Prometido el cielo, la nueva película de la cineasta franco-tunecina Erige Sehiri, inauguró la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes pasado y se presentó en España en la Sección Hipermetropía de largometrajes a concurso del 23 FCAT. Tras el éxito internacional de su opera prima Entre las higueras, Sehiri vuelve a explorar en su cine las relaciones femeninas, la comunidad y el desarraigo desde el naturalismo, construyendo así un retrato contemporáneo sobre la migración y la familia elegida. La crítica internacional destaca la autenticidad de la película, su luminosidad y la fuerza de su reparto, encabezado por Aïssa Maïga, Debora Lobe Naney y Laetitia Ky. Estreno el 21 de agosto de 2026 en salas de cine españolas.



Prometido el cielo

Crítica de 'Prometido el cielo'

Ficha Técnica

Título: Prometido el cielo
Título original: Promis le ciel / Promised Sky

Reparto:
Aïssa Maiga (Marie)
Laetitia Ky (Jolie)
Déborah Lobe Naney (Naney)
Mohamed Hassine Graya (Ismaël)
Foued Zaazaa (Encontrado)
Estelle Kenza Dpgbo (Kenza)
Touré Blamassi (Noa)
Roxanne Takouri (Dueña)
Marie-Noël Ngwe (Pastora Audrey)
Elisabeth Kongolo Badibanga (Miembro del coro)
Zohe Malunda (Miembro del coro)
Elly Franck Biboum (Director de Orquesta)

Año: 2025
Duración: 92 min.
País: Túnez
Director: Erige Sehiri
Guion: Erige Sehiri, Anna Ciennik, Malika Cécile Louati
Fotografía: Frida Marzouk
Música: Valentin Hadjadj
Género: Drama. Familia
Distribuidor: Atalante Cinema

Filmaffinity

IMDB

Tráiler de 'Prometido el cielo'

Sinopsis

Segunda película de Erige Sehiri, centrada en las vidas de tres compañeras de piso costamarfileñas de distintas generaciones y la niña huérfana a la que acogen. Película inaugural de Un Certain Regard en Cannes 2025. Ganadora de los Premios a la Mejor Dirección, Mejor Guion y Mejor Interpretación en el Festival de Cine Francófono de Angulema (FFA). (Atalante Cinema)

Dónde se puede ver la película en streaming



Una pequeña comunidad de mujeres emigrantes 

(Aissa Maiga), es una pastora religiosa evangelista de Costa de Marfil que hace años trabajó como periodista en su país de origen, llevando ahora diez años sobreviviendo como puede en Túnez. Alrededor de sus cultos se agrupan otras mujeres emigrantes que se apoyan en la fe y la solidaridad mutua, para superar sus soledades e inciertos futuros, viviendo en el día a día. La casa de Marie además de hogar es un refugio para Naney (Debora Lobe Naney), una madre joven que busca un futuro mejor, al igual que también Jolie (Laetitia Ky), una brillante estudiante de ingeniería de carácter firme, en la que su familia de procedencia ha depositado las esperanzas de mejora de la vida del resto de sus miembros que siguen viviendo expectantes en su país de origen.

En este contexto de sobrevivencia Prometido el cielo relaciona diferentes trayectorias personales para crear una pequeña comunidad de ayudas recíprocas, esperanzas y proyectos personales de vida. A partir de este núcleo principal, la directora va desgranando sus vidas cotidianas y amplia sus perspectivas introduciendo otros personajes bien dibujados, como Foued (Foued Zaazaa) un hombre de mediana edad con un pasado roto que como buscavidas navega entre la necesidad de cariño y sus ambiciones personales. O el casero Ismael (Mohamed Grayaá) que está mediatizado entre su miedo a la policía por la falta del contrato de alquiler y su humanidad sincera.

Hay una buena dirección actoral con interpretaciones adecuadas, desarrollando el guion bien escrito donde los diálogos cortos enmarcan las relaciones entre el variopinto crisol de personalidades que confluyen en la acción. El argumento se tensiona la de por sí precaria estabilidad económica, material y emocional de este pequeño grupo de personas, con la llegada de Kenza (Estelle Kenza Dpgbo), una niña sin padres a la que acogen en la casa de Marie. En torno a la pequeña llegada a sus vidas fluyen los afectos, esperanzas, deseos, sueños de futuro y las sublimaciones de sus carencias personales.

Prometido el cielo película

Sobrevivir juntas en un mundo incierto

Uno de los mayores logros de Prometido el cielo es su capacidad para hablar de migración sin convertir a sus personajes en símbolos abstractos. La película no reduce a las protagonistas a víctimas ni a simples representaciones políticas; al contrario, las muestra como personas llenas de contradicciones, deseos y frustraciones cotidianas. Esa mirada evita el tono paternalista y permite que la historia conserve una gran dignidad emocional.

