Marco Berger se ha convertido en uno de los realizadores con mayor potencial en los últimos años en el cine LGBT. Ganador del Teddy en la prestigiosa Berlinale por «Ausente», este 2019 estrenó Un rubio, con Gastón Re y Alfonso Barón. La cinta estuvo nominado en el Festival de Cine de San Sebastián a la mejor película latinoamericana en el Sebastiane y en el Festival de Guadalajara al premio Maguey. Por suerte, en el Festival Internacional de Cine Molodist, se alzó con el premio a la mejor película LGBTQ. La 24ª edición del Festival LesGaiCineMad 2019 le otorgó el premio por su trayectoria, además de realizar una retrospectiva, donde se encuentró este film.



Un rubio

Crítica de ‘Un rubio’

Ficha Técnica

Título: Un rubio
Título original: Un rubio

Reparto:
Gastón Re (Gabriel)
Alfonso Barón (Juan)
Malena Irusta (Ornella)
Ailín Salas (Julia)
Charly Velasco (Leandro)

Año: 2019
Duración: 108 min
País: Argentina
Director: Marco Berger
Guion: Marco Berger
Fotografía: Nahuel Berger
Música: Pedro Irusta
Género: Drama
Distribuidora: Universidad del Cine

Filmaffinity

IMDb

Tráiler de ‘Un rubio’

Sinopsis de ‘Un rubio’

Un rubio se ambienta en los suburbios de Buenos Aires. Gabriel acaba de mudarse con Juan. Tímido y reservado, Gabo se resiste a seguir las manos errantes y las miradas poderosas de Juan. Con una pasarela de bellezas saliendo de la habitación de Juan, su machismo parece estar firmemente en su lugar. Sin embargo, la atracción entre los dos hombres es innegable. Lo que comienza como una relación sexual basada en la conveniencia de la ubicación, pronto se convierte en la fascinante evolución de una relación tierna e íntima, que es tan dulce como desgarradora. (FESTIVAL LESGAICINEMAD 2019).



Un rubio
Foto de Universidad del Cine

Entre colegas

Marco Berger vuelve a ahondar en la fragilidad de la masculinidad impuesta por la herencia de una cultura dominada por el sistema heteropatriarcal con Un rubio. El realizador argentino dibuja un retrato sobre el deseo sexual y la pasión desde un ángulo alejado de las etiquetas, pero sin crear un universo feliz en el que no existe la repercusión social sobre la homosexualidad. Hace un análisis interno sobre la externalización de los sentimientos entre personas y la curiosidad por descubrir nuevas experiencias. Además, el contexto en el que se produce la historia, da un reflejo de cómo la sociedad actual todavía no ha avanzado, pese a la visibilización del colectivo LGBTQ+. En sus diálogos se narran los estereotipos y los miedos que surgen por el arquetipo de la homosexualidad en Argentina, en este caso.

El problema surge en que tarda en exceso en llegar a mostrar una profundidad sobre la interacción humana y sensitiva entre sus protagonistas. Hay un retrato abrupto y recortado en varias ocasiones, lo que no crea una línea narrativa regular. Se excede en querer introducir demasiados elementos cotidianos que se repiten en el tiempo sin un significado claro. No aportan al propio relato, lo que hace que el espectador pueda experimentar cierta sensación de frenado. No surge una conexión orgánica, por lo que termina pasándole factura en la exposición de los hechos introspectivos que hay alrededor de las relaciones interpersonales de sus personajes. El arco narrativo mejora en el último tercio del film, pero dada su duración, podría hacer que el público no empatice tanto. Falta mayor verosimilitud en la resolución de la tensión sexual que navega por la cinta.

