Quién vio los templos caer es el primer largometraje de la directora de publicidad y cine Laura Selva. A medio camino entre el ensayo documental y la ficción, la película propone una mirada a la crisis de la vivienda y la turisficación en Granada a través del Chorrojumo, el mítico “rey de los gitanos del Sacromonte” y un joven marroquí. Lucía plasma en el film una fotografía eterna de la memoria urbana de Granada que conecta con la transformación actual de los centros urbanos y que resuena hoy más allá de la propia ciudad. Después de ser proyectada en varios festivales internacionales de cine, Shanghái, Montreal, Cine Europeo de Sevilla (SEFF), ha sido premiada en Copenhague (CPH: DOX), y galardonada como Mejor Película en la Sección Oficial Nacional del Festival RIZOMA (Madrid). Estreno el 22 de abril de 2026 en salas de cine españolas.
Crítica de 'Quién vio los templos caer'
Resumen
Ficha Técnica
Título: Quién vio los templos caer
Título original: Quién vio los templos caer
Reparto:
José Fernández
Anas Derbal
Curro Albaicín (Narrador)
Año: 2025
Duración: 72 min.
País: España
Director: Lucía Selva
Guion: Lucía Selva, Joan López Alonso
Fotografía: Jan Haase
Música: Martí Valverde
Género: Documental
Distribuidor: Les Films de la Résistance
Tráiler de 'Quién vio los templos caer'
Sinopsis
Desde hace dos siglos, Chorrojumo, el que un día fue 'el Rey de los Jitanos', deambula en silencio por las calles de Granada. La llegada de Anas, un joven marroquí en busca de la casa de sus antepasados, inicia una búsqueda por las ruinas de la ciudad en transformación.
Opera prima de Laura Selva
Quién vio los templos caer es una película mitad documental y de ficción centrada en el mítico personaje del Chorrojumo del Albaicín, que a cambio de algunas monedas enseñaba a los viajeros algunos lugares y rincones de Granada. El guion pausado de Lucía Selva y Joan López Alonso nos presenta a este popular hombre ataviado con ropas a la usanza, mientras camina sin prisa por su ciudad natal. Rodada totalmente en Granada, Jan Haase fotografía con colores tenues acentuando el tono de melancolía de la película. Las principales localizaciones son el Sacromonte, Palacio de Carlos V, los Jardines del Generalife, la Alhambra, Patio de los Leones, Mirador de San Nicolás, el Albaicín, la Catedral y la reconstruida en 1935 puerta de Bab al-Rambla que se colocó en la nueva ubicación del Bosque de la Alhambra, en la colina de la Sabika.
La banda sonora original de Martí Valverde ambienta y complementa las imágenes, con los tintineos de las campanas, algunos cantes antiguos, además de los sonidos de los pasos de personas y cascos de los caballos sobre el empedrado antiguo de la ciudad.
Visualmente, la obra destaca por su capacidad para convertir la ciudad en un espacio espectral. Las calles, las cuevas y los monumentos no aparecen como simples escenarios, sino como capas de tiempo superpuestas. La cámara parece interesada en lo que queda fuera de la postal turística: los márgenes, los silencios, los restos. Esa elección refuerza la idea central del film: la tensión entre lo que se conserva como imagen y lo que se pierde como experiencia viva, en un contexto marcado por la transformación urbana y la gentrificación.
El primer cicerone de Granada
El Chorrojumo (José Fernández) personaje mítico popular que fue “el rey de los jitanos” deambula desde hace dos siglos con parsimonia y silenciosamente bajo el calor seco de la ciudad nazarí. Considerado el primer guía turístico de Granada, siempre a la espera de poder ganarse algo de dinero para ir tirando cada día, sin más esperanza ni motivación que seguir viviendo.
Sus paseos solitarios en la pantalla nos van descubriendo los lugares más visitables de Granada, desde el amanecer hasta los bellos atardeceres, utilizando fundidos de imágenes en la transición de algunas secuencias. Hasta que su marcha se ve interrumpida con el encuentro casual de Anas (Anas Derbal), un joven marroquí que busca la casa de sus antepasados, descendientes de los últimos moriscos expulsados de Granada, de quienes solo tiene una llave antigua. Sin apenas poder entenderse por su desconocimiento del idioma, mediante gestos e intuición consiguen una comunicación básica.
Ahora juntos emprenden la búsqueda de aquella puerta que pueda abrir la llave transmitida a través de las sucesivas generaciones. La búsqueda infructuosa simboliza la pérdida del hogar y de su lugar en el mundo. Mientras tanto el tiempo no se detiene, continuando las transformaciones de la ciudad a su pesar, desde las excavaciones arqueológicas en busca de señas del pasado hasta las nuevas construcciones de Granada.
Entre el pasado y el futuro
El encuentro entre pasado y presente, encarnado en los dos protagonistas, funciona como eje conceptual más que dramático. No hay un conflicto tradicional ni una evolución evidente, sino una especie de peregrinación simbólica por una ciudad en cambio. Este planteamiento puede resultar fascinante para quienes disfrutan del cine contemplativo, pero también puede percibirse como hermético o incluso frío.
La voz de Curro Albaicín como el narrador, con su voz apagada y grave, enfatiza la añoranza y lamento del paraíso perdido a través de los tiempos, entre ruinas y transformaciones de los barrios. Los diálogos de los dos personajes son mediante frases cortas, muy directas para el objetivo del joven marroquí, que solo desea encontrar la “casa de la mano negra” como le indicaron sus ancestros, y para su búsqueda solo tiene una pesada llave antigua de hierro.
Quién vio los templos caer es una narrativa sobre el suceder de la vida, contraponiendo los tiempos, desde el lejano pasado hasta el actual, a través del vínculo establecido casualmente entre el viejo Chorrojumo con el joven Anas. Todo ello envuelto en un clima de nostalgia y soledad, teñido de desesperanza por la incertidumbre del futuro y el sentido de identidad y pertenencia.
Uno de los mayores aciertos del documental es su negativa a ser transparente. No busca explicar Granada, sino sugerirla. En lugar de apoyarse en entrevistas convencionales o en un discurso informativo, Selva opta por una narrativa fragmentada, casi onírica, que obliga al espectador a reconstruir el sentido. Este enfoque puede resultar exigente, pero también es lo que le da personalidad: la película no se consume, se atraviesa.
Conclusión de 'Quién vio los templos caer'
El primer largometraje de Laura Selva es un docuficción que narra el encuentro entre el Chorrojumo primer guía turístico de Granada, y Anas un joven marroquí, que busca la casa de sus antepasados con la única pista de una llave antigua de hierro. Es una ópera prima valiente que apuesta por la experimentación y la reflexión antes que por la accesibilidad. No es un documental que busque gustar a todos, sino uno que intenta construir una mirada propia sobre la memoria y el territorio. Su mayor virtud es precisamente esa: arriesgarse a ser incómodo, ambiguo y, en ocasiones, desconcertante. Su mayor debilidad, quizá, es no ofrecer suficientes anclajes emocionales para que todos los espectadores puedan entrar en su universo.
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