En 1974 se realizó la versión cinematográfica de La Regenta, a manos de Gonzalo Suárez, conocido realizador asturiano. A pesar de ello, no obtuvo tanta presencia en los medios como haría años después la miniserie protagonizada por Aitana Sánchez-Gijón. No obstante, el film estuvo presente en diverso premios, destacando los Premios del Sindicato Nacional de Espectáculo de España, donde se alzó con un galardón, a mejor actriz para Charo López. Por otro lado, la prensa especializada del momento criticó la elección del reparto, por no seguir los esquemas estándar que se esperaban de los personajes de la mítica obra de Leopoldo Alas “Clarín”. Aun así, tuvo una recepción muy positiva y éxito entre el público. Se estrenó originalmente el 18 de diciembre de 1974. Disponible en FlixOlé.



La Regenta

Crítica de ‘La Regenta’

Ficha Técnica

Título: La Regenta
Título original: La Regenta

Reparto:
Emma Penella (Ana Ozores)
Nigel Davenport (Álvaro Mesía)
Keith Baxter (Don Fermín de Pas)
Adolfo Marsillach (Víctor Quintanar)
Charo López (Petra)

Año: 1974
Duración: 93 min
País: España
Dirección: Gonzalo Suárez
Guion: Juan Antonio Porto
Música: Carmelo A. Bernaola y Angelo Francesco Lavagnino
Fotografía: Luis Cuadrado
Género: Drama
Distribución: Mercury Films

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Tráiler de ‘La Regenta’

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La Regenta (13/20)
  • «Clarín», Leopoldo Alas (Author)

Sinopsis de ‘La Regenta’

Adaptación de la novela homónima de Clarín, que narra las vicisitudes de Ana Ozores y la sordidez de la vida en Vetusta (Oviedo), una ciudad de provincias del norte de España. La joven Ana, casada con un regente jubilado, vive oprimida por la hipocresía provinciana y los temores místicos de una religión absorbente. Sexualmente insatisfecha, acosada por constantes sueños eróticos, revela en el confesionario sus íntimos tormentos, y su confesor, El Magistral, comienza a sentir una morbosa pasión por ella. Paralelamente, Álvaro Mesía, un donjuán, se propone seducirla. La ciudad espera complacida la caída de La Regenta. (FLIXOLÉ).



La regenta
Foto de Mercury Films

Inspirado, que no basado

Gonzalo Suárez fue el encargado de realizar la primera versión cinematográfica de La Regenta, y por el momento la única. Desde el principio de la película se aclara que no se trata de una versión fiel a la famosa novela de Leopoldo Alas Clarín, sino que se inspira en los personajes del escritor. Por lo cual, el guion de Juan Antonio Porto se mueve desde una perspectiva que omite gran parte de la novela, dado que se condensa en una duración de aproximadamente 90 minutos. Aun así, sabe focalizar la problemática que desea abordar, creando ese suspense en torno a la dificultad de las tentaciones en una sociedad marcada por el que dirán. Asimismo, hay que subrayar la universalidad y atemporalidad de los temas en los que profundiza, ofreciendo un relato interesante. No obstante, hay ciertos momentos que rozan el melodrama y restan al resultado global del film.

Lo que pudiera suponer un ultraje para los amantes de la novela original, cabe decir que es curioso mostrar una visión de Ana Ozores desde una vertiente que se aleja de la relación de ingenuidad con juventud. Seguramente, en el guion, no se tuviera en cuenta la edad de Emma Penella, pero con el pasar de los años, se ha convertido en un acierto. La razón no es otra que se produce una ruptura del idealismo de la inocencia y se atribuye a un estilo de mujer distinta, igualmente verosímil y marcada por la sociedad en la que vive. De modo que, sin querer, se convierte en una reivindicación en contra de los estereotipos de la mujer. Sin embargo, no sucede lo mismo con el triángulo amoroso, que, aunque sigue levantando suspiros, se podría esperar algo más de vigorosidad y sustancia, en especial, en los personajes masculinos.

