Alfredo Sanzol escribe y dirige La ternura, obra de comedia ambientada en el siglo XVI, en la España de Felipe II. Este proyecto nació del Teatro de la Ciudad, durante el proceso de talleres, que terminaron de germinar esta pieza teatral. Con influencias en la obra de Shakespeare, se ve marcada sobre todo por títulos como “La tempestad” y “Noche de reyes”, además de “Como gustéis”, “Mucho ruido y pocas nueces” e incluso “Sueño de una noche de verano”. El éxito de esta obra ha sido muy destacado, llevándose el Premio Max al mejor espectáculo de Teatro en 2019, consolidando así el éxito que tiene en la industria teatral. Desde el 20 de noviembre en el Teatro Infanta Isabel.



La ternura

 

Crítica de ‘La ternura’

Ficha Técnica

Título: La ternura
Título original: La ternura

Reparto:
Paco Déniz (Verdemar)
Elena González (Reina Esmeralda)
Natalia Hernández (Princesa Salmón)
Juan Ceacero (Azulcielo)
Emilio Gavira (Marrón)
Eva Trancón (Princesa Rubí)

Duración: 105 min. apróx.
Dirección: Alfredo Sanzol
Dramaturgia: Alfredo Sanzol
Escenografía y vestuario: Alejandro Andújar
Iluminación: Pedro Yagüe
Música: Fernando Velázquez
Ayudante de dirección: Beatriz Jaén
Ayudante de escenografía y vestuario: Almudena Bautista
Producción ejecutiva: Jair Souza-Ferreira
Ayudantes de producción: Elisa Fernández y Sara Brogueras
Director técnico e iluminación: Juan Luis Moreno
Técnico de sonido: Enrique Mingo
Maquinista: Fernando Díaz
Regidora y sastra: Remedios Gómez
Mánager de gira: Javier Zapardiel
Dirección de producción: Miguel Cuerdo
Comunicación: ElNorte Comunicación
Género: Comedia
Producción: Teatro de la Ciudad

Tráiler de ‘La ternura’

Sinopsis de ‘La ternura’

La ternura cuenta la historia de una reina algo maga y sus dos hijas princesas que viajan en la Armada Invencible obligadas por Felipe II a casarse en matrimonios de conveniencia con nobles ingleses una vez que se lograse con éxito la invasión de Inglaterra. La Reina Esmeralda odia a los hombres porque siempre han condicionado su vida y le han quitado la libertad, así que no está dispuesta a que sus hijas tenga el mismo destino que ella. Cuando la Armada pasa cerca de una isla que La Reina considera desierta crea una tempestad que hunde el barco en el que viajan. Su plan es quedarse a vivir en esa isla con sus hijas para no volver a ver un hombre en su vida. El problema es que eligen una isla en la que desde hace veinte años viven un leñador con sus dos hijos que huyeron allí para no volver a ver una mujer en su vida. En cuanto la reina y las dos princesas descubren que no están solas se visten de hombres para protegerse. Y aquí comienzan las aventuras, los líos, los enamoramientos, y las confusiones. (TEATRO DE LA CIUDAD).


La ternura
Foto de Teatro de la Ciudad

Hasta lo recóndito del sentir

Alfredo Sanzol ha sido el encargado de crear una de las obras más sorprendentes de la cartelera teatral española. La ternura se desmarca de otras obras con las que comparte el género con una personalidad arrolladora. Se puede ver la influencia del teatro de Shakespeare con la utilización del lenguaje y la elegancia compositiva que hay en ella. La tragedia marcada por el romanticismo entra en la obra, pero de una forma suave y sin llevarlo al extremo. Pese a ello, la comedia invade la historia, con una inteligencia y una sensibilidad, que no chirrían en ningún momento. El libreto goza de una complejidad con la que el espectador queda marcado, dado que pese a ubicarla dentro del siglo XVI, mantiene un mensaje muy actual e importante de escuchar. Convierte lo inverosímil en creíble y engancha al público hasta la última palabra.

Las relaciones que se presentan llegan desde un combinado de prejuicios que se van rompiendo según avanza la obra. Es impresionante ver cómo maneja la dramaturgia de tal forma que respetando los parámetros del teatro isabelino, sigan confluyendo con una cercanía absoluta. La manera de desenvolverse la acción está llena de momentos hilarantes. El espectador disfruta tanto lo que se ve sobre el escenario, que el debate que propone deja huella sin tener que forzarlo. Es muy orgánica y aprovecha al máximo los elementos narrativos que intervienen en ella. No se notan flaquezas en el guion y triunfa al desarrollar un sello propio. Podría convertirse en un clásico teatral, dado que tiene todos los ingredientes para perdurar en el tiempo y sea disfrutable para todo tipo de épocas y generaciones.

