Poda y poda Aïnouz. Aparta las espinas, deshoja las ramas, recorta el tallo y, cuando por fin llega a donde debería estar la flor, no hay nada. Hay películas que se pudren de dentro afuera. Rosebush Pruning hace justo lo contrario. Por fuera es espléndida, pero por dentro no es más que petróleo refinado. Es una rosa de plástico. Karim Aïnouz adapta Las manos en los bolsillos, el puñetazo de rabia, enfermedad y violencia que un Marco Bellocchio de veintipocos años lanzó en 1965, y lo hace con un guion firmado por Efthimis Filippou -el cerebro detrás de Canino, Langosta o El sacrificio de un ciervo sagrado, junto a Yorgos Lanthimos-, un reparto de campanillas (Callum Turner, Elle Fanning, Riley Keough, Jamie Bell e incluso Pamela Anderson) y una directora de fotografía, Hélène Louvart, capaz de convertir casi cualquier plano en un cuadro.



Rosebush Pruning

Crítica de 'Rosebush Pruning'

Ficha Técnica

Título: Rosebush Pruning
Título original: Rosebush Pruning

Reparto:
Callum Turner (Ed)
Riley Keough (Anna)
Jamie Bell (Jack)
Lukas Gage (Robert)
Elena Anaya (Emma)
Elle Fanning (Martha)
Tracy Letts (El Padre)
Pamela Anderson (La madre)
Lolo Herrero (Amigo en duelo)
Vivi Lepori (Agente inmobiliario)
Teo Jansen (Hombre autoestopista)
Sheila Quevedo (Mujer autoestopista)
Cenan Luca Omurca (Mensajería DHL)

Año: 2026
Duración: 94 min.
País: Alemania
Director: Karim Aïnouz
Guion: Efthymis Filippou. Remake: Marco Bellocchio
Fotografía: Hélène Louvart
Música: Mathew Herbert
Género: Drama. Thriller
Distribuidor: Mubi

Filmaffinity

IMDB

Tráiler de 'Rosebush Pruning'

Sinopsis

En una opulenta villa española, los hermanos estadounidenses Jack, Ed, Anna y Robert se regodean en el aislamiento y en su fortuna heredada. Cuando Jack, el hermano mayor y pieza clave de la familia, anuncia que se muda con su novia Martha, los lazos se agrietan y Ed se ve obligado a descubrir la verdad sobre la muerte de su madre. Las mentiras comienzan a desvelarse y el tejido familiar empieza a desintegrarse.

Dónde se puede ver la película en streaming



Rojo y azul: la única propuesta

Empecemos por lo que se salva, que es de justicia y, por desgracia, es poco. Hélène Louvart -la cámara detrás de Corpo celeste, de La hija oscura o del propio Karim Aïnouz en La vida invisible de Eurídice Gusmão- firma planos que, congelados, podrían colgarse en una pared. La luz de la villa catalana (catalana porque lo dice el director) es densa, dorada, casi táctil. Y, por encima de todo, hay un sistema de color obsesivo y preciso: en cada plano conviven, de una manera u otra, el rojo y el azul.

El rojo lo mancha todo -el traje del padre, las flores, las rosas del título, la sangre, la regla- como una amenaza que gotea. El azul, en cambio, iguala a los hermanos, los uniforma (el vestuario de Bina Daigeler no decora, significa) y los encierra en una pequeña tribu aislada y cerrada sobre sí misma que recuerda a los sentineleses. Hay ahí una inteligencia visual auténtica. El problema es que, una vez descifras el código, queda poco más que hacer.