Erige Sehiri utiliza una puesta en escena cercana al documental, algo coherente con su trayectoria previa. La cámara parece observar más que dirigir, dejando espacio para que los silencios, los cuerpos y las miradas transmitan lo que los diálogos muchas veces callan. Este estilo aporta autenticidad y hace que las escenas domésticas —comer juntas, discutir, cuidar a la niña— adquieran una fuerza emocional inesperada.

La convivencia entre las tres mujeres funciona como el verdadero corazón de la película. Cada una representa una relación distinta con la idea de futuro: una intenta construir estabilidad, otra sueña con marcharse y otra todavía cree en la posibilidad del ascenso social mediante los estudios. Sin embargo, Prometido el cielo evita convertir estas posiciones en discursos ideológicos. Lo importante no es quién tiene razón, sino cómo todas sobreviven dentro de una realidad marcada por la incertidumbre.

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Trama sólida con diálogos acertados 

Tras la llegada de la pequeña Kenza empieza a aminorar la cohesión del grupo, por sus propias reacciones a la nueva situación, por lo que las incidencias diarias les van haciendo variar sus proyectos. La presión de las autoridades sobre su falta de papeles, las aspiraciones distintas para adoptar a la pequeña huérfana, las necesidades de apego afectivo y la urgencia de mejora económica hacen surjan grietas entre ellas. De manera precisa y sutil, la buena escritura del guion va marcando la evolución de cada trayectoria personal, de manera que en esta parte de Prometido el cielo van diferenciándose las mujeres.

Un aspecto especialmente interesante es cómo el film retrata Túnez como un espacio ambiguo. No aparece únicamente como lugar de tránsito hacia Europa, sino también como territorio atravesado por tensiones identitarias y contradicciones internas. Sehiri muestra una sociedad donde conviven hospitalidad y rechazo, cercanía y discriminación. El racismo hacia las personas subsaharianas nunca se exagera de manera melodramática; surge en pequeños gestos, miradas y situaciones cotidianas que resultan precisamente más inquietantes por su normalidad.

Visualmente, la película apuesta por una estética sobria y naturalista. No busca imágenes espectaculares ni dramatizar la pobreza mediante una fotografía excesivamente estilizada. Esa contención visual fortalece el tono realista de la historia y evita que el sufrimiento de los personajes se convierta en espectáculo. La ciudad de Túnez aparece viva, ruidosa y contradictoria, casi como otro personaje más dentro del relato.

Cuando Prometido el cielo avanza, la historia coral aglutinada alrededor de la predicadora Marie, toma distintos caminos mostrando tal cual las realidades del aquí y ahora. Es la parte más dura y realista, también más dificultosa a nivel de guion, pero una vez más es bien resuelta por la solidez narrativa de la directora. Técnicamente las secuencias fluyen bien mostrando la evolución de las distintas mujeres, que siguen adelante según las circunstancias les permiten, con el mensaje de constancia y lucha desde su participación en la Iglesia de la Perseverancia.

Conclusión de 'Prometido el cielo'

Buen retrato coral de personajes femeninos. Prometido el cielo consigue algo poco frecuente: hablar de cuestiones políticas muy concretas sin perder sensibilidad humana. Más que una película sobre la migración, es una película sobre la necesidad de crear vínculos cuando todo alrededor parece provisional. Su fuerza no reside en grandes giros narrativos, sino en la acumulación de pequeños gestos de resistencia y cuidado. El resultado es una obra delicada, melancólica y profundamente consciente de la fragilidad de quienes viven siempre esperando un lugar donde poder quedarse.

Sin embargo, la película también tiene ciertos límites. Su ritmo contemplativo puede resultar demasiado pausado para algunos espectadores, especialmente porque el conflicto dramático tarda en intensificarse. En algunos momentos, la narrativa parece dispersarse entre varias historias sin terminar de profundizar completamente en ninguna. Esa estructura coral enriquece la mirada social del film, pero también diluye parte de su tensión dramática.

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CINEMAGAVIA
7.0 / 10
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Fernando Gálligo Estévez
El cine, muy especialmente en pantalla grande y en versión original, siempre ha estado conmigo en las distintas ciudades donde he vivido. Estar a un lado y al otro de la pantalla me ha hecho amar el cine. Por eso me gusta ser espectador, actor secundario, figurante, reportero y cronista de cine. Desde los 27 años de edad colaborador de prensa cultural y general aportando, a los distintos temas, siempre mi visión cosmopolita y heterodoxa. He publicado hasta ahora siete libros en cuatro editoriales diferentes, siendo mi séptimo libro "Relatos de Cine", editorial Jákara, Málaga, como homenaje al Séptimo Arte. Web profesional https://tresviernes.com
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