Sergio Martínez Vila estrenó el pasado 18 de febrero de 2021 Mapa de heridas, una obra teatral que aborda la violencia sexual, a través de una dramaturgia emocional e intimista. La pieza teatral explora las consecuencias del abuso, yendo hacia la profundidad más interna, representada en los personajes que van apareciendo en la obra. Para ello, el espectáculo teatral ha contado con Cristina de Anta y Óscar Oliver, como intérpretes de la obra. Se puede disfrutar hasta el 28 de febrero de 2021 en la Sala Cuarta Pared.



Mapa de heridas

Crítica de ‘Mapa de heridas’

Ficha Técnica

Título: Mapa de heridas
Título original: Mapa de heridas

Reparto:
Cristina de Anta
Óscar Oliver

Duración: 90 min. apróx.
Dirección: Sergio Martínez Vila
Dramaturgia: Sergio Martínez Vila
Diseño de producción: Pablo Villa Sánchez
Creativo técnico / Diseño de luces:
Juan Miguel Alcarria, Antonio Colomo
Escenografía:
Silvia de Marta
Diseño de vestuario y ayudante de escenografía:
Nicolás Augusto
Cartel y diseño:
Sofía Magán
Fotografía:
Danilo Moroni
Vídeo y edición:
Elena Garrido
Prensa:
DyP Comunicación
Agradecimientos:
Centro Cultural Paco Rabal
Producción: La Madre del Cordero

Reportaje de ‘Mapa de heridas’

Sinopsis de ‘Mapa de heridas’

Mapa de heridas nos presenta a Ana, que se cita con cuatro hombres diferentes, todos mayores que ella: un jubilado de la construcción, un jefe de almacén, un padre de familia que busca sexo con chicas jóvenes y un divorciado que vive con sus padres. Ellos no se hacen una idea de quién es Ana, pero Ana sabe muy bien lo que ellos le hicieron a su madre treinta años atrás. La violaron por turnos. La dejaron embarazada.

Y Ana, que fue el fruto involuntario de ese ataque, creció toda su vida creyendo que el hombre que la había criado era su padre biológico. Ahora que ha descubierto la verdad de su origen, siente que hay algo que debe hacer con todos ellos. Pero no sabe el qué. Sólo sabe seguir un impulso que tal vez la ponga en peligro. O tal vez el mayor peligro de todos sea el de encontrarse cara a cara consigo misma. (SALA CUARTA PARED).



Mapa de heridas
Foto de La Madre del Cordero

El laberinto del trauma

La experiencia artística de Sergio Martínez Vila avala su característica perspectiva a la hora de abordar diversos temas que ha realizado a lo largo de su carrera. Con Mapa de heridas el dramaturgo habla de las consecuencias de la violencia sexual, con sus pertinentes víctimas y verdugos. No obstante, lejos de seguir un esquema más concreto, el relato nada en un surrealismo confuso, donde el verdadero significado se halla en el propio devenir de la percepción de lo que acontece. Con la mente amplia y dispuesto a dejarse llevar por el maremoto de estímulos, se dice más acerca de las consecuencias con los silencios que con el texto. Martínez Vila sabe perfectamente lo que quiere contar y sobre todo, como lo quiere hacer. Esta visión reflexiva y visceral demuestra la importancia de realizar un guion basado también en el propio concepto del cuerpo y de aquello que no se dice.

Una de las razones por las que se comprende ese universo experimental es la dificultad de hablar de algo que no se puede explicar, sino directamente sentir. Inclusive, los propios personajes lo llegan a pronunciar en sus diálogos, lo que expone la sensibilidad del dramaturgo frente a la violencia sexual, que sigue siendo uno de los grandes males de la sociedad actual. Además, la forma de retorcer la realidad hace que el espectador se quede perplejo, magnetizado por una sintonía atrayentemente tétrica y profunda. También hay que destacar que no sólo explora las consecuencias dramáticas, sino la configuración psicológica y sexual de la que tanto cuesta hablar en sociedad. Por lo cual, se aplaude la valentía de afrontarlo y aportar una visión realista de ello, dado que no es fácil obtener unas sensaciones tan crípticas y personales.

