Lola Blasco extrae el fruto del vientre de Yerma para traer una versión del clásico de Federico García Lorca con La pasión de Yerma. Esta adaptación sigue un texto libre, basado en la famosa obra teatral del granadino. Pepa Gamboa ha sido la encargada de dirigir este montaje, que cuenta con María León como protagonista. Además, a parte de León, también se encuentran en el reparto Jorge Monje, Lucía Espín, Mari Paz Sayago, Diego Garrido y la propia Gamboa. Se mantiene en cartel en Teatros del Canal hasta el 18 de julio de 2021.



Teatros del Canal

Crítica de 'La pasión de Yerma'

Ficha Técnica

Título: La pasión de Yerma
Título original: La pasión de Yerma

Reparto:
María León
Jorge Monje
Lucía Espín
Mari Paz Sayago
Diego Garrido
Pepa Gamboa

Duración: 90 min. apróx.
Dirección: Pepa Gamboa
Dramaturgia: Lola Blasco (a partir de "Yerma", de Federico García Lorca)
Ayudante de dirección: Paco Pena
Asistente de dirección:
Julen Guerrero
Diseño de escenografía: Antonio Marín
Diseño vestuario: Lupe Valero
Dirección musical: Rosario La Tremendita
Producción musical: Rosario La Tremendita y Pablo Martín Jones
Movimiento escénico: María Cabeza de Vaca
Diseño de iluminación: Joaquín Navamuel
Diseño de imagen: Aida Argüelles
Regidor: Carlos Dorrego
Producción ejecutiva: Triana Lorite y Lope García
Dirección de producción: Carmen Almirante
Jefe de producción: Hugo López
Ayudante de producción: Nuria Hernando
Producción: SEDA en Colaboración con el Centro Federico García Lorca, La Fundación Federico García Lorca y Caixabank

Tráiler de 'La pasión de Yerma'

Sinopsis de 'La pasión de Yerma'

En La pasión de Yerma volvemos a profundizar en los conflictos que ya apuntara Lorca, nos adentramos en la tensión entre deseo y moralidad, maternidad y muerte, género y poder, pero lo hacemos desde la libertad que nos ofrece una visión contemporánea. Desde la dramaturgia se ha trabajado pensando más en el último Lorca, el de La casa de Bernarda Alba, de ahí que se haya dotado de mayor protagonismo a los personajes femeninos y a su universo privado.

Del mismo modo que la maternidad no puede ser entendida hoy en día como en el siglo pasado, en esta nueva versión del clásico nos planteamos los diferentes motivos que pueden llevar a estos personajes a desencadenar la tragedia porque, como ya demostrara en su día García Lorca, ni la honra más firme es capaz de sujetar las pasiones. (TEATROS DEL CANAL).



La pasión de Yerma
Foto de SEDA

Las locas no son ellas

Uno de los dramaturgos que prestó especial atención a la mujer fue Federico García Lorca. Por lo cual, no es de extrañar que su legado siga en evolución, hacia una reivindicación de la mujer y la necesidad de seguir buscando una sociedad basada en el feminismo. Por tanto, esta versión de Lola Blasco de "Yerma", abrazada bajo el nombre de La pasión de Yerma, respeta la esencia original de la obra, pero abre el abanico a más definiciones. Así, el protagonismo yace no solo en el simbolismo de la maternidad, sino también en la autorrealización y la censura marital. De esta forma, la obsesión de Yerma viene fundamentada y alimentada con un trasfondo que va más allá. Entre los conceptos que se abordan está el propio deseo, el cuidado interpersonal y romper con la imagen de locura de Yerma.

Gracias a ello, se humaniza la figura de su protagonista, quién es una mujer que busca ser completa, en vertientes totalmente distintas. Además, se introducen elementos que conectan con un bagaje sociocultural actual, como una mayor profundidad en la figura de Juan y sus placeres. Al mismo tiempo, los personajes femeninos aportan el mayor homenaje al relato original, al mantenerse en una esencia que recuerda perfectamente a los personajes de Lorca. Sin embargo, el final huye de la tragedia pura, para dotarla de unas pinceladas que levantan una interpretación más cruda y realista. Es una vuelta de tuerca de esa pasión que consume a Yerma, llevada a una sensibilidad y verosimilitud que la elevan en su laberinto como personaje. Por tanto, el espectador queda encandilado con este nuevo enfoque, que hace sentir las entrañas de lo que acontece en todo momento.

