Carlos Saura dirige la versión teatral de La fiesta del chivo, basada en la novela del premio Nobel de literatura Mario Vargas Llosa, gran escritor peruano. Adaptada por Natalio Grueso, es una nueva producción del equipo de “El coronel no tiene quien le escriba”, uno de los últimos grandes éxitos de la cartelera teatral reciente. Con Juan Echanove como principal protagonista, completa el elenco Lucía Quintana, Manuel Morón, Eduardo Velasco, Gabriel Garbisu y David Pinilla. Disponible hasta el 15 de marzo de 2020 en el Teatro Infanta Isabel de Madrid. 



La fiesta del chivo

Crítica de ‘La fiesta del chivo’

Ficha Técnica

Título: La fiesta del chivo
Título original: La fiesta del chivo

Reparto:
Juan Echanove (Trujillo)
Lucía Quintana (Urania)
Manuel Morón (Abbes)
Eduardo Velasco (Manuel Alfonso)
Gabriel Garbisu (Cabral)
David Pinilla (Balaguer)

Duración: 90 min. apróx.
Dirección: Carlos Saura
Adaptación: Natalio Grueso
Ayudante de dirección: Gabriel Garbisu
Iluminación: Felipe Ramos
Diseño de escenografía: Carlos Saura
Diseño de vestuario: Carlos Saura
Jefe técnico: José Gallego
Productor: José Velasco
Género: Histórico
Producción: Okapi Producciones

Tráiler de ‘La fiesta del chivo’

Sinopsis de ‘La fiesta del chivo’

En La fiesta del chivo se narran los últimos días del dictador Trujillo en la República Dominicana, el autor se vale para ello del personaje de Urania Cabral, una exitosa abogada que abandonó el país de forma misteriosa siendo una niña. Tres décadas después, regresa para visitar a su padre moribundo, el senador Agustín “Cerebrito” Cabral, un antiguo alto cargo del Régimen que cayó en desgracia. Durante ese viaje, se desvelará el secreto que la protagonista ha guardado celosamente desde su huida. (OKAPI PRODUCCIONES).


La fiesta del chivo
Foto de Okapi Producciones

Mirada al pasado

Nunca es fácil afrontar una adaptación, por lo que la labor de Natalio Grueso con La fiesta del chivo es impresionante. La novela del escritor peruano Mario Vargas Llosa cobra vida y sumerge al espectador en un viaje en el tiempo tan verosímil como real. La dramaturgia resucita la imagen del general Trujillo, dictador de la República Dominicana. Crea un retrato ácido en donde el humor negro es la principal carta del guion, sabiendo colocar el engranaje perfecto para equilibrar la balanza entre el dramatismo necesario y la comedia incómoda. A través del recorrido que muestra en sus personajes, realiza un análisis que parte desde un prisma local hasta una realidad globalizada. No hay intención de ser sutil, razón por la que se aborda con una crudeza que es efectiva. Cuestiona los límites del poder y la ridiculez del endiosamiento humano.

Sin embargo, la obra engrandece su resultado al no solamente hacer una crítica desde la comedia y desde una vertiente menos dura. Al contrario, establece una serie de acontecimientos que impactan en los espectadores directamente y en el que es imposible salir impasible de ello. Todos los personajes llevan una máscara de la que se deshacen rápidamente para dar un ejemplo de las terribles acciones que se encuentran detrás de un sistema corrompido por el poder. Además, ahonda sobre temas muy delicados y sensibles, pero que resuelve Grueso con una empatía y elegancia, exponiendo el dolor pero sin regocijarse en él. Se puede ver cómo ha plasmado una historia en la que era importante reivindicar los gritos silenciados. Hay un control de la sensibilidad que se sublima en el último acto de una manera en la que los asistentes se emocionan intensamente. 

