Tatiana Huezo escribe y filma una película, Noche de fuego, que debería posicionarla como una de las cineastas más destacables de cara a los próximos años. La directora cuenta el relato de una niña y su entorno, un ambiente que no sería más que el extra tangencial en cualquier película sobre el narcotráfico.

Noche de fuego es la película preseleccionada por México para los Oscar, fue ganadora del Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes y ganadora de tres premios, incluyendo Mejor Película Iberoamericana, en el Festival de San Sebastian. Estreno en Netflix el 17 de noviembre.



Noche de fuego

Crítica de ‘Noche de fuego’

Ficha Técnica

Título: Noche de fuego
Título original: Prayers for the Stolen

Reparto:
Norma Pablo (Luz)
Mayra Batalla (Rita)
Alejandra Camacho (Paula)
Memo Villegas (Leonardo)
Eileen Yañez (Concha)

Año: 2021
Duración: 110 min.
País: México
Director: Tatiana Huezo
Guion: Tatiana Huezo
Fotografía: Dariela Ludlow
Música: Leonardo Heiblum, Jacobo Lieberman
Género: Drama. Adolescencia
Distribuidor: Netflix

FilmAffinity

IMDb

Tráiler de ‘Noche de fuego’

Sinopsis de ‘Noche de fuego’

En un pueblo montañoso de México, tres jóvenes se apoderan de las casas de los que han huido, se disfrazan de mujeres cuando nadie mira y tienen un escondite. (NETFLIX)

Dónde se puede ver la película



Noche de fuego
Foto distribuida por Netflix.

Flores y tumbas

Entre la tragedia y la bendición, Noche de fuego será estrenada, en nuestro país, a través de la plataforma Netflix. La ventaja será que el acceso a la película será más fácil para muchos y la desventaja que no podremos apreciar la absoluta belleza de su fotografía en pantalla gigante. Y es que Tatiana Huezo logra filmar unos espacios carentes de todo lujo o de elevada estética con hermosura mientras sostiene la narrativa junto a los personajes.

Noche de fuego arranca con una impactante e intrigante primera imagen de apenas unos segundos antes de que aparezca su título: una niña se introduce en un agujero, parecido a una tumba, para comprobar si cabe en él. Desde la estética hasta las intenciones simbólicas, la película conjuga los elementos narrativos en una sola dirección con un talento soberbio. Logra que un corte de pelo sea una secuencia inolvidable, logra que nuestro cuerpo, como espectadores, este formado por diferentes objetos encontrados en casa.

Noche de fuego consigue arrancar brillos en la oscuridad más completa. La composición y el diseño de cada uno de sus planos es tan perfecto que los amantes de la técnica querrán verla una y otra vez. Esta cualidad contrasta con su temática y tono, pues la película no deja de ser un relato sobre las primeras víctimas del narcotráfico. Las familias obligadas a realizar trabajos en los campos para recoger esas sustancias tan manchadas de sangre son el eje de esta historia. Los pueblos acosados por el narcotráfico son el marco, las familias son la dirección, pero el protagonismo es de las niñas.

Noche de fuego
Foto distribuida por Netflix.

Años de ascuas

El talento de escritura de Tatiana Huezo en Noche de fuego tiene que ver con los elementos de tensión presentes en cada escena. La simbología también añade profundidad a su historia. La muerte es uno de estos símbolos, y se adscribe a algunos de sus personajes: un alacrán, una sábana fuertemente adherida al cuerpo de una niña, un vaso que se rompe, un rodeo… Estos elementos mezclados con la sinceridad de sus imágenes (quizá por los anteriores trabajos en el género documental de su directora), gestan una simbiosis perfecta.

El mayor talento de Noche de fuego no reside en los diálogos, ni en la simbología, ni en la naturalidad con la que se lleva a los personajes de una escena a otra. La mayor facultad del guion es su tono. La corrupción de los más pequeños fruto del continuo sufrimiento es casi un subgénero en sí mismo. Hemos asistido a demasiados relatos de dolor en cine, a niños protagonistas que solo conocen sufrimiento.

Con las infantiles protagonistas de Noche de fuego (y ese marco terrible que ni los adultos deberían conocer) era de suponer que esta película perteneciese a ese cine de llanto y desdicha ininterrumpida. Tatiana Huezo no quiere realizar ese tipo de película. Sus personajes saben sonreír en situaciones adversas, saben entregar un momento divertido en medio de un ambiente de miseria. No tienen menos vida por carácter, saben vivir, crear o ilusionarse incluso entre alacranes.

Tatiana Huezo
Foto distribuida por Netflix.

Mañana de ceniza

Cualquier palabra aquí expuesta no podrá hacer justicia a las excelentes interpretaciones de las protagonistas. Hay una sinceridad enganchada a cada personaje, una verdad tan bien reflejada que, como en el caso de la fotografía, empuja la necesidad de volver a ver la película para comprobar que era todo tan perfecto como parecía.

Y es que la interpretación de Ana Cristina Ordóñez González primero y de Marya Membreño después sostienen el protagonismo de la película con tantísima fuerza que uno podría olvidarse de que los demás miembros del reparto también están realizando un trabajo extraordinario. Mayra Batalla agarra el ojo del espectador con sutileza, sin soltarlo; no es intención de esta crítica llenar de nombres sus letras, así que un vistazo al reparto completo, o a los créditos, imprimirá una razón por cada nombre para ver Noche de fuego.

Un pequeño problema es que el doblaje realizado por el reparto en escenas muy concretas (dos en total) no es tan excelente como el resto de la película, no se siente natural ni cercano. Este error resalta más por la perfección técnica de todo lo demás que por su gravedad. No estropea el resultado final de la película, pues queda sepultado por otra de las cualidades que explota su guion y con la que está relacionada: la facultad de escuchar.

Noche de fuego
Foto distribuida por Netflix.

Conclusión

Noche de fuego es una película extraordinaria, no porque sus elementos por separado sean de altísima calidad (que lo son), sino por como conjugan entre ellos. No es normal que la naturalidad en las interpretaciones venga acompañada de la belleza en la fotografía o de un tratamiento temático con un tono propio y natural.

Esta película logra realizarlo todo mientras mantiene el ritmo y el interés de su público. Por su belleza, por su tristeza, por su alegría, por su verdad: es magnífica, no se la pierda.

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