Inmortal del director Fernando Spiner, se estrena en Argentina luego de haber estado en los festivales de Sitges, España y Mar del Plata, Argentina en el año 2020. El director argentino vuelve a ahondar en la sci-fi y recordamos su gran ópera prima La sonámbula de 1997 con Eusebio Poncela y Sofía Viruboff.

Inmortal transcurre en un contexto realista y fantástico al mismo tiempo, centrándose en la perpetuación intelectual (no corporal) del ser humano después de la muerte, en una suerte de “proyección de un universo paralelo” donde se vive en una tranquilidad fotográfica, muy cuestionable. Con guion de Fernando Spiner, Eva Benito y Pablo de Santis la película mezcla varios condimentos de la literatura y cine sci-fi nacional argentino e internacional. Hermosa película con las actuaciones de Belén Blanco, Analía Couceyro y Daniel Fanego. Sin fecha de estreno en salas de cine españolas.



Inmortal

Crítica de ‘Inmortal’

Ficha Técnica

Título: Inmortal
Título original: Inmortal / El último inmortal

Reparto:
Belén Blanco (Ana)
Daniel Fanego (Dr. Benedetti)
Diego Velázquez
Analía Couceyro
Patricio Contreras
Elvira Onetto

Año: 2020
Duración: 96 min.
País: Argentina
Director: Fernando Spiner
Guion: Fernando Spiner
Fotografía: Claudio Beiza
Música: Natalia Spiner
Género: Drama. Fantástico
Distribuidor:

Filmaffinity

IMDB

Tráiler de Inmortal

Sinopsis

Ana llega a Buenos Aires tras la muerte de su padre. A través de su viuda descubre que un científico llamado Benedetti fue contratado por una misteriosa fundación, para la que está desarrollado un mundo paralelo que permitiría que los vivos y los muertos entren en contacto.



Despierten

Spiner en esta película, como en La sonámbula (1997), hace una construcción femenina de la película realmente preciosa y muy valorable. Recordemos una de las frases de su primera película: …el fin del mundo no es un meteorito que choca con la tierra…el fin del mundo es una mujer que se despierta… y la protagonista viajaba a otra realidad, para despertar… dejando un mundo que se hacía pedazos alrededor de ella.

En Inmortal la protagonista nuevamente viaja a otro mundo, pero esta vez no es ella quien despierta. Ana Lauzer, está bien despierta.

Daniel Fanego

I ching

Inmortal comienza con una voice over en mandarín, diciéndonos que nuestra protagonista antes de llegar a Buenos Aires desde Roma, consulto el I Ching: ”…un compuesto de hexagramas que interpreta las energías de quien lo consulta, de la naturaleza y del cosmos. Estas tres energías juntas revelan lo que se quiere conocer del futuro…” Para finalmente decirle: 

“…un viaje inmovil hacia el infinito…”

Una suerte de premonición. Viaje/Inmóvil/Infinito

Son tres palabras que en una oración, en este mundo terrenal, no tienen lógica alguna pero que en un mundo Borgeano, Tarvscokiano, o en este caso Spinerneano, mezcladas en una obra audiovisual, tienen mucho sentido.  Juntas en la película pueden significar la muerte corporal, pero no la mental. El viaje inmóvil de uno de los protagonistas, sin spoilear nada de la historia.

Con esa frase y a los pocos segundos de haber comenzado, ahí, es donde la película te agarra y no te suelta, si estáis atento. 

Quizás un espectador poco avezado, que no prestara atención podría decir: “...bueno, menos mal que paso esa voice over, porque no he entendido nada, que empiece la película.

Nos enfrentamos con una película compleja (no solo por lo que plantea) sino porque la protagonista, antes del inicio de esta historia, fuera del metraje, (u hoy en día, fuera del DCP) está leyendo el “I ching” texto no tan conocido en profundidad en el mundo occidental.

Fotografiando fotografías

Belen Blanco interpretando a Ana Lauzer, construye una actuación pausada, profunda y con una mirada de mucho tiempo a todo lo que ocurre a su alrededor; porque ella como nosotras y nosotros, desconfiamos de lo que nos cuentan del mundo paralelo de los muertos, llamado: “Leteo” sus ojos son nuestra verdad, si ella cree, todos lo haremos. Además le hacen una invitación poco común. 

La ingeniera, intentando seducirla todo el tiempo y sabiendo que es fotógrafa, le dice: “Es como un álbum de fotos, pero vivo.” Y aunque el reencontrarse con su padre muerto, la tiene preocupada, adentrarse dentro de su propio mestiere… le fascina. Y a través de una cámara ve por primera vez a Víctor.

De esta manera hace que observemos con un dejo de fascinación al personaje, cuando viaja a “Leteo” ya que está como en “sueño hecho realidad” donde camina dentro de fotografías con una tranquilidad casi perfecta y a la vez, terrorífica.

Belén Blanco

De Roma a Constitución

Que la protagonista se hospede en un hotel frente a la estación de Constitución en Buenos Aires, nos recuerda que está con la idea de irse de nuevo a Roma, pronto. 

Casualmente la puesta en escena, los recortes de plano de Ana Lauzer con la puerta redonda cortada por la mitad en un semicírculo por la terraza del hotel y la estación siempre fuera de foco (ese aire de internacionalidad que tienen todos esos planos) nos recuerdan a la Via Marsala, calle donde está la puerta de entrada y salida, de la estación Termini, en Roma, Italia.

