Una de las películas con más recorrido a nivel internacional es Temblores, obra dirigida por Jayro Bustamante. El film guatemalteco ha estado presente en varios festivales alrededor del mundo, entre los que destacan: El prestigioso Festival Internacional de Cine de Berlín, nominado al Teddy, el certamen World Cinema Amsterdam a la mejor película o el Festival de Estocolmo en los premios Impact para Bustamante.

En el Festival Internacional de San Sebastián fue una de las grandes sorpresas, llevándose el Sebastiane a la mejor película latinoamericana, también fue nominada al premio Horizontes y el Sebastiane a la mejor película. Es una de las apuestas más esperadas en el Festival Internacional LesGaiCineMad 2019.



Crítica de ‘Temblores’

Ficha Técnica

Título: Temblores
Título original: Temblores

Reparto:
Juan Pablo Olyslager (Pablo)
Diane Bathen (Isa)
Mauricio Armas Zebadúa (Francisco)
Rui Frati (Pastor)
Sabrina De La Hoz (Pastora)

Año: 2019
Duración: 107 min
País: Guatemala
Director: Jayro Bustamante
Guion: Jayro Bustamante
Fotografía: Luis Armando Arteaga
Música: Pascual Reyes
Género: Drama
Productora: Arte France Cinéma, Iris Productions, La Casa de Producción & Tu Vas Voir Production

Filmaffinity

IMDb

Tráiler de ‘Temblores’

Sinopsis de ‘Temblores’

Temblores presenta a Pablo, un hombre de 40 años, casado y padre de dos maravillosos niños. Es un modelo a seguir y un cristiano evangélico practicante. Pero su perfecta vida tradicional comienza a quebrarse cuando se enamora de un hombre y sus sentimientos entran en conflicto con sus creencias. Su vida se convierte en un infierno de intolerancia represiva cuando su familia y su iglesia deciden hacer lo que sea preciso para “curarle”, forzándole a reprimir sus impulsos mediante terapia. (FESTIVAL LESGAICINEMAD 2019).



Temblores
Foto de LCDP

La barbarie del extremismo

La fuerza de Temblores arrasa desde el primer minuto hasta el último. La película de Jayro Bustamante comienza de una forma mordaz y llena de tensión. El relato se construye desde una incertidumbre que refleja la propia personalidad interna de Pablo y lo que hay a su alrededor. Una historia con tanto sentimiento y desgarro que el espectador empatiza en todo momento. Crea una vorágine de sentimientos en la que se tambalean las construcciones sociales y se reflexiona sobre los ataques de una moralidad extrema y una crítica a un sistema social que se repite, todavía en la actualidad, en la historia. La crudeza con la que se habla de la represión sexual refleja una realidad tan incómoda como necesaria, un homenaje a todas las almas perdidas. Además, hace un análisis profundo de la propia naturaleza humana, desde un prisma más ingenuo hasta una cara marcada por la crueldad.

Las relaciones interpersonales es uno de los temas principales de la película. La manera en la que dibuja el amor y el deseo es tan elegante, que se convierte en una exposición sentimental verosímil e interior. Sabe llegar a las entrañas del público con su discurso, en el que se rompen tabúes y estereotipos del amor gay. Asimismo, no tiene necesidad de exagerar la locura de la religión y de la obsesión del pecado en nombre de Dios para dibujar su figura. Es tan impactante este retrato, que queda marcado en la retina del espectador. Por lo cual, hay una valentía en esta denuncia social en la que se utiliza las metáforas de los temblores para exponer ese movimiento no controlado en la vida del protagonista. Un terremoto de emociones que es imposible no cautivar al espectador. Un largometraje de calidad que necesita ser visto y escuchado.