Teatros del Canal
Foto de SEDA

Ser mujer

María León es la encargada de vivir La pasión de Yerma, exponiendo esa metamorfosis necesaria sobre el escenario para convertirse en Yerma. Al igual que su personaje, su transformación y evolución se realiza desde un prisma más ligero y luminoso, culminando en una explosión de oscuridad y tragedia, pero sin caer en lo dramático. De esta forma, León exprime sus emociones sobre las tablas al máximo, adornándolo con esa naturalidad innata con la que ha conquistado a la audiencia desde siempre. Además, se une un brillo especial, transmitiendo esa ingenuidad, al mismo tiempo que impacta ver cómo aborda la decadencia de su Yerma con un uso del cuerpo y la expresividad sublimes. Al final de la obra, se ve que la propia interpretación de León resume visualmente, perfectamente, el camino que sigue la obra en su totalidad. Por ende, llega al alma de la pieza totalmente.

Mari Paz Sayago es una actriz que convierte su interpretación en puro arte. Para empezar, maneja la comedia con absoluta fluidez, dejando al espectador sin aire con la hilaridad que provoca en sus escenas más energéticas. Asimismo, no pasa inadvertido su empleo de la expresividad facial, que conjunta con un uso de la voz y escucha exquisitos. Hay partes en las que los ojos se posan sobre ella, inevitablemente, siendo el foco de atención principal. Por lo tanto, es una de las mejores intérpretes de la obra, simplemente espectacular. Después, Lucía Espín se mantiene en un rango más tierno y blanco, que perdura en toda la pieza con una coherencia escénica óptima. Lo mismo sucede con Jorge Monje, aunque desde un prisma sombrío. El actor arrolla con una potencia estupenda, que combina con una fuerza sobre el escenario increíble. Por último, Diego Garrido cumple, pero no sorprende.

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Lorca despierta en Lola Blasco

El sonido del agua y una sintonía sinuosa se convierten en la carta de presentación de La pasión de Yerma. Ahí es donde se ve la necesidad de ver más trabajos donde las mujeres dan su perspectiva sobre los distintos elementos que conforman una obra. Esa desnudez se plantea desde una elegancia y una sutilidad, que ya desde entonces se sabe la línea que va a envolver la pieza teatral. Esos pequeños detalles son los que engrandecen una puesta en escena, donde las metáforas y señales visuales son imprescindibles. También destaca un uso de la música que se empasta con la imagen, creando una simbiosis atractiva y muy sugerente. Asimismo, la composición lumínica sabe posarse en cada escena, transmitiendo esa gama de sensaciones tan diversas e intrincadas. El apoyo sobre la puesta en escena, permite que el espectador viaje ante una experiencia sensorial y reflexiva.

Los tiempos navegan por una templanza que va encontrándose con esa tensión de una forma orgánica y nada forzada. En esos momentos, se aplaude la labor de la dirección de Pepa Gamboa, que ha sabido reunir todas las piezas y unirlas en un puzzle pasional. Asimismo, el vestuario marca a la perfección cada peón del tablero, escenificando y hablando de cada uno de ellos. Incluso, en el caso de Yerma, se extrae esa polaridad que se presenta en el principio y en el final. El movimiento sobre el escenario llega en una coreografía que combina distintos tipos de seducción, escenificando el revuelo interior del espectáculo. Únicamente, se podrían hacer ciertas transiciones sin romper la magia teatral, ya que son algo toscas y no casan con la esencia de la pieza. Aun así, en conjunto, logra embaucar sin problemas a la audiencia.

La pasión de Yerma
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Conclusión

La pasión de Yerma es una revisión de la obra original de Federico García Lorca, que reivindica la figura de su protagonista en un manto de libertad y comprensión. Por tanto, otorga unos prismas distintos a esa profundidad más feminista, alejándose de una obsesión maternal que ya hablaba de la visión de la mujer de antaño. Por lo que, es una evolución de lo ya denunciado por Lorca. Además, su elenco está soberbio, con una María León natural y sin adornos, que se enraiza en la escena. Junto a ella, Mari Paz Sayago, que está excelente. Por otro lado, la puesta en escena es cautivadora, atrayente y simbólica, donde esa conjunción de imagen y sonido deja un resultado sugerente. Una Yerma que se vacía para llenar las entrañas teatrales de su mensaje embriagador.

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