Como diría Nelly Furtado, todo lo bueno tiene un final. La tercera temporada de La casa de las flores cierra el periplo de la ficción creada por Manolo Caro. Tras una excelente primera temporada, paso a una segunda entrega bastante más tibia y llega con esta tercera parte que promete dejar el listón alto. Mientras que en las dos primeras conocíamos el presente de la familia De la Mora, parece que en esta nueva tanda de episodios se desvelarán secretos del pasado que parecían enterrados. La fecha de estreno mundial es este 23 de abril, convirtiéndose en la temporada final de esta trilogía de humor llena de flores, sarcasmo e irreverencia.



La casa de las flores

Crítica de la tercera temporada de ‘La casa de las flores’

Ficha Técnica

Título: La casa de las flores
Título original: La casa de las flores

Reparto:
Cecilia Suárez (Paulina de la Mora)
Aislinn Derbez (Elena de la Mora)
Darío Yazbek Bernal (Julián de la Mora)
Arturo Ríos (Ernesto de la Mora)
Paco León (María José Riquelme)

Año: 2020
Duración: 35 min por capítulo apróx.
País: México
Creador: Manolo Caro
Guion: Manolo Caro, Monika Revilla, Mara Vargas, Gabriel Nuncio, Alexandro Aldrete e Hipatia Argüero
Fotografía: Pedro Gómez Millán
Música: Yamil Rezc
Género: Comedia
Distribuidora: Netflix

Filmaffinity

IMDb

Tráiler de la tercera temporada de ‘La casa de las flores’

Sinopsis de la tercera temporada de ‘La casa de las flores’

La tercera temporada de La casa de las flores nos muestra como no siempre los de la Mora fueron la típica familia conservadora y acomodada de las Lomas. Años atrás, también cometieron errores y guardaron secretos que es momento de revelar. Prepárate, se viene una temporada de muchas flores (de esas que florecen a las 4:20), drama y lentejuelas. (NETFLIX).



tercera temporada de La casa de las flores
Foto de Netflix

Dancing Queen

El universo de Manolo Caro vuelve a la carga con la tercera temporada de La casa de las flores. La familia De la Mora retorna con varios de los frentes que dejó abiertos en su segunda entrega, aunque con la innovación de introducir una nueva línea argumental. Mientras que en la anterior parte no supo hacia dónde llevar la acción, en esta ocasión, ofrece dos relatos en paralelo que pueden tener sus frutos. Pese a ello, tras ver los dos primeros episodios, se puede percibir cierta influencia del famoso musical “Mamma Mia” e, incluso, de su secuela cinematográfica, “Mamma Mía, una y otra vez”. En consecuencia, se percibe cierta falta de frescura, pero eso no impide que sea atractivo para el espectador revisitar una parte de la historia de esta disparatada familia que no se conocía antes. Foto de Netflix

De esta forma, ha posibilitado dar un respiro a la carga que se depositaba en la irreverencia de la familia De la Mora, lo que hace que se vea que se están intentando resolver los conflictos, que se encontraron los guionistas en su segunda temporada. En esta ocasión, no hay una introducción de personajes excesivas, pero sí que los personajes que llegan de nuevas pisan fuerte. Aunque se pudiera ver como algo sacado de la manga, la realidad es que no desentona, dado que se ha equilibrado con el trasfondo con el que cuenta la convergencia de historias. Aun así, hay una de las tramas que ya chirriaba y no se ha suplido, que es, sin duda, la que enlaza la extraña relación entre María José y su hermana. Pese a que pueda causar simpatía, acaba cayendo en las viejas manías sin suficiente comedia para sobrellevarse.

