En 1982 el escritor británico de origen japonés Kazuo Ishiguro publica la exitosa novela Pálida luz en las colinas. En 2025 el cineasta japonés Kei Ishikawa nos acerca a la gran pantalla este drama familiar a través de una narrativa – haciendo uso del propio título- una tanto pálida, y una fotografía cálida que a veces roza la fantasía. Ambigua y a ratos inquietante, Pálida luz en las colinas (A Pale View of Hills) es una mirada al desconcierto y esperanza vividos tras los bombardeos de Nagasaki a través de los recuerdos un tanto confusos de su protagonista. La película, al igual que su novela original, parece desconcertar al público, dejándolo confuso con un tercer acto donde la ambigüedad roza la mentira. Estreno el 26 de junio de 2026 en salas de cine españolas.
Crítica de 'Pálida luz en las colinas'
Resumen
Ficha Técnica
Título: Pálida luz en las colinas
Título original: Tôi yamanami no hikari (A Pale View of Hills)
Reparto:
Suzu Hirose (Etsuko)
Camilla Aiko (Niki)
Fumi Nikaidō (Sachiko)
Tomokazu Miura (Ogata)
Kōhei Matsushita (Jiro)
Año: 2025
Duración: 123 min.
País: Japón
Director: Kei Ishikawa
Guion: Kei Ishikawa
Fotografía: Piotr Niemyjski
Música: Pawel Mykietyn
Género: Drama familiar
Distribuidor: Selecta Visión
Tráiler de 'Pálida luz en las colinas'
Sinopsis
Inglaterra, 1982. Etsuko rememora junto a su hija Nikki su juventud en Nagasaki, evocando un pasado de relaciones y decisiones que marcaron para siempre su vida y la de sus hijas. Sin embargo, cuanto más se internan en esa memoria, más claro resulta que esos recuerdos encierran secretos capaces de alterar la vida de ambas.
Dónde se puede ver la película en streaming
Trauma generacional y la esperanza después de la guerra
La ambigüedad es una pieza clave de esta historia, tanto en la novela como en su adaptación cinematográfica. Pálida luz en las colinas nos muestra que nada es lo que parece; ni la esperanza es un consuelo, ni la bondad de un hombre esconde sus ideales políticos, ni los recuerdos son tal y como los recordamos.
En un pequeño pueblo de Nagasaki, los residentes intentan recomponerse tras la guerra, algunos miran hacia atrás con nostalgia, y otros como la protagonista, intentan alejarse de todo. Pálida luz en las colinas nos lleva a través de los años 50 y los 80 narrando las vivencias y recuerdos de Etsuko, quien tras el suicidio de su hija mayor intenta recomponer su vida.
Pero los recuerdos de una persona no son siempre fiables y esta historia es consciente de ello. Nikki, la hija menor, se empeña en entender las decisiones de su madre y lo que la llevó a abandonar su país y mudarse a Inglaterra. Las heridas del pasado parecen haberse heredado a través de verdades a medias, mentiras y dolor oculto.
Una narrativa demasiado pálida
A pesar de su fuerte hincapié en el papel de la mujer en la sociedad japonesa y británica en distintas generaciones, Pálida luz en las colinas deja una sensación fría, como un caldo a medio cocer que no llega a explorar todas sus posibilidades.
Si bien la ambigüedad es clave para la narrativa y sirve como herramienta para entender los recuerdos y miedos de la protagonista, los giros argumentales terminan resultando confusos. Interpretables, sí, pero demasiado vagos hasta el punto de rozar la mentira.
Por otro lado, el uso de la exposición se contradice con la narrativa visual tan poética a la que parece aspirar la película; con diálogos demasiado explicativos, conversaciones poco naturales y unas actuaciones a ratos poco convincentes.
Visualmente cálida; el uso del color en su narrativa
La película hace un muy buen uso del color y la saturación. Visualmente, Pálida luz en las colinas es cálida, con una sensación acogedora que poco a poco se transforma. Cuando los recuerdos de la protagonista parecen distorsionarse o cuando sus sueños la atormentan, la saturación de los colores aumenta, creando una sensación fantasiosa e inquietante.
Por otro lado, el uso exquisito de la cámara y sus decisiones artísticas complementan perfectamente la fotografía poética y el ritmo pausado de la película. Lo que se muestra en pantalla es igual de importante que lo que no aparece. Una lástima que esa delicadeza visual no acompañe a la narrativa tan poco sutil.
Con unos diálogos menos explicativos y unas actuaciones más versátiles la ambigüedad de la película no hubiese resultado tan confusa, permitiendo que la poesía y el subtexto dejasen margen a la imaginación e interpretación del espectador.
Conclusión de 'Pálida luz en las colinas'
Pálida luz en las colinas (A Pale View of Hills) nos habla del dolor y la esperanza tras la guerra a través de los recuerdos y el trauma generacional de una madre y una hija. A pesar de la belleza visual y el uso exquisito de su fotografía, la película decae en sus diálogos y la confusión de sus giros. Poética pero confusa, la película basada en la novela de Kazuo Ishiguro y dirigida por Kei Ishikawa es un drama familiar contado a través de los años 50 en un Nagasaki post bombardeo y una Inglaterra de los años 80 en pleno hervor político y luchas de género. Una historia pausada y reflexiva que a pesar de sus taras ofrece un visionado interesante, una mirada a la post guerra japonesa y a las complejidades del dolor heredado en una familia.
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