La Silla, thriller psicológico dirigido por Ángel de la Cruz, conocido por sus trabajos en animación como El bosque animado y El sueño de una noche de san Juan llega a las salas de cine españolas el 29 de mayo de 2026. La Silla sigue a Daniel Lonces, un exitoso escritor de novelas de misterio interpretado por Jaime Lorente, que queda atrapado en una silla sin posibilidad de soltarse, desencadenando una lucha por sobrevivir.



La Silla película

Crítica de 'La Silla'

Ficha Técnica

Título: La silla
Título original: La silla

Reparto:
Jaime Lorente (Daniel Lonces)
Christina Ochoa (Irene)
Eva Rufo
Rodrigo Poisón
Alba de la Fuente
Estíbaliz Veiga
Santiago Molero
Marcelo Carvajal
Marta Fuenar
Pedro Martell
Gabriel Álvarez
Iñaki Urriza
Daniel Urriza

Año: 2026
Duración: 76 min.
País: España
Director: Ángel de la Cruz
Guion: Ángel de la Cruz
Fotografía: Christos Voudouris
Música:
Género: Thriller
Distribuidor: AF Pictures

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Tráiler de 'La silla'

Sinopsis

Daniel Lonces es un joven escritor de novelas de misterio que ha conseguido todo lo que deseaba en la vida, (bueno casi todo). Ha alcanzado lo que siempre ha soñado: es popular, le requieren con frecuencia en los medios de comunicación, está casado con una mujer que le quiere, tiene un precioso niño pequeño y se dedica a lo que le gusta ¿qué más puede pedir?

Por supuesto, esta idílica (o quizá no tanto) existencia se verá inesperadamente truncada. Un día, realizando una pequeña prueba para una de sus novelas quedará accidentalmente atado a una silla sin posibilidad de soltarse. Poco a poco la situación se complicará de forma imprevisible y Daniel tendrá que luchar contra las circunstancias, en inferioridad de condiciones, para salvar su vida y la de los seres que ama. Una situación que progresivamente va adquiriendo tintes dramáticos, en una espiral de intriga, dolor y tensión. (AF Pictures)

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El infierno empieza con algo ridículo

La idea de La Silla tiene algo perversamente atractivo, porque convierte un gesto absurdo y cotidiano en una pesadilla claustrofóbica, y durante un rato la película consigue transmitir bastante bien esa angustia creciente, el cuerpo inmovilizado, el tiempo deformándose y la sensación humillante de depender de pequeños detalles para sobrevivir.

El problema es que el guion necesita complicar constantemente la situación para mantener tensión, y cada nuevo giro vuelve el conjunto menos creíble. Lo que empieza como thriller psicológico relativamente eficaz acaba entrando en una espiral de coincidencias, amenazas y dramatismos que rozan lo inverosímil. La película quiere convertir una situación mínima en una tragedia total.

Jaime Lorente

Exprimiendo una premisa limitada

Ángel de la Cruz entiende bastante bien el potencial físico de la historia, la inmovilidad del protagonista obliga a construir tensión desde detalles pequeños, sonidos, llamadas, silencios, objetos fuera de alcance. Las primeras escenas tienen cierta eficacia angustiosa, pero mantener una película entera alrededor de alguien atado a una silla exige una precisión narrativa enorme. Ahí empiezan los problemas, la dirección recurre progresivamente a artificios cada vez más visibles para evitar el estancamiento.

Flashbacks, amenazas externas, conflictos familiares, peligros crecientes, todo parece diseñado para impedir que el espectador piense demasiado en lo improbable de la situación. La tensión existe, la naturalidad desaparece poco a poco.

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El hombre atado

Jaime Lorente carga prácticamente solo con el peso emocional y físico de La Silla, y lo cierto es que consigue mantener interés más tiempo del que probablemente merecería el material. Transmite bien la mezcla de desesperación, miedo y rabia creciente a medida que la situación se vuelve insostenible.

El problema es que el personaje está escrito de forma algo irregular, a veces parece un hombre inteligente intentando sobrevivir, otras actúa únicamente para que el thriller continúe complicándose. Los secundarios funcionan sobre todo como elementos narrativos alrededor de su encierro más que como personajes realmente desarrollados.

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Claustrofobia eficaz

La Silla aprovecha razonablemente bien el espacio reducido, la cámara insiste en la inmovilidad, el sudor, los pequeños gestos frustrados y la sensación de vulnerabilidad física constante. La fotografía y el sonido ayudan a construir incomodidad, especialmente en los momentos más silenciosos. El montaje acaba abusando de sobresaltos y giros continuos para mantener energía narrativa, la película teme demasiado quedarse quieta, cuando precisamente su mayor virtud estaba en esa angustia estática inicial.

Jaime Lorente

Conclusión de 'La Silla'

La Silla tiene una idea curiosa y algunos momentos de verdadera incomodidad. Durante su primera mitad logra que algo aparentemente ridículo resulte angustioso, pero cuanto más intenta crecer el thriller, más artificial se vuelve todo. El guion acumula complicaciones hasta convertir la premisa en algo progresivamente menos creíble y más mecánico.

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