La Gran Huida (Dreamscape) es una película que aúna ciencia ficción, terror y thriller político. Estrenada en 1984, tuvo un discreto recibimiento que ha ido compensándose con cierto estatus de culto que ha ido construyéndose con el tiempo. Está dirigida por Joseph Ruben (El Padrastro, Durmiendo con su Enemigo) y protagonizada por Dennis Quaid (Máquina de guerra, La Sustancia), Max Von Sydow (El Séptimo Sello, Kursk) y Christopher Plummer (Puñales por la espalda, Una Mente Maravillosa). La historia juega con la posibilidad de introducirse en los sueños ajenos, siendo este planteamiento influyente para un buen número producciones que vinieron a posteriori.



La Gran Huida (Dreamscape) película

Crítica de 'La Gran Huida (Dreamscape)'

Ficha Técnica

Título: La Gran Huida
Título original: Dreamscape

Reparto:
Dennis Quaid (Alex Gardner)
Max Von Sydow (Dr. Paul Novotny)

Christopher Plummer (Bob Blair)
Eddie Albert (El Presidente)
Kate Capshaw (Dra. Jane DeVries)
David Patrick Kelly (Tommy Ray Glatman)

George Wendt (Charlie Prince)
Larry Gelman (Mr. Webber)
Redmond Gleeson (Snead)

Año: 1984
Duración: 99 minutos
País: Estados Unidos
Director: Joseph Ruben
Guion: David Loughery, Chuck Russell, Joseph Ruben
Fotografía: Brian Tufano
Música: Maurice Jarre
Género:  Ciencia ficción. Terror
Distribuidora: Izaro Films S.A.

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Tráiler de 'La gran huida'

Sinopsis

Un médico (Max Von Sydow) ha entrenado a un joven (Dennis Quaid) para aparecer en los sueños de otras personas a través de la proyección astral. Su intención es conocer y diagnosticar los traumas que sufren sus pacientes, pero ciertas fuerzas maléficas intentarán utilizar ese poder con otros fines.

Dónde se puede ver la película en streaming



¿De qué género hablamos?

La Gran Huida (Dreamscape) puede empezar a analizarse en sus parámetros más básicos. ¿Qué es lo que estamos viendo? ¿Es terror, ciencia ficción, un thriller político de conspiraciones?  La respuesta es sí a todo. Es aún más desafiante que tan insólita mezcla se desarrolle en poco más de hora y media de abigarrado guion. Esta característica es una de sus mayores fortalezas, pero también quizá una de sus mayores debilidades. Esto último puede estar producido por los cambios tonales de la película, asentados lo mismo en conciliábulos de poder que en vívidas pesadillas.

Desgranando un poco la premisa podemos hacer un bosquejo de todos los componentes. Alex Gardner (Dennis Quaid) es un joven con habilidades psíquicas que lo mismo participan de telepatía, o de la clarividencia de acontecimientos. Por ejemplo, adivinar ganadores en las carreras de caballos. Sobrevive trapicheando y lidiando con peligrosos corredores de apuestas. Un día el doctor Novotny (Max Von Sydow), quien estuvo estudiando las capacidades de Alex hace años, lo encuentra y le ofrece la posibilidad de forma parte de un particular experimento. Novotny estudia la capacidad que tienen ciertas personas con habilidades psíquicas, mediante un sistema de su invención, para introducirse en los sueños de los demás. Aquí tenemos el componente de ciencia ficción.

En principio este sistema se está utilizando con fines terapéuticos: identificar los traumas de pacientes psiquiátricos, y ayudar a resolverlos. Sin embargo, los traumas se suelen manifestar en pesadillas de índole aterradora e intensa. Aquí encontramos el componente de terror. Como es un experimento vigilado por el Gobierno de Estados Unidos, pasa lo que tenía que pasar. Que ciertos sujetos cercanos al poder usen este procedimiento para influir (no para bien) en la política de su país. Y aquí está el thriller político.

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La Gran Huida hacia el inconsciente

La Gran Huida (Dreamscape) no rehúye algunos elementos necesarios para llevar a cabo su planteamiento. Si basamos una propuesta en sueños, es un valor importante que no nos limitemos a hacer una prosaica copia de la realidad. Entra en juego lo simbólico, lo onírico y lo irreal. Y ello lleva consigo ciertas obligaciones formales. ¿Cómo plasma los sueños La Gran Huida (Dreamscape)? Opta por usar elementos sencillos pero elocuentes. Por ejemplo, unas nubes pasando a una velocidad inusualmente rápida nos dicen que ya estamos en el plano de los sueños. Del mismo modo, una casa de arquitectura asimétrica y escaleras reptantes nos deja bien claro que estamos asistiendo a una pesadilla. Que se vuelve más intensa todavía para emular un futuro postapocalíptico utilizando maquetas de escombros, localizaciones lóbregas y un ardiente colorido naranja.

