El diablo a todas horas (The Devil All the Time) es un thriller dramático estadounidense dirigido por Antonio Campos (The Sinner, Christine). El director escribe el guion junto a su hermano Paulo Campos, inspirándose en la novela de Donald Roy Pollock, que a su vez pone su voz al narrador de la película. Varias historias cruzadas en distintas épocas temporales confluyen en un fresco violento y salvaje sobre la América Profunda.

Está protagonizada por Robert Pattinson (Tenet, Z. La ciudad perdida), Tom Holland (Spiderman, Mi vida ahora), Mia Wasikowska (Judy y Punch, La cumbre escarlata), Jason Clarke (Cementerio de animales, Lawless), Haley Bennett (Swallow, Rescate en el Mar Rojo), Bill Skarsgård, Sebastian Stan, Riley Keough, Mia Goth y Eliza Scanlen. La película se ha estrenado directamente en Netflix, sin pasar por cines, el día 16 de septiembre de 2020.



El diablo a todas horas

Crítica de El diablo a todas horas

Ficha Técnica

Título: El diablo a todas horas
Título original: The Devil All the Time

Reparto:
Robert Pattinson (Preston Teagardin)
Tom Holland (Arvin Russell)
Bill Skarsgård (Willard Russell)
Mia Wasikowska (Helen Hatton)
Jason Clarke (Carl Henderson)
Sebastian Stan (Lee Bodecker)
Riley Keough (Sandy Henderson)
Haley Bennett (Charlotte Russell)
Eliza Scanlen (Lenora Laferty)
Douglas Hodge (Tater Brown)

Año: 2020
Duración: 138 min.
País: Estados Unidos
Director: Antonio Campos
Guion: Antonio Campos, Paulo Campos (Novela: Donald Roy Pollock)
Fotografía: Lol Crawley
Música: Danny Bensi, Saunder Jurriaans
Género: Drama
Distribuidor: Netflix

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Sinopsis

Ambientada en las zonas rurales del sur de Ohio y Virginia Occidental, sigue a un elenco de personajes cautivadores y extraños desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta la década de 1960.

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Una América Profunda desoladora

La primera novela de Donald Roy Pollock, El diablo a todas horas (The Devil All the Time), se publicó en 2011 y mezcla el gótico sureño con la novela negra criminal. Su estilo rezuma bocanadas de la prosa de William Faulkner o Cormac McCarthy, asumiendo también la perspectiva católica de Flannery O’Connor, en la descripción del trasfondo social de una América profunda desoladora y miserable.

Adaptar una novela de este tipo al cine nunca es fácil. Más allá de la historia, es necesario captar toda una serie de ambientes y sensaciones que distinguen una época y unos lugares. La película de Antonio Campos logra de forma acertada captar toda la sordidez inherente al relato original, aunque se pierde un poco en la exposición desordenada de los hechos.

Sus 138 minutos se me quedan cortos. Me explico. Aparecen muchos personajes cuyas vidas quedan relacionadas mediante subtramas que suceden en diferentes momentos temporales. Eso hace que, sin llegar a ser un puzzle que resulte incomprensible, sí se tiene la sensación de una narrativa precipitada o deslavazada. Son demasiados hechos cocinados a fuego rápido que hubieran necesitado de una mayor exploración psicológica, por ejemplo. Tal vez, un formato de miniserie hubiera sido ideal para abarcar todo el material del libro en su justa medida.

El diablo a todas horas
Copyright Glen Wilson/Netflix

El lado oscuro y el luminoso se confunden

El diablo a todas horas (The Devil All the Time) tiene un reparto que quita el hipo. Es alucinante la concentración de rostros conocidos, con mayor o menos caché, que van desfilando por la pantalla. Todos brillan en sus pequeños fragmentos de esta historia sórdida y negrísima, no apta para espectadores que busquen algo ligero que llevarse a la boca.

Otro aspecto destacable es la puesta en escena. Campos elabora con minuciosidad, una ambientación rural tan truculenta que se huele y se sufre, igual que hacen los personajes. La violencia de la naturaleza humana se confronta con una fe ciega católica exacerbada. El lado oscuro y el luminoso se confunden muchas veces en este relato tan escabroso como fascinante. Quedan pocas ganas de visitar Knockemstiff, el lugar de Ohio donde se concentra la mayor parte de la acción y del que es originario el autor de la novela.

El propio Donald Roy Pollock presta su voz a un narrador que se convierte casi en un personaje más. Esa voz se eleva por encima de la acción y maneja la información que concede al espectador. En ocasiones, será una voz en off puramente narrativa que completa lo que sucede en pantalla, pero en otras, directamente adelanta lo que va a suceder con posterioridad. Es una decisión polémica, ya que eso resta intensidad dramática a algunas de las secuencias.

The Devil All the Time
Copyright Glen Wilson/Netflix

El demonio de la fe

En El diablo a todas horas (The Devil All the Time), la maldad asume muchos rostros. No siempre son los esperados. La sangre vertida en esa tierra árida y abandonada a su suerte, se alimenta a base de fe en lugar de pan. Es cierto que la película no alcanza nunca un nivel de suspense asfixiante y que, por el tipo de historia que desarrolla, se queda corta en su capacidad para generar desasosiego e incomodidad en el espectador. Lo que no quiere decir que la película esté plagada de buenas secuencias, algunas bastante desagradables.

Los pequeños desequilibrios de ritmo se suplen con la magnífica fotografía de Lol Crawley (The OA, Utopía) que sabe transmitir esa atmósfera gótica sureña tan irracional y sudorosa. Pasaremos del psycho killer al cine negro o del drama intimista al discurso crítico contra el fanatismo religioso. Hay muchos elementos que hacen interesante esta propuesta tan perversa e impactante. Tal vez demasiados, como comentábamos antes.

Es el apartado religioso el que discurre por los terrenos más pantanosos. Fanáticos que realizan sacrificios para salvar vidas, se combinan con predicadores abusadores o feligreses ingenuos cuya ignorancia les aboca a la perdición. El demonio de la fe y la búsqueda de la redención serán los temas capitales planteados en esta obra oscura, ambiciosa y brutal.

The Devil All the Time
Copyright Glen Wilson/Netflix

Conclusión de ‘El diablo a todas horas (The Devil All the Time)’

El diablo a todas horas (The Devil All the Time) es un thriller malsano dirigido por Antonio Campos, que se basa en la novela de Donald Roy Pollock. Nos propone un descenso a los infiernos de la América Profunda, en una época desoladora enmarcada entre dos guerras. Un viaje por carreteras polvorientas atestadas de psicópatas y malnacidos, que asume un atroz itinerario por el mapa del gótico sureño más depravado.

Es una película larga que, sin embargo, se queda corta al no poder abarcar en profundidad todos los personajes y subtramas que se suceden en la pantalla. El encadenamiento constante de situaciones escabrosas, puede hacer sentir que la narrativa se aboca, por momentos, hacia la precipitación y la exageración.

Sin embargo, El diablo a todas horas (The Devil All the Time) es una adaptación satisfactoria de una novela que critica con ferocidad la fe desmesurada en ídolos de barro. Muestra la dualidad del ser humano, con sus luces y sus sombras, las cuales muchas veces se confunden bajo las falsas apariencias. Es una película intensa y no siempre fácil, que hará las delicias de los buscadores de tesoros en el noir contemporáneo más radical y violento. Sus imágenes te dejarán poso.

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