Visiones ancestrales del futuro (Ancestral Visions of the Future), documental presentado en el 23 FCAT, dentro de la Sección Hipermetropía de Largometrajes a Concurso, tras su estreno en España en la Seminci 2025, donde fue nominado al Gran Premio Alquimias. Visiones ancestrales del futuro, de Lemohang Mosese (This Is Not a Burial, It's a Resurrection), es un viaje personal de vuelta a su infancia, que se adentra en las entrañas de su país, Lesoto, abordando experiencias complejas a través de una propuesta de gran riesgo estético. Una oda al cine y a su madre.



Visiones ancestrales del futuro

Crítica de 'Visiones ancestrales del futuro'

Ficha Técnica

Título: Ancestral Visions of the Future
Título original: Ancestral Visions of the Future

Reparto:
Siphiwe Nzima
Sobo Bernard
Mochesane Kotsoane
Rehauhetsoe Kotsoane

Año: 2025
Duración: 88 min.
País: Lesotho
Director: Lemohang Jeremiah Mosese
Guion: Lemohang Jeremiah Mosese
Fotografía: Lemohang Jeremiah Mosese, Phillipp Leteka
Música:
Género: Documental
Distribuidor:

Filmaffinity

IMDB

Tráiler de 'Visiones ancestrales del futuro'

Sinopsis

En Visiones ancestrales del futuro, el cineasta Lemohang Jeremiah Mosese difumina las fronteras entre la realidad y la reconstrucción. A través de relatos fragmentados y una imaginería mítica, Mosese explora las cuestiones del exilio y la pertenencia, regresando a su ciudad sin nombre —no para encontrar respuestas, sino para recordarse a sí mismo—. Sin embargo, la película es más que la historia del exilio de un hombre; es una elegía por una ciudad y un pueblo atrapados entre el peso de la memoria y la inevitabilidad de la pérdida, una oda poética al cine.



Película experimental y visionaria

Con su estilo tan personal, Lemohang Jeremiah Mosese en Visiones ancestrales del futuro elucubra de modo poético y reflexivo paralelamente a su discurso semiautobiográfico, con una voz en off de tono grave y algo apocalíptico. Una banda sonora sintética y electrónica a la que se añaden sonidos ambientales, configuran un viaje esotérico que deja una sensación de desazón y falta de energía. En su narración introduce al personaje Sobo, maestro de artes marciales, que vende en un puesto hierbas para fomentar la longevidad, a la vez que augura una catástrofe ecológica, como profeta visionario agorero que extiende un aire desesperanzador al relato general de la película.

En este sentido fatalista, la banda sonora recoge de manera reiterada aullidos de desvalimiento y soledad, ante la muerte que no sería ya anunciada por un pájaro agorero sino por un vehículo de cuatro ruedas que se ambienta en los años noventa, con la sombra de las muertes del sida y la violencia de las navajas okapi. El relato y la trama se desarrollan a través de cuadros temáticos fragmentados, a modo de secuencias unidas por un ligero hilo argumental y en otras ocasiones por un choque visual. Todas esas partes narrativas acompañan la historia del exilio de un hombre, de salida y posterior regreso a la ciudad desde su anterior huida al campo.

Visiones ancestrales del futuro

Preguntas más que respuestas 

La sucesión de cambios de secuencias, a través de imágenes impactantes, requiere en el espectador una actitud abierta y sin prejuicios para asimilar todo o al menos la mayor parte de lo que va visualizando. Cada persona probablemente va a hacer una lectura diferente de la trama experimental, en algunos momentos sintiéndose abrumada por la abundancia de imágenes y cambios de ritmo.

El conjunto de sensaciones percibidas es una mezcla entre sueños más allá de la realidad, mezclados con pesadillas recurrentes. Visiones ancestrales del futuro es una película tan diferente a la vez que difícil para los espectadores, aunque cautivadora si nos dejamos llevar a las emociones y sentimientos por encima de los pensamientos y razonamientos. Sin embargo, esta apuesta estética también puede generar cierta distancia. La densidad simbólica y la estructura fragmentada hacen que el espectador tenga que reconstruir constantemente el sentido de lo que ve. No hay una guía narrativa clara ni un hilo argumental tradicional, lo que puede resultar desafiante o incluso frustrante para quienes esperan una aproximación más directa al tema del exilio.