Aspectualmente algunas soluciones visuales han acusado algo el paso de los años, especialmente en el caso de uno de los habitantes más desagradables de los mundos oníricos que visitaremos durante el argumento. Normalmente los efectos prácticos, a base de maquillaje, animatrónicos u otros, dan buen resultado, pero en un par de detalles se nota el truco más de la cuenta. Aunque la mayor parte de las veces Joseph Ruben se las apaña para producir imágenes inquietantes, con un buen dominio de los momentos de terror, género que visitaría de nuevo durante su carrera posterior.

Las incursiones es los sueños, además, son variadas. Ya hemos hablado de las puramente perturbaras, pero hay otras que juegan con la fascinación de un universo por descubrir, y en un momento dado (algo fuera de lugar quizá) una especie de gag de comedieta erótico-festiva. Quizá, como ya habíamos apuntado, los saltos entre géneros pueden llegar a descolocar al espectador.

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La estirpe de los sueños y de los poderes psíquicos

La Gran Huida (Dreamscape) puede que sea más importante de lo que parece, al menos en términos de influencia. Es posible que sea, de hecho, el secreto mejor guardado de muchos directores. No cuesta mucho ver similitudes con Origen (2010), en el concepto de la fusión de sueños, y en el uso de esa propiedad para instalar una idea en una persona. Casi automáticamente  podemos pensar en Paprika (2006), donde un experimento similar también tenía inicialmente fines terapéuticos. Hay otras propuestas similares, más de nicho, como  Come True (2020).

Pero es imposible soslayar el paralelismo con Pesadilla en Elm Street (1984), que fue estrenada pocos meses después. Busquen en el poster original de la película de Wes Craven y verán un guiño a La Gran Huida (Dreamscape). No se trata de comparar calidades y presumir que hubo plagio. Pesadilla en Elm Street es un clásico por derecho propio. Aunque cierta escena protagonizada por el antagonista (Tommy Ray) es un parecido mayúsculo.

La Gran Huida (Dreamscape) también toma sus préstamos. El concepto de hombres con poderes psíquicos particulares estaba en La Furia, de Brian de Palma (1978), en la hemoglobínica Scanners, (1981), de David Cronenberg, o en la novela Ojos de Fuego de Stephen King, llevada el propio año 1984 al cine por Mark L. Lester. Y hablando de Stephen King, también estaban los asoladores poderes psíquicos de Carrie, adaptada en 1976 a la gran pantalla, también por Brian de Palma. Quizá el antecedente más remoto pueda ser el último capítulo de la película episódica Tres Casos de Asesinato (1955), donde se introduce el concepto de matar en sueños y donde, por cierto, sale nada menos que Orson Welles.

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Los soñadores

Una de las bazas de La Gran Huida (Dreamscape) es su reparto. Hay dos titanes del cine clásico como Max Von Sydow y Christopher Plummer. El primero está propio en papel de venerable profesor y científico bondadoso, que siempre busca el lado bueno y sereno de sus descubrimientos. Christopher Plummer lleva el solito sobre sus hombros la parte de thriller político. Su personaje de mirada torva y circunspecta es la viva imagen de un conspirador, con un pie al lado del Presidente de los EE.UU y otro en los avances científicos que pueden serle útil. Precisamente con el presidente tiene que ver su arco narrativo, ya que la deriva de su gobierno no satisface sus beneficios. Es la elegante y alargada sombra de las cloacas del estado, por así decirlo.

El protagonismo recae en un joven Dennis Quaid, quien hasta más o menos El Chip Prodigioso (1987) no fue una presencia más reconocible en el estrellato. Antes de esta película, por ejemplo, había participado en Tiburón 3 (1983) pero su momento pleno aún no había llegado. Su desempeño en La Gran Huida (Dreamscape) es bastante aceptable, es el héroe de la película, pero no deja de tener una sonrisa socarrona que le hace parecer siempre irónico. Hasta que el experimento del enlace de sueños no llega a su vida, andaba malgastando sus poderes psíquicos en chanchullos no del todo limpios.

Mención para otro malo; el interpretado por David Patrick Kelly, que desde el primer momento sienta una fría hostilidad hacia Dennis Quaid. También para Kate Capshaw, que tuvo un 1984 de lo más interesante, siendo también la Willie Scott de Indiana Jones y el Templo Maldito. En un papel funcional como científica aliada de Dennis Quaid está más que correcta.

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Conclusión de 'La Gran Huida (Dreamscape)'

La Gran Huida (Dreamscape) es un mejunje de géneros que puede saber extraño, pero que deja un buen regusto por sus propiedades imaginativas y desprejuiciadas. Decididamente amena, y sin dejar de ser un entretenimiento en la línea de los años ochenta, como película es insólita en su habilidad para pasar del abismo de las pesadillas, a la maquinación política. Un título de culto que aunque ha ido ganando reconocimiento, a juzgar por su influencia debería ser rescatado en mayor medida del olvido.

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Mariano González
La vida es mucho más llevadera con películas, libros y discos. A veces ejerzo de plumilla/bloguero y es todavía mejor. Muchos pájaros de celuloide en la cabeza.
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