El cineasta israelí Nadav Lapid presentó en la última edición del Festival de Berlín, en 2019, su nuevo trabajo, Sinónimos. Consensuando jurado y prensa, la película se llevó tanto el Oso de Oro como el premio de la crítica. El director venía de triunfar con su segunda película, Profesora de parvulario (2014), la cual ya tiene un remake norteamericano. De aquí dio el salto a la producción internacional, ya que Sinónimos es una coproducción franco-israelí. Ahora, la película, con similitudes a la vida de Lapid, se estrena en cines el 14 de febrero.



Sinónimos

Crítica de ‘Sinónimos’

Ficha Técnica

Título: Sinónimos
Título original: Synonymes

Reparto:
Tom Mercier (Yoav)
Quentin Dolmaire (Emile)
Louise Chevillotte (Caroline)
Uria Hayik (Yaron)
Olivier Loustau (Michel)
Yehuda Almagor (El padre de Yoav)
Gaya Von Schwarze (Tamar)
Gal Amitai (Eyal)
Idan Ashkenazi (Roey)
Dolev Ohana (Amit)

Año: 2019
Duración:  123 min.
País: Francia
Director: Nadav Lapid
Guion: Nadav Lapid, Haim Lapid
Fotografía: Shai Goldman
Música: —-
Género: Drama. Comedia
Distribuidor: La Aventura Audiovisual 

Filmaffinity

IMDB

Tráiler

Sinopsis

Yoav, un joven israelí, marcha a París con la esperanza de que Francia y los franceses lo salven de la locura de su país.

Nada más llegar a la ciudad, Yoav se queda literalmente desnudo, sin posesiones ni identidad. Renace así de cero, renegando de Israel y del hebreo, y establece una intrincada y sensual relación con su benefactor Émile y su novia Caroline. (La Aventura Audiovisual)

Premios

  • Festival de Berlín: Oso de Oro (mejor película) y Premio FIPRESCI. 2019
  • Festival de Sevilla: Mejor dirección. 2019


Sinónimos de una relación tóxica

Sinónimos comienza con la llegada a París de un joven mochilero que accede a una vivienda desamueblada. Tras tomar una ducha, descubre que sus pertenencias han desaparecido. Así que acude en busca de auxilio de los vecinos. Pero ninguna puerta abre a un desconocido en pelotas. A la mañana siguiente una pareja de vecinos jóvenes y curiosos entran al ver la puerta de un piso abierto. Estos buenos samaritanos, al ver al joven en la bañera inconsciente, deciden acogerlo en su hogar. Enseguida se dan cuenta de que es judío, la circuncisión no engaña. Pronto el joven despierta recibiendo comida, techo y ropa. Su nombre es Yoav y viene de Israel. Y reniega del hebreo y todo su pasado.

Emile y Caroline, por su parte, son dos amigos acomodados e intelectuales que comparten piso. Ella, músico profesional de orquesta; él, escritor frustrado. Ambos ven en Yoav una oportunidad de redimir sus vidas grises y aburridas. Así, Yoav parece sentirse en deuda con ellos siempre. Y ofrece a cada uno lo que desea, siendo sinónimos de una relación tóxica. Pero Sinónimos es algo más que un triángulo vicioso. Es la búsqueda de Yoav por encontrar un futuro de paz interior. Como soñaba desde que huyese de su país y del ejército al que perteneció. Sin embargo, desaprovecha las oportunidades que recibe o no elige bien su camino. Lo cual le provoca unas inseguridades y frustraciones que le harán enloquecer hasta límites insospechados.

Sinónimos
© Guy Ferrandis

La Nouvelle vague es una clara referencia

Yoav es un personaje que recuerda al joven e ingenuo Joe Buck de Cowboy de Medianoche (John Schlesinger, 1969). Pero las facciones y los gestos de Tom Mercier se acercan más al coetáneo y salvaje Tom Hardy. El contrapunto lo ofrecen Quentin Dolmaire y Louise Chevillotte, algo más comedidos en lo que se refiere a su actuación. Un acierto por parte del casting de la película.

La Nouvelle vague es una clara referencia cinematográfica para Sinónimos. Aunque solo comparta el tema de la amistad, recuerda algo a Jules y Jim (François Truffaut, 1961). Y, visualmente, es innegable la influencia del atrevido Jean-Luc Godard. Esto es un hecho que el propio director reconoce en entrevistas. Para conseguir ese realismo, Shai Goldman le da el nervio y la calma que necesita la cámara en cada momento preciso. Recurre al esteticismo como recurso que combina los diferentes enfoques de cámaras (de cine y móvil) sin tener mayor explicación.

Siguiendo con la historia, la salvación de Yoav en París acaba mostrando su lado más oscuro. Primero, la renuncia al hebreo como protesta contra lo establecido (su padre, el ejército). Después, el deseo irrefrenable de triunfar (conseguir la nacionalidad francesa, sobrevivir escribiendo sus propios relatos) aprendiendo francés con un diccionario. Al final acaba usándolo para encontrar los sinónimos con los que define a su (abominable) país de origen. Lo que se traduce en sinónimo de fracaso social.

Synonymes
© Guy Ferrandis

Sinónimos un ejercicio de auténtica libertad

Aunque Sinónimos beba de la biografía del propio director, se trata de una trama muchas veces vista en cine. La historia del ex militar tronado que llega a la ciudad y cree tener autoridad para alzar la voz. Si bien el libreto de Navad Lapid es inteligente y equidistante. Aquí abre debate sobre temas de estado tan candentes como la religión o el terrorismo. Las referencias a los atentados contra la comunidad judía en el país de las crepes son continuas. De los diálogos subyacen opiniones contrapuestas. Y con ninguna se casa: ambas razones, la francesa y la israelí, son imperfectas. Lo que más sorprende es que no caiga en la autocensura. Ya que el film fue financiado con fondos públicos de Francia e Israel.

Ese atrevimiento por no dejarse llevar hace de Sinónimos un ejercicio de auténtica libertad. La experiencia personal de Lapid resuena en cada secuencia del film, y eso es pura frescura. Este viaje lo hizo, sin una explicación aparente, hace veinte años impulsado por sus ídolos Napoleón, Godard y Zidane. Tres grandes genios en los que fijarse en lo bueno y en lo malo. Lapid quería retratar la doble miseria de vivir en la inmundicia y la insatisfacción personal. El resplandor de Víctor Hugo también está presente en la obra.

Sinónimos
© Guy Ferrandis

Conclusión

Que Nadav Lapid sea reconocido ahora es cuestión de trabajo duro y mucho sacrificio. Ahora muestra lo que sintió en sus orígenes en Europa en Sinónimos, último Oso de Oro y premio de crítica. El realismo de la Nouvelle vague se instala en este film turbio y mordaz. Que no deja en tan buen lugar a nadie, como se presuponía. Aunque sea un relato de ficción, los personajes de Emile y Caroline, por ejemplo, existen realmente. Y Yoav, pese a ser fruto de una voz interior, tiene reminiscencias de verdad.

Está bien que los Estados sean atizados de vez en cuando por sus propios beneficiarios. Se trata de vivir en comunidad, y la realidad política abruma actualmente. Cada organización protege a los que se posicionan en su extremo, no así las personas que piensan a su manera. Y son precisamente estas quienes más apoyo necesitan. Las cosas funcionarían mejor. Y el mensaje de Nadav Lapid es contundente. Cuidado con el odio.

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