Los Goya 2018: “Chanantes” descafeinados y feminismo de salón

Presentar la gala de los Goya se ha convertido en algo similar a ir a Eurovisión. Lo único inteligente es disfrutar de la experiencia porque el final sabes que, inevitablemente, va a ser un fracaso. El tándem chanante de Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla no ha sido una excepción a esta regla. Los Goya 2018 de los cabezones ha sido aburrida y, a pesar de la expectación, previsible. Partamos de la base de que hacer digerible una entrega de premios es complicado. Son demasiadas categorías y las galas se alargan como una condena. Contra eso ni el mejor showman puede luchar.

Resumen de los Goya 2018

Presentación de la Gala

Este año algunos esperábamos más. Reyes y Sevilla tienen un humor particular. Seguramente, demasiado personal para algunos. O entras en él o no. No es convencional. De ahí que lo mejor de la gala fueran las caras de póker de los invitados. Con todo, se les notaba nerviosos y no dieron de sí lo que se esperaba. Aunque hubo algún gag pregrabado bueno (el de las musas), perdieron la oportunidad de reírse del cine español (tan encantado de haberse conocido) desde dentro. Lo habían hecho en 2009 cuando intervinieron en la gala presentada por Carmen Machi. Les pudo el miedo. Ni contentaron a sus incondicionales ni ganaron a los que nunca lo van a ser.

La naturalidad de Julita Salmerón

Las colaboraciones entregando premios tampoco fueron una ayuda. Sosos a morir y con réplicas estúpidas antes de entregar los galardones. Los discursos a la hora de recibir los premios tampoco fueron para echar cohetes. La falta de originalidad de siempre. La mejor y más natural fue Julita Salmerón, la madre de Gustavo Salmerón cuando subieron a recoger el Goya a la Mejor Película Documental por Muchos hijos, un mono y un castillo, una pequeña joyita.

Santiago Segura y Paquita Salas

Se salieron de la norma monocolor Santiago Segura y Paquita Salas (Brays Efe). El primero hizo un speech lleno de puyitas a la industria. La segundo un número lleno de humor petardo que generó más caras de póker entre los invitados. Supongo que era demasiado gayer para ellos. Al final, se nos nota el pelo de la dehesa.

Marisa Paredes Goya de Honor 2018

Hasta la entrega del Goya de Honor fue fría. Normalmente este es el premio más emotivo de la noche, pero este año parecían tener ganas de quitarse de encima el asunto. La premiada, Marisa Paredes, estuvo breve y más que correcta en su minidiscurso. Uno piensa que los premios, que no dejan de ser un circo, sólo deberían dárselo a quién sepa recibirlos. A Paredes le habían escamoteado muchos (“Por fin, nos vemos” dijo al recibir el premio).

Los Triunfadores

En cuestión de premios, que es lo importante, aunque se nos olvide rápido, hubo sorpresa. Arrasó Handía, la historia del gigante vasco del siglo XIX, que se llevó diez Goyas a casa. Ganó sobre todo técnicos y algún artístico, convirtiéndose en la más premiada de la historia después de Mar Adentro y ¡Ay Carmela!.

Handia
Handia triunfadora en los Goya 2018 con 10 cabezones

El resto de premios se saltaron el guion que durante días nos hizo creer que la gran vencedora sería la subyugante Verano 1993 que, finalmente, se alzó con los de mejor Dirección Novel (Carla Simón), mejor actor de reparto (David Verdaguer) y mejor actriz revelación (Bruna Cusi). El premio gordo se lo llevó La librería que también ganó a la mejor dirección para Isabel Coixet y del mejor guion adaptado.

La Librería
Foto: ©Miguel Córdoba

Los perdedores

Con todo, los premios se parecieron a los de otros años. Los grandes perdedores de la noche fueron las novedades del cine español, siempre tan endogámico. La llamada de Javier Calvo y Javier Ambrossí casi se va de vacío (salvo el premio a la mejor canción) a pesar de ser todo un fenómeno social y haber arrastrado a la gente a los cines. La originalidad de Pieles de Eduardo Casanova se fue de vacío. La cinta de terror Verónica se llevó un premio menor (mejor sonido). Muchas chuminadas reivindicativas, pero seguimos cerrados a lo nuevo. ¿Un musical con monjas? ¿Una apuesta estética arriesgada? ¿una película de género? Ni hablar. Siempre por el mismo carril.

Goya 2018
Javier Ambrossi y Javier Calvo. Foto: ©Miguel Córdoba

Reivindicación feminista

Como todos los años hubo un tema para reivindicar. Antes muertos que hablar sólo de cine. Este año, ¡sorpresa!, tocó el feminismo. Si Hollywood hace algo nosotros detrás como corderitos no sea que desaparezca ese absurdo complejo de inferioridad. Si ellos tuvieron su hastag en los Globos de Oro, nosotros tuvimos el nuestro: #+mujeres. Si ellos se visten de negro para reivindicar nosotros llevamos todos un abanico rojo. Supongo que lo del complemento era por parecer más cañís porque un abanico en pleno invierno en Madrid es como llevar un triquini en el polo.

Goya 2018
Foto: ©Miguel Córdoba

No triunfó la gilipollez de Isabel Coixet de ir todos en pijama. Evidentemente, las grandes marcas no lo habrían permitido. Casi todos van de prestado en la gala y si no hay marca visible no hay traje. Como dijo la gran Bibiana Fernández en una ocasión “casi ninguna actriz de este país se puede permitir un Dior”. Pues eso, todo muy progre y muy moderno y muy igual a lo que se hace a otro lado del Atlántico.

Discurso de Pepa Charro

El discurso de Pepa Charro, alejada de alter ego La Terremoto de Alcorcón, lleno de verdades y algún que otro tópico. ¿Qué hay pocas nominadas? Claro. ¿Tal vez por qué hay pocas contratadas? Silencio. Que una realidad hipócrita no nos estropee un discurso bien pensante.

Conclusión

Pues nada al final seguimos siendo el país de Bienvenido, Mr. Marshall. Hablando de Berlanga, a él nunca le hicieron falta los Goya para ser un grande. Tampoco lo necesitaban los chanantes para salir escaldados.

Foto de Portada de ©Miguel Córdoba

Nací en León el mismo año que Sarah Ferguson se convirtió en duquesa de York y me gradué en Historia cuando Juan Carlos I abdicaba. Mis profesores me profetizaron un nefasto futuro lo que me convenció de que el periodismo era la salida perfecta. He trabajado en la Cadena COPE y Punto Radio y publicado artículos en revistas underground con seudónimos no reproducibles. Publiqué en 2010 el libro “Esa bella mentira” donde descubrí que la disección puede ser un género literaria perfecto. Escribo con la tele encendida, descubrí el intimismo el mismo día que aprendí a manejar una olla exprés y para mi futuro solo espero no acabar como un Kennedy.

David González

Nací en León el mismo año que Sarah Ferguson se convirtió en duquesa de York y me gradué en Historia cuando Juan Carlos I abdicaba. Mis profesores me profetizaron un nefasto futuro lo que me convenció de que el periodismo era la salida perfecta. He trabajado en la Cadena COPE y Punto Radio y publicado artículos en revistas underground con seudónimos no reproducibles. Publiqué en 2010 el libro "Esa bella mentira" donde descubrí que la disección puede ser un género literaria perfecto. Escribo con la tele encendida, descubrí el intimismo el mismo día que aprendí a manejar una olla exprés y para mi futuro solo espero no acabar como un Kennedy.

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