Foto de Universidad del Cine

No eres tú, no soy yo

El peso actoral de Un rubio recae en Gastón Re y Alfonso Barón, quiénes interpretan a Gabriel y Juan. Los dos afloran una sensación de contrastes que aportan un dinamismo interpretativo muy interesante. En primer lugar, Re consigue que el espectador comprenda esa naturaleza tan cerrada de su personaje, dado que sin caer en la planitud escénica, sabe moderar la energía sin perder esa frescura y sensibilidad no verbal. Un trabajo expresivo complicado, que aunque en alguna parte no lo consolida totalmente, sí ofrece esa percepción de liberación paulatina. Sin embargo, hay cierto sector de la audiencia que no podría conectar al no tener mayor presencia escénica. Le falta fuerza en algunas secuencias, quedando relegado a un segundo plano sin intención de ello. Tal vez, se vea limitado por la concepción de su personaje desde el guion y no haya podido lucirse más en su trabajo artístico.

Por otro lado, Barón sí ofrece un abanico de sensaciones con su actuación. A diferencia de su partenaire, consigue crear una atracción muy potente hacia los espectadores. Su retrato del seductor lo maneja a la perfección, pero dotándolo de una mayor profundidad. El recelo de sus sentimientos y de la emoción se pueden reflejar en sus miradas, en la manera de moverse, en resumen, en su lenguaje no verbal. Hay una naturaleza muy orgánica a su alrededor, lo que logra que el público pueda sentir verdad en su trabajo interpretativo. Ha sabido exprimir las vicisitudes que rodean el camino que recorre su Juan. Por último, el resto de actores no brilla y en algunas ocasiones, dificultan el resultado de la cinta, como, por ejemplo, Charly Velasco. No da credibilidad y rompe la atmósfera que discurre entre los demás personajes. Mejorable.

Foto de Universidad del Cine

Cine de barrio

El guion posee cierta profundidad, pese a los errores que hay en él, pero uno de los atributos que podrían haberse planteado de una forma más satisfactoria es la realización técnica de Un rubio. Juega entre dos vertientes muy distintas que no terminan de combinar. Por un lado, tiene una intención de mostrar una imagen más cercana a la vida urbana, al barrio, pero lo hace con un descuido visual significativo. Después, el otro camino navega por un ambiente más sensitivo y menos crudo. El problema es que no hay una unión estética que eleve la identidad del film, por lo que transmite cierto aire de irregularidad. Tiene secuencias muy cuidadas y con una belleza destacable, pero no es lo habitual. Al no haberse decantado por un estilo u otro, acaba por no definirse.

La fotografía, por lo menos, hay escenas realmente sorprendentes y que quedan en la retina del espectador, pero no ocurre lo mismo con la dirección artística. Al haber querido fabricar una puesta en escena más callejera, no ha sabido elegir elementos plásticos que tengan un significante expresivo en la historia. Deja una sensación de desorden que no se atribuye a sus personajes, sino al propio planteamiento técnico. Por lo tanto, se percibe una falta de meticulosidad y más un trabajo de improvisación. Hay fallos de raccord en varias partes, que se hacen evidentes. Aun así, hay que aplaudir el tratamiento de la desnudez y el sexo en el film, realizado con gracia y una connotación personal y alejada del morbo. Por último, se percibe, en ocasiones, ese carácter independiente en este largometraje y tal vez, hubiera sacado más por esa línea más íntima.

Un rubio
Foto de Universidad del Cine

Conclusión

Un rubio es una película interesante que permite al espectador ver una historia sobre la fragilidad de sistemas ya desfasados. Una ruptura con la imagen impuesta de masculinidad, sin dejar apartada la profundización de los estigmas que todavía hay en sociedad. Sin embargo, es un guion irregular que no termina de conectar bien las distintas líneas narrativas. Alfonso Barón está impresionante, junto con un Gastón Re que realiza un trabajo de contención destacable. A nivel técnico se percibe cierta falta de meticulosidad y no sobresale por su calidad expresiva. Hay sensación de improvisación técnica y una repetición de espacios y secuencias que no dejan una fluidez orgánica. La cinta es un baile romántico sensual con potencial, que se pierde en sí misma y no luce tanto como podría.

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