La Madre del Cordero
Foto de La Madre del Cordero

El camino del conocimiento

Este viaje vivencial viene de la mano de Cristina de Anta y Óscar Oliver, quienes dan vida a los protagonistas de Mapa de heridas. En primer lugar, De Anta se deja la piel ante ese universo extraño, no perdiendo en ningún momento la concentración y teniendo esa conexión especial con la puesta escénica. Por un lado, se mimetiza con las sensaciones incómodas, haciendo que su propio cuerpo y expresión sean los que hablen. De igual manera, presenta ese contraste intimista, donde se conjugan la venganza, la extrañeza, la confusión y el remolino de sensaciones que experimenta su personaje. Gracias a ello, la actriz brilla ante una interpretación compleja, donde no tiene mayor recursos que su propia habilidad como actriz. De esta manera, se confirma el talento de la intérprete, cumpliendo con un reto como este.

Por su parte, Óscar Oliver no se queda atrás, al contrario, se mantiene al mismo nivel que De Anta. A diferencia de su compañera, Oliver va componiendo distintos personajes según va desarrollándose la pieza teatral. Ese difuminado entre unos y otros no le dificulta que demuestre ese talante y ese sentir sobre la escena. Hay momentos en los que llega a emocionar, por ir de lleno al fondo de su personaje y desnudar su alma al completo ante el espectador. Como se ha comentado antes, el sentir en esta obra es imprescindible y sería imposible sin la pasión y el desgarro energético que supone para sus actores. Por lo que, ambos intérpretes están soberbios, demostrando una conexión artística necesaria y un uso del movimiento excelente. Incluso, hay que destacar, el cuidado en la gestualidad en el más mínimo detalle.

La Madre del Cordero
Foto de La Madre del Cordero

La hipersexualidad del dolor

Un texto basado en una conjunción de energías es difícil de plantear a la hora de elegir su puesta en escena. Mapa de heridas apuesta por buscar, a través de sus objetos y los distintos aspectos técnicos, la manera de sofocar al espectador. Y lo consiguen. Para comenzar, la estructura no sigue una linealidad concisa, lo que hace que el público experimente ese juego de emociones y experimente el caos del camino de su protagonista. Sin embargo, ese desorden no se percibe como desorganizado, sino que sigue su propia coherencia. Con lo cual, el sello de identidad es totalmente personal, lo que hace que se desmarque de producciones de una índole parecida. Muestra de ello es el conglomerado de botellas de vidrio que forman parte de la escena, que indican una buena metáfora visual, al mismo tiempo que cumplen su función narrativa.

Únicamente, esta creación de cristal arriesga en la concreción de movimiento, dado que limita muchísimo a sus actores. Si se cumple la coreografía, logra un efecto de incomodidad increíble. Pero, el conflicto surge cuando algunas botellas caen y no parece que sea parte de la puesta en escena. Después, la iluminación es estupenda, con una composición tenues y sórdida, que culmina la propia esencia de la pieza teatral. Lo mismo sucede con la música, la cual provoca incluso momentos chirriantes, dejando aturullar al público. Por último, destacar ese final poético y oscuro, en el que se conjuga un camino sinuoso y espinoso. Esa mezcla de luminosidad y de impuro, mezclado con efusividad, dolor, pero terminando con ese halo de reflexión, de lucidez muy sutil. Sin duda, en su conjunto, triunfa por la disposición de sus elementos escénicos.

Mapa de heridas
Foto de La Madre del Cordero

Conclusión

Mapa de heridas habla de la violencia sexual, a través de una obra críptica y donde lo que no se puede explicar, se siente. Un análisis basado en estímulos y una sensibilidad que explora más allá de las consecuencias aparentes, yendo más allá. Para ello, cuenta con dos actores que se dejan la piel y logran un trabajo exquisito. Asimismo, la propuesta escénica termina de redondear este laberinto de sensaciones, que culmina con una estructura que lleva al espectador a sentir ese caos visceral y vive la obra en su totalidad. Un viaje hacia el interior existencial sobre aquellas personas que han sufrido en sus carnes las consecuencias de una violación.

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