Con Monsieur Verdoux, Charles Chaplin dio un importante viraje en su carrera al hacer uso del humor negro en grandes cantidades. Inspirada en la vida real del asesino francés Henry Desiré Landrú, la película desconcertó profundamente tanto a crítica como a público. Afortunadamente con el transcurrir de los años, se ha rehabilitado su mérito cinematográfico y ha ganado en consideración. Chaplin, como suele ser habitual, ejerce de factótum y se encarga del guion (que tiene su semilla en una idea de Orson Welles), de la dirección, de la música y de la actuación principal. Obtuvo una nominación al Óscar al mejor guion original en 1947.



Monsieur Verdoux

Crítica de ‘Monsieur Verdoux’

Ficha técnica

Título: Monsieur Verdaux

Reparto:
Charles Chaplin (Henri Verdoux – Alias Varnay – Alias Bonheur – Alias Floray)
Mady Correll (Mona Verdoux)
Allison Roddan (Peter)
Robert Lewis (Maurice Bottello)
Audrey Betz (Martha)
Martha Raye (Annabella Bonheur)
Ada May (Annette)

Año: 1947
Duración: 124 min.
País: Estados Unidos
Director: Charles Chaplin
Guion: Orson Welles (idea), Charles Chaplin
Fotografía: Roland Totheroh, Curt Courant (sin acreditar)
Música: Charles Chaplin
Género: Comedia. Crimen

Filmaffinity

IMDb

Tráiler de ‘Monsieur Verdoux’

Sinopsis

Basada en hechos reales, cuenta la historia de Henri Verdoux, un hombre de doble vida. Por un lado es un respetable hombre casado padre de un hijo, pero por otro es un seductor que, bajo otra identidad, se dedica a casarse con viudas ricas a las que posteriormente asesina para quedarse con su fortuna.

Premios

  • Nominada al Oscar: Mejor guión original. 1947
  • National Board of Review: Mejor película. 1947


Un rol distinto

No es difícil imaginar por qué Monsieur Verdoux causó un notable desconcierto en su estreno allá por 1947. Charles Chaplin estaba identificado con la bonhomía, la afabilidad y los buenos sentimientos. ¿Cómo es posible, entonces, que se pusiera en la piel de un asesino? Por añadidura, tiene una serie de subtextos políticos incómodos y no demasiado acomodaticios, que si bien no eran novedad (acaso no haya muchas diatribas contra el capitalismo como Tiempos modernos), ahora son presentados con un extra de cinismo y negrura. Para resumir, en pocas palabras, los remilgos de la época a la película: Monsieur Verdoux es una personaje totalmente opuesto a su entrañable y famoso Charlot.

Porque el tal Monsieur Verdoux, al que interpreta Chaplin, se trata de un truhan que seduce a viudas adineradas para asesinarlas posteriormente y quedarse con su fortuna. Su maldad no obstante tiene matices. La acción se sitúa en Francia. Monsieur Verdoux es un empleado de banca que debido a la depresión de finales de los años 20 es despedido de su puesto de trabajo tras 35 años de leal servicio. El hecho de que además tenga a su cargo una esposa en silla de ruedas y un hijo pequeño, obra en él una mezcla de oscuridad y desesperación que lo lleva al crimen.

Monsieur Verdoux
© 1947 – Warner Bros. Todos los derechos reservados.

Cuestión de equilibrio

A pesar del humor negro que campea en toda la película, no se produce ningún exceso en ningún aspecto argumental. No hay nada explícitamente macabro, los asesinatos se resuelven con inteligentes elipsis, ni tampoco hay rastro de la maldad histriónica con que se suelen presentar algunos asesinos seriales. Todo está perfectamente equilibrado, es mordaz pero no vulgar; es cínica, pero no está exenta de cierta moralidad.

La sutileza del guion es observable en numerosos momentos. Cuando llega la hora de mostrar algunos de los «motivos» de la conducta criminal de Monsieur Verdoux (la desesperación de tener a su cargo una familia tras haber perdido el empleo) lo hace de una manera indirecta, casi interpuesta, consiguiendo así evitar adentrarse en terrenos melodramáticos. El humor es algo también bastante equilibrado y balanceado. No llega al ritmo vertiginoso y fulgurante de una comedia slapstick, pero tampoco hay altibajos en el tono. Los gags son inteligentes pero no aturullan, ni se suceden a empujones uno detrás de otro. Todo va fluyendo a su debido tiempo.