Foto de Teatro de la Ciudad

La pasión desenfrenada

En el primer momento que se empiezan a suceder las distintas problemáticas, se puede ver la importancia interpretativa que exige la obra. La ternura está protagonizada por Paco Déniz, Elena González, Natalia Hernández, Juan Ceacero, Emilio Gavira y Eva Trancón. En primer lugar, Déniz tiene una sinergia tanto con su personaje como con lo que ocurre en escena. Notable en la primera parte, excelente en la segunda. Acaba por tomar un peso que sublima su interpretación y lo eleva. Luego, Gónzalez tiene una firmeza que le permite no excederse de rigidez y darle cuerpo a su interpretación. Una proyección de la voz excelente, que responde a las necesidades de la obra. Por su lado, Hernández tiene una tonalidad interpretativa peculiar que la utiliza en favor de la comedia y goza de un dinamismo que se agradece.

Por su parte, Ceacero tiene la capacidad de transmitir esa ingenuidad alejada de la corrupción del pensar. Llega hasta ese punto sin quitarle carácter a su personaje, no lo lleva por la tierna estupidez, sino que da el contrapunto que equilibra la pieza. Además, utiliza el lenguaje expresivo y físico con una energía soberbia. Luego, Gavira está magnífico. Se puede ver el disfrute interpretativo que hay detrás y su capacidad para la comedia. Pisa fuerte la escena y le da un ritmo, que se une a la perfección con el resto de sus compañeros. Por último, Trancón es extrema, pero controlando la intensidad. Va de menos a más, por lo que va dejando pequeñas subidas hasta que termina por culminar. Una interpretación certera y que termina de redondear el gran elenco que hay. Una muestra de la eficacia de brillar como reparto coral.

Foto de Teatro de la Ciudad

La magia del teatro

Es difícil saber elegir una escenografía acorde a la riqueza de La ternura, pero Alejandro Andújar ha sabido captar la esencia y utilizar el lenguaje teatral a su favor. La puesta en escena no se excede en cuanto a elementos, por lo que evita tener una visión sobrecargada. De esta forma, le permite saber ubicar el foco en todo momento. Como si de una fábula se tratase, ha confeccionado un espacio que evoca a la isla donde transcurre la acción, que se va transformando ante los ojos del espectador utilizando la creatividad de éste.

Es importante ver el efecto que crea al no utilizar cambios de escenografía, ya que le permite jugar con la percepción del espacio de esta manera. Además, cuenta con suficiente sitio para facilitar la interacción física requerida por la acción. Únicamente, el montaje cierra la obra de una forma un tanto abrupta, aunque no le pasa factura, el espectador podría preferir un final con menos ruptura.

Junto a esta puesta en escena aparentemente sencilla, hay que destacar los elementos que sí se mueven a lo largo de la pieza. Se aprovechan de ellos para justificar de forma creativa y narrativa lo que sucede en ella y le da ciertas particularidades que evocan a un ambiente más mágico. Por otro lado, la iluminación es uno de los puntos más importantes. Se compone de manera que ubica al espectador, ejerce de transición y hay puesta en ella la función de subrayar la energía dramática, que se ejerce en cada escena. Brillante. Y no se puede hablar de esta obra sin mencionar el gran trabajo de vestuario. Los trajes son impecables y los cambios de vestuario tienen una potencia artística excelsa. Sin ellos, el resultado no sería el mismo.

La ternura
Foto de Teatro de la Ciudad

Conclusión

La ternura es de esas obras que quedan marcadas en la memoria del espectador. Una tragedia en la que las carcajadas no tienen final. Un guion inteligente que ha sabido combinar la comedia con una profundidad elegante y sutil. Sabe cuál es su mensaje y lo transmite a la perfección. Unos personajes muy ricos que se subliman con las grandes interpretaciones del reparto. Tienen un brillo especial que inunda el patio de butacas. La realización técnica es excelente con un cuidado meticuloso. Una obra que evoca a Shakespeare, pero que seguramente si éste estuviera vivo la disfrutaría al máximo. Una obra contemporánea que puede ser perfectamente un clásico de nuestro tiempo.

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