La fiesta del chivo
Foto de Okapi Producciones

La barbarie personificada

Una obra en la que se plantea y exponer las deficiencias humanas debe encontrar un intérprete que sepa cargar con todo ese peso dramático y pueda resolver el planteamiento de un personaje complejo y muy difícil. Juan Echanove se convierte en Trujillo en La fiesta del chivo y demuestra tener unas tablas en el mundo interpretativo, que le dan la valía de ser un actor en mayúscula. El intérprete tiene una potencia escénica que queda impregnado en toda la sala. La manera de hacer sentir al público es tan visceral, que consigue su cometido en todo momento y el espectador queda impactado por su gran talento. Cuida el empleo del espacio y la protección de la voz, maneja los tiempos y la intensidad de cada escena. Es un deleite para los ojos y para la emoción.

Echanove viene acompañado por unos compañeros en alza, que, sin duda, tienen la difícil tarea de combatir todo ese nervio y estar un nivel interpretativo a la altura y lo hacen. En primer lugar, Manuel Morón tiene una fuerza que hiela el escenario y es contundente como lo reclama su personaje. Por su parte, Eduardo Velasco tiene una socarronería orgánica, que lleva apropiadamente para no desviar la esencia de Manuel Alfonso. Luego, Gabriel Garbisu tiene un efecto sensitivo en su manera de actuar, que cuida con detalle a su personaje y no duda en dotarlo de personalidad. Después, David Pinilla termina por ser el cierre de la conjunción perfecta para el combo masculino de la obra.

E, indudablemente, Lucía Quintana tiene uno de los retos más difíciles de la obra. Delicada y con fuerza. Inocente y corrompida. Debe mostrar ambas caras y lo realiza con una profesionalidad exquisita, en la que solo falta una pizca más de emoción.

Foto de Okapi Producciones

Años oscuros

La calidad de un texto como La fiesta del chivo debe encontrar una puesta en escena que se adecúe a las necesidades que rondan el texto. Sin lugar a dudas, esta adaptación ha sabido captar la esencia de la obra y no echa únicamente mano de atrezzo, sino también de medidas audiovisuales. La escenografía goza de cambios de espacio sin tener que dar movimiento a los objetos, no ralentiza la acción. Cuidan muchísimo las transiciones entre escenas, pero además, saben jugar con la percepción del tiempo y utilizan un difuminado entre acciones, que da incluso una apariencia cinematográfica. Es difícil combinar este tipo de elementos visuales, que confluyen positivamente y dan un espectáculo ante los ojos de los asistentes. Algo que le da todavía mayor fuerza a lo que ocurre sobre las tablas.

Otro de los puntos más destacados es la utilización de la música como hilo conductor y no solamente como un adorno. Es gratificante poder disfrutar de los momentos musicales, en los que, además, se establece cierta ironía y se puede sentir el vehículo de expresión que hay detrás. Hay una coreografía sobre el escenario en el que los actores participan y lo cumplen de forma efectiva. Lo mismo ocurre con el diseño de iluminación, el cual da mayor intensidad a los momentos de una carga dramática elevada. Sin embargo, hay que subrayar que el montaje presenta en ciertas ocasiones un cambio de ritmo, produciendo un efecto más lento hacia el espectador. Aunque no sentencia en ningún momento la obra, sí que hace que no luzca tanto en dichos momentos, aminorando la dinámica que predomina en la pieza teatral.

Foto de Okapi Producciones

Conclusión

La fiesta del chivo rescata las palabras de Vargas Llosa y realiza una adaptación a la altura de la novela original. Hay un cuidado en el lenguaje teatral y sabe transformar la obra para darle un sello dramático propio. Un reparto en alza en el que brilla fulgurante Juan Echanove. Tiene mucha fuerza y un talento que se percibe en la sala. Una gran disposición técnica, en el que se cuidan los detalles y hay una puesta en escena dinámica. Un montaje más que notable que a veces peca de relajado. Un recorrido en la historia impresionante que deja marcado al espectador y le invita a reflexionar sobre los crímenes del autoritarismo idiosincrático de las dictaduras.

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