Monsieur Verdoux
© 1947 – Warner Bros. Todos los derechos reservados.

Quien tuvo, retuvo

Charles Chaplin es una de los estandartes, quizá el mayor, del cine mudo. De hecho hasta 1940 con El gran dictador, no hizo ninguna película sonora (la primera película con sonido es de 1927). Aun así, fue capaz de realizar dos obras maestras absolutas, todavía mudas, como Luces de la ciudad (1931) y Tiempos modernos (1936). Esta identificación con el cine mudo hace que Charles Chaplin muestre una inteligencia visual descomunal, capaz de dar a luz gags o situaciones más expresivas que otras subrayadas por extensos diálogos. ¿Qué mejor manera de expresar las ambiciones territoriales del nazismo que la ya mítica imagen de Hinkel jugueteando con un globo terráqueo hinchable en El gran dictador?

Algo de eso se sigue manteniendo en Monsieur Verdoux, donde los gags más osados e hilarantes son principalmente visuales. Todos ellos están planificados de una manera milimétricamente asombrosa, manteniendo intacta toda su frescura. Los dejes y algunos aspectos próximos a la pantomima hacen que la actuación de propio Chaplin recuerde en algo a su época muda, toda ello revestido por los ademanes y formas propias de un bon vivant genuinamente francés. Otra actuación totalmente compatible con la comedia es la de Martha Raye en el papel de Annabella Bonheur, una de las viudas candidata a ser víctima de Monsieur Verdoux que, con continuos golpes de suerte, va frustrando las tentativas de asesinato sin darse siquiera cuenta. La actuación que aporta un ligero sentimentalismo viene de Marilyn Nash, que se mete en la piel de una chica (cuyo nombre no se menciona) de cierta importancia en el aspecto moral.

United Artists
© 1947 – Warner Bros. Todos los derechos reservados.

Ahondando en las ideas

Con Monsieur Verdoux, Charles Chaplin en lugar de obtener un gran éxito de taquilla consiguió un gran escándalo. Ya no es solo la aparente ligereza e indiferencia con que Verdoux comete los asesinatos, había ciertas lecturas políticas que fueron realmente mal recibidas. Evidentemente, tenemos al capitalismo como fuente del traspaso al lado oscuro del protagonista, que pierde su trabajo por una crisis financiera. Al alimón se insertan algunas grabaciones reales de los efectos del paro y la pobreza en Europa correlacionándolo con el auge de los totalitarismos en el Viejo Continente (ojo al escondido guiño a la Guerra Civil Española).

Según va avanzando Monsieur Verdoux, el personaje interpretado por Charles Chaplin se va mostrando más filosófico y deja caer algunas sentencias siniestramente lúcidas. Poco a poco se va volviendo más complejo, y comprobamos también la faceta tierna para con su familia. Monsieur Verdoux no deja de ser una película que se imbuye del pesimismo existente en la posguerra de la II Guerra Mundial. No por ello deja de lanzar mensajes humanistas, como el pacifismo que se desprende de los minutos finales, pero vemos al Chaplin más incómodo y nihilista, quizá, de su carrera. Con humor, eso sí. Mientras que en el final de El gran dictador había un lugar para la esperanza, en Monsieur Verdoux hay mucho de desencanto. Fue a partir del año de estreno de esta película (1947) cuando el Comité de Actividades Norteamericanas empezó a importunar a Chaplin. Finalmente en 1952 llegaría la hora del exilio.

Conclusión de ‘Monsieur Verdoux’

Monsieur Verdoux rompió con el estilo humorístico característico de Charles Chaplin, que pasó de la sátira de su película anterior, El gran dictador, al colmillo retorcido y a la negrura. No obstante, la narrativa es sobria, elegante y posee una gran inteligencia visual en los gags heredada del cine mudo. Recibida en su momento con hostilidad, merece ser tenida en cuenta como una de las grandes obras de Chaplin y una muestra de hilaridad algo perversa y vitriólica.

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