaño. Calero se metió en la piel de Mónica con una frescura y una energía humorística que, sin duda, la corona como una de las mejores interpretaciones de la obra. Su movimiento en escena es potente y sabe controlar la comedia más física y no únicamente recurrir al humor más sutil. La inocencia con la que aborda a su personaje hace que el espectador pueda empatizar con ella y le da verosimilitud a su trabajo interpretativo, pese a lo disparatado que sea la situación. Sin embargo, Rocío Anker como Lucía se excede en la parodia de la clase adinerada y termina por no verse una actuación natural, cayendo en el cliché de la caricatura y acaba por enseñar las flaquezas que no resuelve a lo largo de la función.

Gonzalo Trujillo está excelente, tiene una fuerza escénica que se disfruta y muestra una profesionalidad sobre las tablas que hacen que los asistentes disfruten totalmente con él. Al igual que sus compañeros, se presta a un lenguaje más físico del humor y se mete de lleno. Controla los tiempos y, sobre todo, se puede ver la importancia que emplea en el espacio y la escucha de sus compañeros. Es generoso en su actuación y no se extralimita en ningún momento en su lucimiento. Es un placer verlo actuar. Por su lado, Naím Thomas demuestra una faceta cómica completa y se puede decir que desarrolla un trabajo actoral a la altura, el problema es la limitación que le da el guion. Pese a su naturalidad, por las flaquezas del papel, no brilla como podría haberlo hecho.

Foto de Cajón de Ideas Producciones

Caliente, caliente

Desde el principio, los cuatro actores recrean una fiesta de fin de año sin ningún problema. Fin de engaño tiene esos componentes cotidianos de las festividades, en el que el consumo de alcohol suele ser excesivo y donde puede pasar cualquier cosa. Con una puesta en escena aparentemente sencilla, hacen un buen uso de los fuera de escena. Hay un ritmo dinámico y no decae en ningún momento. Hay una coreografía entre los actores curiosa y bien trabajada, no se percibe falta de acción. Al ser una comedia de enredos, mantiene en todo momento la energía activamente, aunque se excede en cierto personaje que da demasiadas dosis de histrionismo. Los giros de guion se llevan a las tablas a la perfección, por lo que la dirección de Darío Frías es resolutiva y eficaz.

Pese a ello, no termina de dotarla de alma y se deja llevar por la comedia más fácil y accesible. Tienen los ingredientes para convertirla en una obra notable, pero acaba con un resultado irregular en el que se echan en falta una mayor implicación técnica y creativa. La iluminación no forma parte en la acción realmente, ni hay una intención de introducirla dentro del conglomerado de la pieza teatral. Lo mismo ocurre con la música, la cual en ciertos momentos incluso chirría, dando una sensación de excesiva tradicionalidad, en vez de evocar a ese costumbrismo español que es tan mamarracho como magnífico. Como mención especial, hay que subrayar que la elección de vestuario aunque no haya una innovación sorprendente, sí que hay cierto juego en escena que lo justifica y llama la atención.

Fin de engaño
Foto de Cajón de Ideas Producciones

Conclusión

Fin de engaño peca de buscar una comedia irreverente con verosimilitud que no controla, desbocándose en la manera de crear el humor sobre la escena. Hay un concepto utilizado en uno de los personajes que podría entenderse para cierta parte del público como algo ofensivo o burlón. Por lo cual, se cae en la caricatura y esto sentencia el resultado. Laura Calero y Gonzalo Trujillo están increíbles, se disfrutan muchísimo sus interpretaciones y manejan la comedia tanto física como dialogada y expresiva. Un montaje con luces y sombras, que no encuentra su camino. Una fiesta que se queda a medio gas y sucumbe a la resaca irregular de un resultado mejorable.

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