Casualidad o no, hay una atmósfera muy parecida… y todos los planos de la protagonista ayudan a construir ese clima, ya que siempre está reflexiva, pensativa o a punto de las lágrimas, situaciones y sentimientos de moneda común, que suelen suceder frente a una estaciones internacionales donde se recibe o se despide personas.

Viajemos dentro de la foto

Viajamos por el tiempo pero sin movernos; dentro de ese mundo con silencio fotográfico, hay una escena de gran sutileza que sucede dentro de un auto.

A Ana, se la nota enamorada de Víctor y él se sorprende de ella, al ver lo que hace y dice, con una dirección de miradas y tiempo exquisito. Ella maneja y sonríe, aunque sabe que no va a ir a ningún lado.

Una escena hiper bella que nos hace recordar al cortometraje de Chris Marker “La Jetée”, ya que cuando están dentro del auto y en silencio es casi una situación fotográfica. 

Ana pone en la caja de cambios del auto primera, y miran por la ventanilla como si el mundo se moviera delante de sus ojos, pero nada de eso pasa. Esa sensación de movilidad que da una fotografía al ver una acción, pero que en realidad al mirarla y tenerla en la mano o frente a una pantalla, nada sucede. 

La forma en que está filmada, cómo se miran y pasa el tiempo, una de esas escenas recordables por la poesía y las actuaciones.

Inmortal

La ingeniera

La ingeniera de la compañía Analía Couceyro, construye un personaje casi de animación (muy parecido a Patricio Contreras en La Sonámbula) con esa mirada y tono de voz malvado, descolocando hasta los mismos personajes que están con ella. 

Su interpretación, desentona con todas las actuaciones de la película… y está genial. En una película de la DC, Marvel o de la Disney, sería un personaje que al aparecer en pantalla todos la mirarían con una sonrisa disfrutando de su maldad, pero en una película argentina y latinoamericana, creo que muy pocas personas lo disfrutaron.

Ese lugar sin tiempo tan reconocible

Esa esfera flotante amarilla, que inevitablemente nos lleva y recuerda visualmente a Solaris de Andrei Tarkovsky o a la de Sodeberg, cualquiera de las películas construyen universos irreales a través de colores y gases que hipnotizan, como la esfera que nos conecta a “Leteo”.

No podemos al ver la película, sin dejar de recordar grandes clásicos de cine argentino de ciencia ficción como El crimen de Oribe de Leopoldo Torre Nilsson y Torre Ríos, donde el misterio reside en una casa donde todo se repite, para burlar al tiempo y por ende a la enfermedad. O La antena de Esteban Sapir, en esa ciudad del futuro donde la voz, no está.

En la literatura, la ciudad de los inmortales en el cuento El inmortal de Jorge Luis Borges. Esa isla que se elige para proyectar a los protagonistas de una historia que tiene dos enamorados al igual que Inmortal como lo es la impresionante novela La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares.

O “Jorge, el nadador” de Leopoldo Torre Nilsson, un libro que propone (como El crimen de Oribe) ciencia ficción sutil, como adentrarse nadando en el mar de Mar del Plata y encontrarse con un mundo paralelo donde los límites o enfermedades corporales desaparecen y el protagonista se encuentra con un lugar donde están vivos y muertos.

Inmortal

La música y el diseño sonoro

La música original de Natalia Spiner es increíble, con una sensibilidad tremenda, entrando y saliendo de las atmósferas electrónicas y misteriosas de un mundo de inmortales y muertos proyectados digitalmente. Hermosas músicas junto con un diseño sonoro que nos hace observar y escuchar la película, como cuando Ana Lauzer entra a “Leteo”: poco pestañeo y ojos en panorámica. 

La música y los sonidos se entremezclan, en una realidad que se confunde en el ascensor, dividiendo el relato en cuerpo (en foco) y reflejo del espejo (pixelado). Mezclando los sonidos del mundo de los “inmortales” (el reflejo de ella en el espejo que por momentos se transfigura en una suerte de pixel que no llega a crear la imagen completa de su cara) y el sonido físico del movimiento de un ascensor que parece el motor de un auto fórmula uno.

Conclusión de Inmortal

Quizás todo se trate sobre el despertar. De entender, sentir y ver, lo que no se registraba antes. El despertar de Ana en su mundo, el del Científico que crea un mundo para que las personas sigan con vida y despiertas, y obviamente, el despertar del mundo mismo.

El cine de autor tiene esas cosas reconocibles y repetitivas, que van en busca de un significado que se persigue a través de los años y de las obras.

Hay una acción muy estética, que Spiner repite en Inmortal que filma en La sonámbula; Eva la protagonista, se da vuelta en cámara lenta con su cabellera al viento dejando un mundo que se desmorona y busca los ojos del hombre que deja atrás, para despertar. En Inmortal sucede lo mismo, pero con otro fin. Un plano, una acción casi igual de dos mujeres que se meten dentro del apocalipsis en busca de lo que quieren, sin importarles nada. 

A través de la ciencia ficción, de mundos irreales y reales, la búsqueda de Inmortal como en La sonambula persiguen objetivos mayores como: seguir con vida, conocer y buscar la mejor versión de cada una y uno de nosotros.

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