Foto de Netflix

Desde otra perspectiva

El espectador se da una nueva oportunidad con la tercera temporada de La casa de las flores y como es lógico, vuelven todos los actores principales que la conforman. Para empezar, Cecilia Suárez se descarga de la presión de ser la pieza clave interpretativa de la serie, lo que le permite brillar como hacía en la primera temporada. Aunque con dos episodios es complicado ver cómo se desarrollará actoralmente, las primeras impresiones es que van a permitirle jugar con la expresividad y exprimir a su personaje. Después, Darío Yabek presenta cierta mejoría, aunque no termina de llegar al nivel que sí consiguió en la primera temporada. Por lo cual, parece que se ha desinflado y le falta mayor potencia. Sin embargo, no ocurre lo mismo con Juan Pablo Medina, que controla a la perfección los niveles de energía en todo momento.

Por otra parte, Arturo Ríos tiene la suerte de haber vuelto a la esencia original de su personaje, incluyendo una renovación emocional que Ríos extrae y envuelve de sentimientos al espectador, un acierto. Luego, Mariana Treviño ofreció un trabajo excesivo como Jenny Quetzal en su segunda temporada, pero, esta vez, está magnífica. Es más, puede que sea su consolidación como una de las villanas por excelencia de la serie. Mientras que Aislinn Derbez queda relegada a un segundo plano, totalmente justificado y sin consecuencias por ello, Isabela Vega llega con la intención de dar el espectáculo que merece la tercera temporada. Pese a que está todavía por ver, Vega promete dar una grata sorpresa a la audiencia y ser la guinda del pastel que se necesitaba. Por último, subrayar que el resto de actores tienen una buena sintonía y se palpa la química en el elenco coral de la serie.

Foto de Netflix

Menos flores, más realismo

En la primera temporada se provocó un efecto de mamarrachada excelsa, una irreverencia telenovelesca que consiguió que la serie se posicionara entre los símbolos de Netflix en las series hispanohablantes. En esta tercera temporada de La casa de las flores ha vuelto a resurgir cierta reminiscencia de esa estética tan característica. Sin embargo, la creación visual se ha decantado por dar nuevos enfoques y es un atino. Por lo tanto, no es descabellado que otorgar nuevas influencias en la imagen pueda jugar en positivo al resultado global de la serie. Además, al abrir una nueva línea narrativa, consigue que los elementos artísticos puedan desarrollar perfiles más frescos y llevar al espectador a otra época de una forma totalmente natural. Habrá que ver si continúa en esa línea en el resto de episodios.

Se puede percibir en el montaje de la serie cierto aire a despedida, dado que hay ese influjo de transiciones que llevan al recuerdo, pero también a una nostalgia de que algo que se está terminando. No obstante, es algo que va a su favor, ya que permite al espectador entrar en una ambientación hacia el ocaso de un mundo. Por otro lado, hay que recalcar que la banda sonora, esta vez, ha sido todo una buena elección. Lejos del descontrol de la segunda temporada, ahora hay sintonía y un buen hilo musical, que subraya su expresión artística en escena. Por último, sería importante subrayar el trabajo de maquillaje, peluquería y vestuario. Siguen ofreciendo un resultado de calidad y gracias a ellos hay esa pomposidad en el entorno, tan necesario en lo que implica a la familia De la Mora.

tercera temporada de La casa de las flores
Foto de Netflix

Conclusión

La tercera temporada de La casa de las flores arranca con dos episodios en el que hay mejoras notorias con respecto a su segunda entrega. Además, el guion ha abierto una línea narrativa alternativa, que puede servir de aire fresco y ser un acierto. Sin embargo, su concepción recuerda bastante a la franquicia de “Mamma Mia”, aunque podrían usarlo a su favor. A nivel interpretativo se presenta un trabajo actoral coral bastante notable, manejando mejor la energía y se percibe mayor naturalidad. Por otra parte, técnicamente hay nuevas influencias artísticas, conservando varias pinceladas de la simbología de la serie, lo que da una evolución interesante. Una temporada con sabor a adiós, pero lejos de ser irregular, lo lleva con cierta soltura, nostalgia y, como no, humor.

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