Foto de LCDP

La efectividad de la verdad

El reparto coral de Temblores es, sin duda, lo que aporta el alma y esa humanidad al film. Un texto tan rico en emoción e intensidad, necesita unos actores a la altura y con un lenguaje expresivo muy trabajado. Juan Pablo Olyslager se funde con Pablo, en su piel se puede percibir toda esa lluvia sensitiva que recorre la mente de su personaje. Interpreta de una forma magistral la ausencia de palabras y entiende a la perfección esa coreografía por la puesta en escena para hacer sentir al espectador. Es una actuación que habla desde la verdad, tiene una sinceridad escénica que provoca un magnetismo visual. Por lo cual, es compleja por la exposición de todas las aristas que enseña sobre la condición humana. Visceral, trágica, con cierta inocencia y esa contradicción tan íntima que Olyslager eleva al film a un nivel superior. Una muestra de talento en vena.

Por otro lado, Diane Bathen ofrece un despliegue interpretativo a destacar. Sin miedos, a través de su interpretación, ofrece una realidad en ella misma de la ignorancia y de las consecuencias propias del heteropatriarcado. Mantiene el nivel sin caer en juzgar a su personaje y sin intentar justificarlo. Da una interpretación muy orgánica. Luego, Mauricio Armas Zebadúa contrasta con ese universo tan oscuro, con una actuación muy luminosa. Transmite esa serenidad en el espectador. Se convierte en un respiro de la potencia del film. Además, no se queda en la superficie y es fundamental la fuerza con la que envuelve algunas de sus secuencias clave. Mencionar el gran trabajo artístico de Ayla Elea Hurtado, respetando el gran trabajo de Magnolia Morales y Sergio Luna, pero, sin duda, esta pequeña demuestra su profesionalidad, dando uno de los resultados actorales más emocionantes del film. Un elenco soberbio.

Foto de LCDP

La belleza de la angustia

La planificación técnica de Temblores se puede ver como un reto profesional para su equipo, que lo resuelve con gran acierto. La película tiene un cuidado excelente de todos los elementos estéticos y expresivos en escena. La dirección fotográfica es exquisita, un manejo del encuadre y de la posición de los elementos que da planos realmente bellos. La iluminación juega un papel fundamental, da una identidad al film y sobre todo, refleja ese mundo frenético y sofocante que hay en torno a esta realidad. También hay que destacar la dirección artística, crea unos escenarios realistas, pero con un gusto creativo que se observa en esa selección de colores, el atrezzo fílmico y los exteriores, que contribuyen a dar todavía mayor autenticidad. Convierten lo cotidiano en algo delicado pero vigoroso. Converge en un equilibrio estilístico que manifiesta el ingenio artístico.

El montaje es excelente, cómo esta fábula acaba convirtiéndose en una pesadilla poética. Roza los límites de quedarse sin fluidez en alguna secuencia, pero acaba solventándolo de manera que ofrece un arco narrativo pausado pero no estancado. Maneja bien los tiempos y mastica el lenguaje expresivo. La ausencia de banda sonora se ve recompensada por un buena sonorización de la escena. Los efectos y golpes de sonido que se escuchan llevan en sí mismos una función descriptiva. El cuidado del desnudo, sin caer en la morbosidad innecesaria, es un claro ejemplo de la esencia sutil del sentir. Establece el significante del complejo puzzle emocional del protagonista, pero sin desvelar su significado hasta el desenlace. Por último, no se puede negar que esta cinta se cuenta con la propia imagen y por ello, su final es una oda a todo el trabajo realizado durante todo el largometraje.

Temblores
Foto de LCDP

Conclusión

Temblores es una película brillante que dibuja un retrato de la asfixia social y una represión llevada al extremo. Refleja una realidad de una manera elegante, a la vez que cruda. No tiene miedo a alzar la voz, pero sin perder la identidad del film. El reparto coral de la cinta, en especial, Juan Pablo Olyslager, Mauricio Armas Zebadúa y Diana Bathen, está excelente. Técnicamente eleva el resultado a gran nivel con un cuidado estético muy trabajado. Una fotografía impoluta, que con su puesta en escena, logra un ambiente equilibrado, sensible y vigoroso. Un laberinto emocional sofocante, donde el espectador acaba atrapado con los sentimientos a flor de piel.

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