Tras el estreno de Knight of Cups (2015) la semana pasada en cartelera, Terrence Malick vuelve a estar de estreno. Esta vez, se trata de Song to song (2017), una oda al amor en un entorno artístico. Ambas llegan años después de su producción para llenar ese vacío que la pandemia ha creado en los cines. La falta de estrenos previstos permite a las distribuidoras recuperar inversiones pasadas para animar el sector. Y exhibir cine en salas sin miedo a perder nada. En el caso de Song to song, es un llamamiento a muchos cinéfilos con gusto por los festivales de música. Estos tienen ahora una oportunidad de vivir ambas experiencias en una sola. Estreno el 25 de septiembre.



Song to Song

Crítica de ‘Song to Song’

Ficha Técnica

Título: Song to Song
Título original: Song to Song

Reparto:
Ryan Gosling (BV)
Rooney Mara (Faye)
Michael Fassbender (Cook)
Natalie Portman (Rhonda)
Cate Blanchett (Amanda)
Holly Hunter (Miranda)
Bérenice Marlohe (Zoey)
Val Kilmer (Duane)

Año: 2017
Duración: 129 min.
País: Estados Unidos
Dirección: Terrence Malick
Guion: Terrence Malick
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Productora: Filmnation Entertainment, Buckeye Pictures, Waypoint Entertaiment
Género: Drama. Romance. Música
Distribuidora: Avalon Distribución Audiovisual

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Tráiler de ‘Song to Song’

Sinopsis de ‘Song to Song

Dos triángulos amorosos que incluyen la pareja formada por los compositores Faye y BV, y la del productor musical Cook y su novia camarera. Todos ellos persiguen el éxito mientras tropiezan con la obsesión y la traición en el mundo de la escena musical de Austin, Texas. (Avalon Pictures)



Song to song es una película que prometía mucho

En esta ocasión, Song to song es una película que prometía mucho en su tráiler. Por desgracia, el tono e intensidad se diluyen como el agua. Ni la historia, ni los personajes ni su ambientación funciona. Y, sin embargo, se aprecia desde el principio el sello inconfundible de Terrence Malick. Por lo tanto, se trata de cine de autor. No solo porque el guion sea suyo, como suele ser en su filmografía. Su estrecha colaboración con Chivo Emmanuel Lubezki se hace patente con sus grandes angulares.

La cámara se mueve constantemente con la pretensión de separar la delgada línea entre el cuerpo y el alma. Porque este es el modo en que narra Malick, como si fuera un poemario intercalado con imágenes que representan las ideas. La función de los actores se limita al gesto, a las emociones, al movimiento. Y los pensamientos de los personajes se desvelan con voz en off.

Al público general no le incomoda ver a actores como Rooney Mara y Michael Fassbender en actitud jocosa o libidinosa. Más bien es la narración de Malick la que hace a los actores renunciar al drama, desvaneciéndose la ficción. A veces pretende ser tan realista con su enfoque documentalista de la imagen que provoca el efecto contrario. Y así es difícil conseguir que el espectador mantenga la atención. Se desentiende de una historia que se complica más de lo que es. Un cruce de relaciones entre artistas musicales y anónimos.

Ryan Gosling ya había experimentado con el musical en La la land (Damien Chazelle, 2016). En Song to song, sin embargo, prescinde del baile, el piano y la voz para verle tocar apenas los instrumentos. Incluso Michael Fassbender también había sido un músico incomprendido en la inclasificable Frank (Lenny Abrahamson, 2014). Aquí su personaje tiene otras dotes, mucho más ociosas.

Song to song
Fotos de Avalon Pictures

 

Vuelve a jugar a ser Dios

La música está de fondo, en un festival de Austin, Texas… Donde se celebran algunos de los más conocidos, como SXSW o Austin City Limits. Allí coinciden artistas como Iggy Pop, Val Kilmer, algunos miembros de RHCP o Patti Smith. Esta última con unas líneas trascendentales para el devenir de Faye, el personaje de Rooney Mara. El cuarto protagonista es la novia camarera del productor Cook, Natalie Portman. El prestigio de Malick permite que grandes estrellas del cine sigan deseando trabajar con él. Y siempre dispuestos a darle total libertad escénica para encajar sus actuaciones en plano. La ciudad de Austin también es protagonista. De su área metropolitana en coche a sus parques naturales, pasando por las alturas de los rascacielos desde una suite.

En Song to song, Terrence Malick, fiel a su estilo, vuelve a jugar a ser Dios. Pero esta vez lo hace de forma banal. Decide adentrarse en el mundillo de la industria musical para presentar unos personajes que disfrutan del placer. Y, claro, a ojos de un buen cristiano como Malick no parece que esté bien visto. De modo que les plantea el dilema del amor o la profesión. No olvidemos que el tímido de Malick estudió Filosofía en su juventud. Por lo que su obra siempre ha tenido un componente muy racional sobre las ideas más emocionales. Así que intenta demostrar que el ser humano siempre toma una elección en la vida. Y en este caso muestra las elecciones de Faye y el resto. Con una puesta en escena que permite soñar a cualquiera con hacer cine de cualquier manera. Lo que importa es que tengas algo que decir.

Terrence Malick
Foto de Van Redin / Broad Green Pictures – © 2017 Broad Green Pictures

Con Song to song permanece su visión opuesta

Terrence Malick hace ya mucho tiempo que no comulga con los cánones de la cinefilia contemporánea. Tardó veinte años en volver a dirigir una película, de Días del cielo (1978) a La delgada línea roja (1998). Y, si en su juventud fue aclamado por la crítica, a su regreso fue elevado al olimpo de los más grandes. Sin embargo, cada nueva obra que ha estrenado desde entonces solo ha conseguido dividir a la crítica. Por no hablar del público, cada vez más minoritario. Esta última década ha sido la más prolífica del director y, por el contrario, la más floja. Comenzó con entusiasmo con la espectacular El árbol de la vida (2011). Recibir la Palma de Oro en Venecia impulsó su comercialización y el público acudió en masa a verla. No obstante, la mayoría no fue bien informada y se levantó a mitad de metraje de su butaca.

Su prestigio, quedando en entredicho, no le ha impedido seguir filmando, entre documental y ficción, hasta seis largometrajes más. Con Song to song permanece su visión opuesta entre la belleza de la naturaleza y el pecado humano. Es un hombre de fuertes convicciones cristianas, y lo hace presente en cada una de sus obras. Una de las razones por las que determinado sector de la crítica pone en duda su trabajo. El amor, el paso del tiempo o la propia existencia humana son cuestiones que plantea de nuevo. Esta vez confrontándolos con la debilidad del ser. Poniendo en evidencia la obsesión del artista por conseguir el éxito a costa de quienes le ayudan en ese viaje. Y mostrando que no hay nada más fuerte que el deseo de amar.

Song to song
Fotos de Avalon Pictures

 

Conclusión de Song to song

Hay que ser justos en la vida. Y Terrence Malick es sincero. Lo que muestra en Song to song es algo visto ya, por la trama en sí y por el estilo del director. En resumen, podría decirse que es un festival de besos con melodía en mitad del territorio cowboy. Pero no defrauda a sus seguidores. Si bien Malick ha perdido algo de frescura en los últimos años. Por eso solo puede acogerse al fabuloso elenco que forma esta película para llamar la atención de un público desconocido. En definitiva, un trabajo soportable para quienes lo conocen.

Reportaje de Song to song en Días de Cine TVE

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