Jamie Bell

Provocación de escaparate

Porque debajo de esa superficie impecable no hay una historia, sino un simple catálogo de transgresiones. Rosebush Pruning quiere ser feroz, incómoda y salvaje, pero se queda, una y otra vez, en la mueca, en un ademán, ni siquiera en el casi. El padre ciego y tiránico; la madre ausente a la que, literalmente, echan a los lobos; el incesto que impregna cada escena; la violencia utilizada como signo de puntuación. Todo está pensado para repugnar, y repugna. Nada conmueve ni inquieta de verdad. Karim Aïnouz confunde la incomodidad con la profundidad, como si enseñar cosas desagradables fuera sinónimo de estar diciendo algo. No basta. Una familia podrida puede ser un magnífico punto de partida, pero aquí acaba siendo poco más que un decorado.

Los personajes son marionetas que un guion caprichoso mueve de una atrocidad a la siguiente sin molestarse en explicar por qué hacen lo que hacen. No hay contradicción, conflicto interior ni verdadera evolución. Sólo una sucesión de comportamientos destinados a escandalizar. Ocurre así lo peor que puede ocurrirle a una película que pretende incomodar: dejar de incomodar. Se sufre con ellos, sí, pero de hastío.

Rosebush Pruning película

Lanthimos sin Lanthimos, Bellocchio sin rabia

Lo más desconcertante es de dónde viene todo esto. De Efthymis Filippou uno espera esa crueldad geométrica, ese absurdo que corta como un bisturí. Y lo que encuentra es una fotocopia descolorida de sí mismo: los tics de Yorgos Lanthimos -la dicción plana, la crueldad convertida en decorado, la familia como jaula-, pero sin la lógica interna que los hacía funcionar. Es Lanthimos sin Lanthimos.

También es Saltburn sin el descaro de Saltburn. El mismo intruso colándose en una mansión de ricos, la misma fascinación por el privilegio y la decadencia, la misma voluntad de provocar al espectador. Pero aquí falta incluso la desvergüenza necesaria para que el exceso tenga gracia. Lo que queda es una imitación de una imitación.

Y al fondo está la sombra enorme de Marco Bellocchio, que solo sirve para medir la inmensa distancia que las separa. I pugni in tasca tenía rabia, suciedad, nervio; debajo de sus excesos había algo verdaderamente enfermo, algo que parecía a punto de desbordarse de la pantalla. En Rosebush Pruning, en cambio, todo está demasiado limpio, demasiado calculado. El vacío se cuela en todos los detalles. Hasta el nombre del perro resulta predecible (Rex).

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Conclusión de 'Rosebush Pruning'

Rosebush Pruning es un objeto bellísimo y hueco. Es una película prepotente que se cree más lista de lo que es y que malgasta un reparto enorme y a una fotógrafa inmensa en un guion que parece empeñado en demostrar, durante dos horas, que tiene algo que decir sin llegar nunca a decirlo.

Resulta hasta irónico dedicarle tantas palabras -palabra escrita- a un protagonista analfabeto que desprecia precisamente eso, la palabra. La diferencia es que a él la película se lo perdona. A ella, no se lo perdona nadie. Al final, uno sale con una sola certeza y con el título por fin entendido. No era una metáfora. Era una advertencia con muchas espinas.

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CINEMAGAVIA
3 / 10
30 %
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Álvaro Aramendi Baro
Soy abogado y poeta, y ahora también escribo sobre cine. Llevo años viendo películas y todavía no he encontrado una buena razón para dejar de hacerlo.
rosebush-pruning-pelicula-critica-estrenoRosebush Pruning es un objeto bellísimo y hueco. Es una película prepotente que se cree más lista de lo que es y que malgasta un reparto enorme y a una fotógrafa inmensa en un guion que parece empeñado en demostrar, durante dos horas, que tiene algo que decir sin llegar nunca a decirlo. Resulta hasta irónico dedicarle tantas palabras -palabra escrita- a un protagonista analfabeto que desprecia precisamente eso, la palabra. La diferencia es que a él la película se lo perdona. A ella, no se lo perdona nadie. Al final, uno sale con una sola certeza y con el título por fin entendido. No era una metáfora. Era una advertencia con muchas espinas.

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