Entre líneas, hay una forma poética de presentación de las secuencias al mismo tiempo que un contenido conceptual, a veces nihilista e incluso caótico deliberadamente. En cualquier caso, la película no trata de dar respuestas, a las cuestiones diversas que se plantean en la acción, sino más bien generar preguntas en el espectador, todo ello envuelto en un frenesí de visiones esotéricas.

Visiones ancestrales del futuro 

Entre el regreso imposible y la memoria herida

Visiones ancestrales del futuro se construye sobre una tensión constante entre el regreso y la imposibilidad de volver. Lesotho aparece como un territorio físico, pero también como una construcción mental: un lugar idealizado, herido y reinventado por la distancia. Berlín, por contraste, se muestra como el espacio del exilio, de la pérdida de referencias y de la disolución de la identidad. Entre ambos mundos, el director habita un estado intermedio, ni completamente dentro ni fuera, que define el tono general de la obra.

Uno de los mayores aciertos de Visiones ancestrales del futuro es su tratamiento del lenguaje visual. Lemohang Jeremiah Mosese combina paisajes naturales, escenas escenificadas y momentos de observación casi documental con una fuerte carga simbólica. Las imágenes no buscan explicar, sino sugerir. Esta decisión convierte la película en una especie de poema visual, donde cada plano parece contener una reflexión sobre la historia colonial, la herencia cultural y la fragilidad de la memoria.

Otro elemento destacable es la dimensión política del film, aunque esta no se expresa de manera explícita. En lugar de discursos o análisis, Mosese trabaja desde la sensación: la pérdida de la lengua materna, la desconexión con la tierra de origen, la dificultad de habitar un mundo construido desde lógicas coloniales. La película sugiere que el exilio no es solo una condición geográfica, sino también una forma de percepción del mundo.

Conclusión de 'Visiones ancestrales del futuro'

Visiones ancestrales del futuro es una película muy experimental, atractiva y difícil a la vez para el espectador, que puede sentirse inquieto por su contenido y narración un tanto desesperanzadora. La intención de su director Lemohang Jeremiah Mosese parece que no haya querido dar respuestas en su argumento, sino probablemente provocar preguntas durante y después de su visión. Hay planos y secuencias atractivas junto a otras imágenes desapacibles, quedando en la percepción sensaciones contradictorias a su vez muy subjetivas según las distintas personalidades de los espectadores. El resultado final es una experiencia más cercana al recuerdo que a la narración, donde el futuro y el pasado no se oponen, sino que conviven en un mismo flujo de imágenes y sensaciones.

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CINEMAGAVIA
7.5 / 10
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Fernando Gálligo Estévez
El cine, muy especialmente en pantalla grande y en versión original, siempre ha estado conmigo en las distintas ciudades donde he vivido. Estar a un lado y al otro de la pantalla me ha hecho amar el cine. Por eso me gusta ser espectador, actor secundario, figurante, reportero y cronista de cine. Desde los 27 años de edad colaborador de prensa cultural y general aportando, a los distintos temas, siempre mi visión cosmopolita y heterodoxa. He publicado hasta ahora siete libros en cuatro editoriales diferentes, siendo mi séptimo libro "Relatos de Cine", editorial Jákara, Málaga, como homenaje al Séptimo Arte. Web profesional https://tresviernes.com
visiones-ancestrales-del-futuro-documental-criticaAncestral Visions of the Future es una película muy experimental, atractiva y difícil a la vez para el espectador, que puede sentirse inquieto por su contenido y narración un tanto desesperanzadora. La intención de su director Lemohang Mosese parece que no haya querido dar respuestas en su argumento, sino probablemente provocar preguntas durante y después de su visión. Hay planos y secuencias atractivas junto a otras imágenes desapacibles, quedando en la percepción sensaciones contradictorias a su vez muy subjetivas según las distintas personalidades de los espectadores. El resultado final es una experiencia más cercana al recuerdo que a la narración, donde el futuro y el pasado no se oponen, sino que conviven en un mismo flujo de imágenes y sensaciones.

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