Apuntes para una ficción consentida es el debut de Ana Serret Ituarte en el largometraje de ficción, una obra situada en la frontera entre la autobiografía, el documental y la ficción. La película sigue a Lea Grand, una actriz suiza que vive en Madrid y que intenta encontrar su lugar tanto en la ciudad como en su propia profesión. A través de encuentros aparentemente dispersos, viajes entre Madrid y Basilea y una estructura construida a partir de fragmentos o "apuntes", Apuntes para una ficción consentida reflexiona sobre el desarraigo, la identidad y la dificultad de sentirse en casa cuando se vive entre dos culturas. Tuvo su estreno mundial en la sección Alquimias de la Seminci pasada. Estreno el 17 de julio de 2026 en salas de cine españolas.



Apuntes para una ficción consentida

Crítica de 'Apuntes para una ficción consentida'

Ficha Técnica

Título: Apuntes para una ficción consentida
Título original: Apuntes para una ficción consentida

Reparto:
Isabelle Stoffel
Àlex Brendemühl
Violeta Rodríguez
Manfred Liechti
Mona Petri
Javier Porro (Pianista)
Francesca Piñón
Sigfrid Monleón
Vera Bommer
Fabian Krüger

Año: 2025
Duración: 79 min.
País: España
Director: Ana Serret Ituarte
Guion: Ana Serret Ituarte
Fotografía: Almudena Sánchez
Música: Javier Porro
Género: Drama
Distribuidor: Begin Again Films

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Tráiler de 'Apuntes para una ficción consentida'

Sinopsis

Lea Grand es una actriz suiza perdida en Madrid, que busca su forma de ser actriz en un país en el que no nació. Contará con la ayuda de personajes dispares que se cruzan en su camino, una joven actriz, su ex pareja, un pianista que no habla, la vecina o un enfermero especialista en murciélagos. Pero está buscando en el lugar equivocado.



Una actriz perdida

Apuntes para una ficción consentida pertenece a ese tipo de cine que parece sencillo en la superficie, pero que en realidad está constantemente preguntándose qué significa vivir, interpretar y construir una identidad. No es una película especialmente preocupada por la trama en un sentido tradicional, lo que le interesa es el recorrido emocional, las dudas y las pequeñas revelaciones que aparecen cuando una persona siente que ya no sabe muy bien cuál es su lugar en el mundo.

Es una propuesta delicada, incluso caprichosa por momentos, que seguramente dividirá al público. Habrá espectadores que conectarán inmediatamente con su tono errante y otros que sentirán que la historia se dispersa demasiado, personalmente creo que esa dispersión forma parte de su encanto.

Isabelle Stoffel

El placer de perderse

Ana Serret Ituarte dirige la película con una libertad poco habitual. No parece interesada en cumplir expectativas narrativas convencionales, prefiere construir una especie de diario emocional donde cada encuentro, cada conversación y cada silencio aportan una nueva capa a la protagonista. Hay algo profundamente metacinematográfico en toda la propuesta, no solo porque hable de una actriz, sino porque reflexiona constantemente sobre la representación.

Quizá Apuntes para una ficción consentida se vuelve algo reiterativa en algunos tramos, especialmente cuando insiste en ciertos temas identitarios que ya han quedado claros, pero incluso entonces mantiene una ligereza que evita que el conjunto se vuelva pretencioso.

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Alimentarse de la incertidumbre

Gran parte del éxito de Apuntes para una ficción consentida depende de Isabelle Stoffel (Karen, La virgen de agosto) y funciona precisamente porque nunca intenta convertir a su personaje en una figura completamente definida. Su actuación transmite incertidumbre, vulnerabilidad y una sensación constante de estar buscando algo que no sabe nombrar. Es un trabajo muy contenido, basado más en miradas y pequeños gestos que en grandes explosiones emocionales.

Los personajes secundarios aportan textura y humanidad al relato. Algunos rozan lo excéntrico, pero nunca se convierten en caricaturas, más bien parecen reflejos fragmentados de distintas posibilidades vitales que la protagonista observa sin saber cuál escoger.

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Los espacios vacíos también cuentan historias

La fotografía captura un Madrid alejado de los tópicos turísticos. Es una ciudad íntima, habitada y ligeramente melancólica. Los encuadres dejan espacio para que los personajes respiren y para que el espectador se pierda junto a ellos.

La música aparece con moderación, dejando que los silencios tengan un peso especial, y el ritmo pausado, aunque puede exigir paciencia, resulta coherente con la naturaleza contemplativa de la propuesta. Hay una sensación constante de estar observando notas dispersas de un cuaderno personal, fragmentos de una experiencia que solo adquieren sentido cuando se contemplan en conjunto.

Conclusión de 'Apuntes para una ficción consentida'

Apuntes para una ficción consentida no es una película que aspire a ofrecer respuestas. Su interés está en las preguntas, en las dudas y en los caminos que no llevan exactamente a donde esperábamos. Es cine pequeño, observacional y profundamente personal. A veces se pierde, a veces se dispersa y en ocasiones parece caminar sin rumbo fijo, pero también posee una honestidad poco frecuente y una mirada muy sensible hacia el desconcierto de quien intenta encontrarse a sí mismo.

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