Gonzalo Suárez
Foto de Mercury Films

La ingenuidad de la insatisfacción

La protagonista indiscutible de esta versión de La Regenta es Emma Penella, muy criticada por la edad que tenía en el momento de hacer el papel de Ana Ozores. Paradójicamente, lo que antes podría ser un error de selección de casting, en la actualidad puede ser una representación de la insatisfacción femenina, tras un matrimonio de varios años y escasas relaciones sexuales. A ello se suma una buena ejecución de Penella, que hace un gran esfuerzo de contención y dibuja cierta sensibilidad en su rostro sin perder la fuerza escénica que la caracteriza. Por dicha razón, no se come el papel a la actriz, sino al contrario, Penella pone su sello de identidad en el personaje y le da una verosimilitud innovadora. Pese a ello, para apreciar su trabajo interpretativo, hay que ser capaz de abrir la mente y aceptar un modelo distinto en esta versión cinematográfica actoral.

Por otro lado, Nigel Davenport y Keith Baxter comienzan bastante bien, con unos niveles de energía propicios y cierto magnetismo en escena. A pesar de ello, según va avanzando y se complica el reto interpretativo, se difumina su labor actoral y se queda en un plano excesivamente artificial. Dicho de otra forma, terminan por ofrecer unas actuaciones forzadas y con falta de sentimiento. Además, el doblaje de ambos actores acaba por acrecentar la pérdida de naturalidad en el film. Por suerte, le sucede a la inversa a Charo López. La actriz empieza desde un perfil en segundo plano, que va creciéndose ante la escena y se convierte en un descubrimiento para el espectador. Luego, también aplaudir a Adolfo Marsillach, el cual, dentro de su pausada interpretación, maneja perfectamente su conexión con el resto de actores y el espacio. Asimismo, equilibra la sinergia creada entre el reparto.

Gonzalo Suárez
Foto de Mercury Films

Belleza natural

Como bien es sabido, la ciudad de Vetusta es, en verdad, la capital asturiana de Oviedo. Por lo tanto, no es extraño que para rodar La Regenta se decantase la producción por unos exteriores que mostrasen la espectacularidad de la ciudad. Gracias a ese cuidado de los escenarios en los que transcurre la acción, se puede apreciar un gusto inmejorable de los interiores. En especial, las iglesias, las casas señoriales y las reuniones de sociedad. Al mismo tiempo, se contrasta con el uso de la naturaleza frondosa asturiana, el preciosismo de los bosques y el romanticismo de la belleza, que envuelve a sus personajes y al espectador. Para rematar ese buen gusto estético, hay un trabajo espléndido en la creación del vestuario, maquillaje y peluquería. Por lo cual, no se puede negar que la película ha sacado partido a su influjo creativo y entra por los ojos a la audiencia.

Luego, la dirección de fotografía sabe utilizar los recursos artísticos en su justa medida. Por un lado, intercala planos medios y primeros planos para mostrar esa emocionalidad que se esconde en esta historia de deseos. Y, por otro, da su valor, gracias a los planos generales, al contexto espacial de la cinta. Otro aspecto a destacar es la banda sonora del film, que tiene una calidez que empasta perfectamente con la imagen y subraya los momentos de mayor dramatismo escénico. Únicamente, el montaje sigue un ritmo lineal, que, en ciertos momentos, podría tener más dinamismo. Por lo cual, no hay grandes sobresaltos. Sin embargo, la buena concretización de la problemática principal, la química entre varios de los actores y los espacios naturales suplen esa falta de potencia. Así pues, un resultado notable y galante, donde falta un poco de ímpetu.

La regenta
Foto de Mercury Films

Conclusión

La Regenta es una versión libre que se enfoca en la dificultad del deseo y una sociedad marcada por el que dirán. Además, con el paso del tiempo, se pueda dar una interpretación distinta, donde se rompe con la imagen de la mujer joven e ingenua, por una mujer más madura y con esa necesidad de expresarse. Este nuevo significado se da, en gran parte, gracias a Emma Penella. La actriz da una versión con más potencia de Ana Ozores, pero sin perder esa elegancia y fragilidad que le acompaña. Junto a ella, unas grandes actuaciones de Charo López y Adolfo Marsillach. Por otra parte, los espacios naturales y los escenarios interiores de la película son fascinantes, utilizándolos como un vehículo artístico espectacular. Una perspectiva distinta del clásico de Alas “Clarín”, que se convierte en un placer innovador y gana sentido con el pasar de los años.

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